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Las Ruinas Doctora María Celia Velazco Blanco Angkor Angkor, vieja ciudad, la jungla te reclama y devora tus piedras signo del Universo, una oleada de verde sumerge tus estatuas en el fondo del tiempo. Sonríen desde la roca tus graciosas "apsaras" que llenan la muralla de ángeles femeninos. Gigantescas raíces ahogan en su abrazo los arcaicos recintos. Tus demonios feroces apalean a los hombres que marchan en silencio, por infiernos sombríos, rumbo a una nueva vida de ratas o de lobos que será su castigo. Estatuas sin cabeza dormitan en la selva, un millar de templetes guardan los viejos Budas, y los bajorrelieves nos hablan en su lengua perdidos en la jungla. Angkor, en el misterio de la roca y las aguas, Micenas Los muros ¡qué agobiantes! y que glacial el viento de la tarde. En la piedra se encrespan los leones, los leones rampantes. En torno de estas tumbas de Micenas rondan sombras terribles, vagan almas en pena... Lejos, muy lejos, suena el ardiente reproche de la reina, la brutal risotada de Egisto, los clamores de Casandra: "¡Cuidado, rey, cuidado con la vaca y el toro, con el toro y la vaca! ¡Mira el agua, señor, mira el agua, el agua con tu sangre coloreada!" E1 grito va muriendo poco a poco, corre un aire de siglos en la tarde. E1 ocaso de plomo sobre Micenas otra vez se abate. Stonehenge Nobles, callados, majestuosos se alzan los pilares de Stonehenge bajo el cielo, puertas abiertas hacia las estrellas, reloj lunar clavado en nuestro suelo. Los pacientes gigantes sin historia miden el tiempo en siglos y milenios; junto a ellos pasan civilizaciones, reinos y estirpes fluyen en silencio... En su granito oscuro duerme oculta la humanidad Neolítica su sueño: ya en la aurora lejana del planeta miran ojos humanos hacia el cielo. Los solsticios de invierno y de verano, el milagro de luz: la Luna llena, eclipses, soles y constelaciones pasan sobre tus círculos de piedra. Noble, callado, majestuoso Stonehenge en tu tierra de bosques y silencio, en tu severa soledad de siglos, eres testigo mágico del tiempo. © María Celia Velazco Blanco, 2000. |
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