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Conferencia en Universidad del Salvador

Bs.As, 31 de octubre de 2009

                                                                                                Dra. Adriana Schnake Silva

 

El Enfoque Holístico de la Salud y Enfermedad

 

Tema: Gestalt

 

Decir Holístico es decir Gestáltico, y aunque para una gran mayoría de los que están aquí  hablar de lo que se entiende por Gestalt puede ser una redundancia, no podría dar una visión  medianamente aproximada de lo que es este Enfoque si no lo hago.

            Todos ustedes saben que a mí me gustan las historias, especialmente las historias  vividas y compartidas. La Historia de la Gestalt fue muchas veces leída y masticada por mí, y tengo la sensación de que jamás la conté entera.

Es interesante entender que la palabra Gestalt es de uso corriente en alemán, es un sustantivo que designa una forma que por sí sola es un todo. Brentano  la usa para denotar totalidades  intuitivas  vivenciadas  por los sujetos no como consecuencia, sino como fundamentos de sus actos de voluntad. Freud, que fue discípulo de Brentano, le llamó pulsiones.

“Husserl  vio en la noción de Gestalt el origen subjetivo  (es decir, vivido) de todas nuestras representaciones objetivas” (Müller Granzotto, Marcos y Rosana L., 2009,p.38)

Es así que la palabra Gestalt llegó a mí desde el ámbito de la Filosofía y a través de los creadores de la Fenomenología, el maravilloso método con el cual Heidegger había escrito Ser y Tiempo en 1927 y logrado mostrar la indisoluble unión del ser y su entorno.

            El uso de la palabra Gestalt con la connotación dada por los creadores de la Fenomenología  más el aporte de la Escuela de la Psicología de la Gestalt concitó el interés de todos los científicos  e investigadores de la época. Se suscitaron enormes controversias y finalmente se aceptó que al hablar de Gestalt no era posible separar lo psíquico de lo físico.

Goldstein, atendiendo soldados con lesiones Cerebrales a los que seguía en su evolución individual, se conectó con lo que llamó Organísmico, y que de algún modo alude a lo mismo.

“Cuando en 1933, durante la Primera Guerra Mundial, Goldstein atendía pacientes con lesiones cerebrales  y funciones físicas e intelectualmente comprometidas, lograba reordenar sus cuadros sensomotores y de expresión comunicativa, arreglo que no podía atribuirse  sino a una capacidad primitiva de autorregulación. A su vez tal capacidad no se relacionaba  solamente con las actividades de cada paciente. Incluía la calidad del medio al cual era sometido cada paciente” (Müller Granzotto, Marcos y Rosana L., 2009,p.36)

Estas circunstancias son las que llevan a Goldstein a hablar de autoestructuración organísmica y a incluir el entorno, el campo, saliendo definitivamente de la discusión de físico o psíquico y hablando de Gestalt y adhiriendo a la propuesta de investigación Holística defendida por Smuts.

            ”La noción de que todo está vinculado con todo permite comprender en qué sentido una orientación o función organísmica adquirida en el pasado, se expresa frente a un contenido material  presente” (Müller Granzotto, Marcos y Rosana L., 2009, p.40)

Es en este sentido que la Gestalt fue ampliamente aceptada por Goldstein y es así como llega a Perls cuando aún se considera psicoanalista.

Y es así como Perls dice “Solo después de haberme asombrado por la infinita variedad de procesos que constituyen el Universo, podemos entender la importancia del principio organizador, que crea orden del caos: principalmente la formación figura-fondo; esta hace aparecer a la realidad como tal. Hace emerger como figuras a objetos que corresponden a diversas necesidades” (Stevens, John:1978, p. 205 )

            Y Fritz Perls, con esta visión nueva surgida también de su experiencia en esta terrible guerra del 14’, pretende hacer un aporte al psicoanálisis. Sin embargo, como ocurre generalmente en los aportes clínicos, aunque estén avalados por una rica casuística, no tienen la validez de los “descubrimientos” experimentales. El aporte de Perls no fue aceptado por el psicoanálisis, porque empezaba por proponer otras teorías para hacer comprensible los hechos encontrados en el trabajo clínico.

