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El rol del abogado en el próximo milenio

Lunes 9 de noviembre

El papel del abogado en el futuro

buzon.gif (10936 bytes)Por Patricia Inés Bastidas


 

"Cuando pronuncio la palabra futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado"
Las tres palabras más extrañas,
Wistawa Szymborska

Hacer Conjeturas sobre el papel que desempeñará el abogado en el próximo milenio tienta a imaginar un ensayo de ciencia-ficción o a efectuar predicciones, hacer algo así como una especie de futurología de la abogacía. De esas que con suerte, como le pasó a Julio Verne, se cumplen.

Frente a estas tentaciones, me tranquiliza el hecho de que no se puede pensar el futuro sino a partir del presente y, por lo demás, para el próximo milenio sólo faltan algo menos de dos años.

¿Pero cómo especular sobre el futuro sin referirse al pasado? A los que podrían ser considerados como los primeros abogados, que datan del siglo V a.c. en Atenas, me refiero a quienes desempeñaban la profesión de logógrafo. Los logógrafos eran escritores de discursos forenses. Aquel ciudadano que tenía que comparecer ante los tribunales para presentar una demanda o para defenderse de algún cargo se veía necesitado de emplear cierto tipo de lenguaje que le era desconocido o de hacer uso de una elocuencia de la que carecía. El logógrafo en principio, ajeno al proceso suplía estas falencias. Lisis o Demóstenes desempeñaron esta profesión.

La pregunta que hoy nos convoca sería ¿Qué desafíos enfrentarán Uds. Cuando sean abogados? Y esa una pregunta que podemos comenzar a responder a partir de los desafíos que existen hoy:

Hay un mayor empleo de la oralidad, por ejemplo en la justicia penal, esto hace necesario el conocimiento de técnicas específicas a fin de hablar con propiedad y argumentar debidamente lo que se sostiene. Una vez más, desde el siglo V a. C. En en Atenas nos vemos necesitados de recurrir a la retórica y a la oratoria.

En busca de una mayor practicidad, eficacia y rapidez se proponen soluciones alternativas para la solución de conflictos (mediación.).

Los nuevos avances científicos reclaman un marco regulatorio: Se plantean distintos problemas por ejemplo ¿Cómo debe ser considerada la propiedad intelectual (los derechos de autor) frente a este nuevo foro de opinión que es Internet . ¿Cómo salvaguardar la privacidad de la correspondencia en ese medio? ¿Cuáles son los fraudes que se pueden cometer a través de él? (por ejemplo en las compras en las que se emplean de tarjetas de crédito) ¿Qué mecanismos se pueden implementar a fin de dar mayor seguridad?

A la bioética se le presenta el desafío de ¿Cómo encarar el tema de la fecundación asistida?

La Globalización: obliga a compatibilizar distintos sistemas jurídicos que deben adaptarse en función a pautas comunes.

El problema de la inseguridad que se vive, por ejemplo en algunas zonas del gran Buenos Aires o de la capital, reinserta en la sociedad la eterna cuestión de la justicia por mano propia.

Treinta años atrás los desafíos eran otros, de ello da cuenta la reforma a nuestro Código Civil (1968) que entre otras medidas, otorgó plena capacidad jurídica a la mujer casada. O el Código de Derecho Aeronáutico y los tratados internacionales que se ocupan de los daños a terceros en la superficie en caso de accidente. El transporte aéreo. El régimen de los satélites.

Los avances científicos, la agilidad con se presentan los cambios hacen que el futuro profesional tenga que tener un amplio conocimiento general, nunca como hoy es tan necesaria una mayor capacitación y perfeccionamiento a fin de agudizar la inteligencia en la comprensión de los problemas que se presenten y en la búsqueda de posibles soluciones.

A todo estos supuestos el derecho debe dar un marco jurídico referencial. El jurista, (sea juez, abogado o doctrinario) del próximo milenio tendrá probablemente nuevos desafíos pero también se enfrentará a los mismos problemas que existen hoy y existieron antes: hacer justas las desigualdades que son un dato de la naturaleza, a fin de lograr la paz social. El respeto por la dignidad humana.

Seguramente el próximo milenio plantee mayores desafíos, por eso la Universidad, la Facultad de Derecho, en nuestro caso, debe proporcionar un muy buen nivel en la preparación académica de los profesionales. Sin embargo, toda la ciencia no será suficiente si se pierde de vista lo esencial:

el amor a la justicia

El respeto por las personas que de algún modo se someten a su juicio experto

Honestidad intelectual y honestidad en el ejercicio de su profesión

La plena convicción de que los cambios son siempre posibles, por más humilde que sea nuestro lugar en la sociedad. No renunciar al ideal de buscar una sociedad más justa, más armoniosa, donde reine la concordia. (que es la virtud social que alude al buen entendimiento en el orden)

Por eso quiero concluir estas reflexiones con un deseo y una invocación. Les deseo que nunca pierden las ganas de estudiar y de ser mejores y en virtud de ello los insto a invocar como hacía Bachelar frente a los libros que estaban en su mesa de trabajo, "el hambre nuestra de cada día dánosla hoy".

Puesto que este es el único apetito que la humanidad no debería saciar jamás.

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