            Es básico para la comprensión del Enfoque de la Salud y la Enfermedad aceptar lo que se ha llamado autoestructuración organísmica, y que en la actualidad ha sido probado o demostrado experimentalmente.

           

Relación entre Teoría y Metodo

No siempre es necesario aceptar la Teoría en la que se basa un método. El Psicoanálisis fue aceptado y practicado con éxito por personas que no suscribían la teoría de la libido, que Freud formuló para poder desarrollar un método coherente y susceptible de ser repetido y controlado.

            El método y la teoría del método, podían ser discutidos y rechazados. No así los resultados obtenidos, y éstos tienen más que ver con la verdadera base y creencia en que se afirma el creador del método.

            Ya en 1895 Freud escribió su “Proyecto para una psicología científica”, uno de los primeros modelos neurocientíficos exhaustivos que integraban cerebro y mente, y que todavía despierta admiración. Freud habla de “sinapsis” refiriéndose a la relación de las células nerviosas, adelantándose varios años a Sir. Charles Sherrigton a quien se atribuye este mérito. En su “Proyecto” Freud llega incluso a describir cómo las conexiones sinápticas - a las que llama ‘barreras de contacto’ pueden cambiar con lo que aprendemos, anticipando así las teorías de Kandel.

También propone ideas neuroplásticas, entre ellas la ley de que neuronas que emiten a un tiempo, tienden a asociarse, por lo general conocida como la Ley de Hebb, aunque Freud la formuló  60 años antes. Freud afirmaba que cuando  dos neuronas emiten simultáneamente se favorece su asociación. También subrayó  que lo que une a las neuronas es su emisión sincronizada y llamó a este fenómeno la ley de asociación por simultaneidad (Doige, Norman: 2008, p.226)

            Freud no pudo seguir  trabajando como investigador y neurólogo. Necesitaba tener más ingresos para mantener a su familia y se dedicó a la Clínica, a la Psicoterapia. Por el camino que el  siguió, hizo  descubrimientos y observaciones geniales que cambiaron ideas , actitudes y conceptos en el mundo entero.  Agregó una dimensión indispensable al estudio y conocimiento del hombre, en el ámbito médico: La psiquis y vida emocional, El Inconsciente.

            Es obvio que Freud creyó en la plasticidad cerebral y afortunadamente no se dedicó a probar experimentalmente sus teorías sobre el comportamiento de las neuronas o sus hallazgos en este plano y elaboró una teoría que le permitió, en la práctica, tratar de cambiar directamente el modo de pensar o las creencias erróneas de sus pacientes.

Se han demorado casi un siglo en demostrar que muchas de sus creencias y de sus incursiones por la neurociencia eran válidas. Si las teorías que usó para demostrar que podía cambiar el curso del pensamiento y el recuerdo individual son o no son válidas es lo menos importante. Las teorías cambian y nacen de las más profundas vivencias de quienes las formulan.

 Afortunadamente, los grandes y exhaustivos esfuerzos de investigadores en todo el mundo han ido mostrando sistemáticamente la coherencia y correlación entre los nuevos y extraordinarios aportes de la ciencia y la clínica.

Cuando Eric Kandel, que estudió medicina para ser psicoanalista, fue inducido por sus amigos a que se dedicara a la neurociencia para poder demostrar la validez del psicoanálisis, estaba seguramente consciente que lo único válido para la medicina era lo experimental, lo posible de ser repetido y demostrado experimentalmente. Y aunque para él no había nada más verdadero y genial que el descubrimiento de Freud, entendió que era preciso encontrar la conexión que explicara científicamente lo que se lograba con el psicoanálisis.

Y lo logró: en el año 2000 le dieron el Premio Nobel por demostrar que conforme aprendemos, nuestras neuronas individuales alteran su estructura y fortalecen sus conexiones sinápticas.

            Esto es notable, es posible que toda orientación o terapia, que da verdadera sabiduría a la persona, sea eficiente.

            Por mucho que se critique lo exagerado y definitivos de los juicios de la medicina, tenemos que admitir que siempre estuvo abierta a reconocer sus errores y ante una evidencia cambiar definitivamente sus parámetros.

            Mucho tiempo pasó sin saber, por ejemplo, cual era la diferencia entre la sangre arterial y la venosa. Suponían que una tenía más espíritus que otra y no sabían que la sangre circulaba, es decir pasaba varias veces por la misma parte. Cuando William Harvey en 1625 demostró -sin poderlo mostrar experimentalmente en humanos ya que las autopsias estaban prohibidas- la verdadera diferencia en el funcionamiento de arterias y venas y describió casi como si lo hubiera estado viendo la circulación mayor pese que aún no se conocía la verdadera función de los pulmones, toda la medicina cambió su mirada.

            Aunque la teoría anterior era absolutamente falsa, algunos procedimientos para impedir una hemorragia, por ejemplo, eran válidos

Todos los descubrimientos se han hecho porque alguien cuestiona la hipótesis en que se ha basado para explicarse lo que va encontrando. Cualquier detalle hace dudar y es preciso explorar. La exploración es siempre fenomenológica, no incluye una hipótesis previa, nos abrimos hacia lo que va apareciendo.

Imagino que cuando W. Harvey se iba a los mataderos y presenciaba como carneaban a los cerdos observaba todo, y claramente empezaba por darse cuenta de la cantidad de sangre que fluía a un ritmo regular. Ahora yo podría describir todo lo que él observó, y sus conclusiones me parecen obvias y geniales.

            Muchos fueron los clínicos que en una época y en un momento se abocaron a querer entender y explicar la relación entre lo psíquico y lo orgánico, con diferentes teorías.

            Freud, desde la Neurología pudo darse cuenta que no se podía separar el cerebro de lo que llamaban mente, del pensamiento. Que la estructura era coherente con la función y se influenciaban mutuamente. Eligió el camino más difícil para probar que esta relación existía, y logró convencer a una docta concurrencia de neurólogos de que algo como el Inconsciente existía y era dinámico, es decir capaz de hacernos actuar sin que reconociéramos de dónde provenía la orden. Las geniales demostraciones de ordenes posthipnóticas dada a una persona en una reunión, y la perplejidad de la persona que frente a todos había realizado aquello que se le dijo que hiciera cuando estaba hipnotizada, eran una demostración de que realmente existía aquello que Freud llamó Inconsciente que nos era desconocido y que él tenía una hipótesis de cómo funcionaba.

Groddeck, (Schnake, Adriana: 1995, pp.24-31), considerado el padre de la Medicina Psicosomática, médico general que era dueño de una Clínica en Baden Baden y que se definía a sí mismo como “terapeuta físico y especialmente masajista”, tenía otra teoría y desde un comienzo de su carrera se negó a aceptar que existía una separación entre dolencias físicas y psicológicas; e incluso no aceptaba separar las enfermedades en aquellas que tenían una causa orgánica de las que no la tenían. Su base era casi mística, al Ello que el se refiere como el Alma, estaría en la base de toda manifestación corporal

Fuera cual fuera su teoría, Groddeck tenía gran éxito en sus tratamientos y aunque inicialmente ni siquiera conocía el trabajo de Freud ni lo suscribía, este lo aceptó como psicoanalista.

Esto puede parecer sorprendente, ya que estamos habituados a pensar que es el conocimiento previo lo que guía nuestros pasos y nos olvidamos que, muchas veces se trata de hipótesis. Grandes descubrimientos y aciertos se hicieron cuando aún no se tenían informaciones básicas sobre el funcionamiento de nuestro cuerpo.

Si nos damos cuenta, por ejemplo, que el Sistema Inmunológico se descubrió recién en 1970 tenemos que admitir que durante años usamos muchas hipótesis y teorías no válidas que tal vez hicieron que se buscaran soluciones por un lado equivocado. 

La propuesta de Perls, además de no aceptar la teoría  implícita en el psicoanálisis,  proponía un método de exploración diferente y esto es lo que personalmente me conectó profundamente con la Gestalt: el estudio y conocimiento del ser humano se podía hacer de un modo vivencial fenomenológico, sin ninguna teoría previa.

            Y es esto lo que la Terapia Gestalt nos enseña magistralmente: aprender vivencialmente, inscribir en nuestro cuerpo y en nuestra memoria un conocimiento que ya no podemos negar. 

Para aprender tenemos que sacar de nuestra memoria muchos errores o informaciones equívocas que no dejan paso a verdaderas conexiones que tal vez están ahí desde siempre y que necesitamos recuperar para no manipularnos, ni permitir que nos manipulen equivocadamente.

La convicción de Freud de que había un método mediante el cual podíamos llegar a  darnos cuenta de profundos errores de nuestra propia percepción, de nuestras creencias y el haberme dado cuenta en mi propio análisis que esto era posible, y al mismo tiempo comprender que éste método no estaba al alcance de una gran mayoría, que era costoso y elitista; y por otro lado  la absoluta seguridad de lo afirmado por Perls después de años de experiencia clínica exitosa en el sentido que:      “El organismo es un todo entero. Del mismo modo que se pueden sustraer funciones bioquímicas, conductuales, vivenciales, etc., y hacer de una de ellas nuestra preocupación específica, también se puede abordar al organismo total desde aspectos diferentes, siempre que estemos conscientes de que un cambio rn cualquiera de estos aspectos, produce un cambio en cada uno de los demás aspectos correspondientes” (Perls, Fritz: 1975, p.148). Con estas dos profundas convicciones, más un método que me apartaba de lo científico, que por algún motivo se me había hecho indigerible en psiquiatría, me lancé de lleno a la Gestalt. Reconozco que me afirmaba en alguien que había estado años en neurociencias en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), en Francisco Huneeus.

            Desde el inicio creí absolutamente necesario mantener un vínculo con la medicina, lo que hizo que le pidiera a uno de mis primeros alumnos de Gestalt, Carlos Gatti, que no abandonara la Clínica.

 

El Enfoque Holístico-Gestáltico de las enfermedades y los síntomas

            Desde una mirada fenomenológica, como exigía la Gestalt, era imposible dejar fuera los síntomas y las enfermedades que aquejaban a los que concurrían a nuestros Laboratorios.

Éramos terapeutas gestálticos, que además fuéramos médicos es algo que ni siquiera se mencionaba. Apenas conocían nuestro nombre. Y lo obvio se hizo manifiesto: “trabajando” el diálogo gestático al estilo propuesto por Perls nos dimos cuenta de la enajenación del cuerpo de las personas. Hablaban de sus órganos como si pertenecieran a otra persona, generalmente con enojo y rechazo, y lo más increíble era la imagen casi delirante de su forma y función. Afortunadamente nosotros habíamos desarrollado una forma muy especial de reforzar el diálogo, para facilitar en las personas el “darse cuenta”, el “awareness” que era lo esencial en esta terapia. Establecido el diálogo, uno de nosotros ocupaba la silla que quedaba vacía, una vez que el diálogo se había hecho claro y estaban definidos los personajes  Para nosotros era indispensable que al facilitar este diálogo el que hacía de “yo-auxiliar” se atuviera a lo dicho por la persona, o sea repitiera sus ideas y conceptos con la emoción correspondiente. Esta tarea que realizábamos sin ninguna dificultad cuando el que había hablado era un personaje de cualquier tipo, no nos era posible cuando teníamos que representar un órgano.

            La ignorancia, el rechazo y el tono en que las personas hablaban, cuando se les pedía que representaran el órgano que se quejaba eran increíblemente descalificadores y llenos de informaciones distorsionabas. Ni los médicos representando un órgano se conectaban vivencialmente, repetían  conocimientos como leyendo un apunte sin mayor compromiso y sorprendentemente generalmente se olvidaban de algo esencial, que en general tenía que ver con algo que rechazaban de ese órgano.

Para mí el compromiso con el cuerpo y el conocimiento de la forma y función de la mayoría de nuestros órganos había sido de las pocas cosas que aprendí sin cuestionar y con respeto. Ya lo he dicho en muchas partes: ese conocimiento me dio la certeza de lo iguales que éramos los seres humanos.

No acepté ni en broma representar ese rol y muy rápidamente hacía salir a la persona de ese lugar y le decía: ‘ahora yo seré tu estómago’ o el órgano que correspondiera. Tenía que calmarme y acordarme que era parte de ese cuerpo que tenía al frente, darme cuenta que si estaba vivo como órgano era porque todavía me llegaba sangre mandada por ese corazón que tenía el que estaba frente a mí. Lentamente me conectaba con mi existencia, mis límites y mis posibilidades y empezaba  a contarle al que estaba al frente, al que sentía como mi dueño, cómo el que me contenía y quién era yo. Es posible que mi amor por las estructuras y la increíble relación que siempre sentí entre esas formas y las funciones me hacían muy cercana y verdadera, porque en general las personas me escuchaban y me entendían muy fácilmente. Cuando después ocupaban el lugar en que yo les había hablado como el órgano que se quejaba, se habían conectado de otro modo y la mayor parte de las veces habían corregido los errores o, por lo menos, tenían otra actitud.

            Si es efectivo, como dice Antonio Damasio y muchos expertos en neurociencias, y en nuestro cerebro hay representaciones y es cierto que existe la plasticidad cerebral, por lo menos en estos encuentros hemos reparado la imagen distorsionada que teníamos .

Es obvio que para poder hacer estos diálogos y que la información sea válida, el terapeuta tiene que tener un buen manejo de la anatomía y fisiología vivenciada, que las personas parecen muy reacias a tener. Digo vivenciada, porque esta no es una lección de anatomía o fisiología. Es crear una verdadera necesidad de conectarse con el órgano que se queja, y desde esa necesidad facilitarle la escucha y con ello el diálogo.

            Cuando un órgano se ha enfermado y nos cuenta cómo es y nos recalca un aspecto de sí mismo que nosotros no aceptamos o rechazamos, y nos hace ver lo indispensable que es para él esa característica y la sorpresa que expresa ante nuestro rechazo, es a veces la primera vez que aceptamos tener algo de aquello. Le escuchamos a nuestros órganos lo que no aceptamos escuchar a nadie.

            Desde este darse cuenta surgió obviamente este Enfoque que es lo mismo mirado ahora desde el inicio.

            Muchos son  los autores que en los últimos años se han dedicado a mostrar los increíbles avances de la neurociencia y la casi certeza de la recíproca influencia del pensamiento, la memoria,  el comportamiento y las más variadas funciones orgánicas. En mis tres últimos libros he citado extensamente a varios de ellos.

            Desgraciadamente esta información ha sido profusamente usada por la propaganda para insertar ideas en nuestro organismo, asustarnos y hacernos confiar más en determinados fármacos o alimentos  que en nuestra propia capacidad de darnos cuenta y aprender a escuchar el mensaje de nuestros órganos.

            El Enfoque Holístico de la Salud y Enfermedad es un modo de acercarnos al ser humano, que no es ni médico ni psicológico, y sin embargo puede contribuir a hacer más humanas estas disciplinas. Esto quiere decir que psicólogos y médicos con una visión holística tienen más posibilidades personales de empezar a sentirse que son parte de un todo, que apenas nos ha ido entregando algunos secretos y que no se deja manipular como una máquina de la que se conocen todas sus piezas, y que repararlas es cuestión de habilidad y exacto conocimiento de cada pieza.

             

Bibliografía de Notas citadas

Doige, Norman (2008): “El Cerebro se cambia a sí mismo”. Madrid: Ed. Aguilar

Harvey, Guillerno (1944): “Estudio anatómico del movimiento del corazón y la sangre en los animales”. Bs. As.: Emecé Editores

Müller Granzotto, Marcos y Rosana L. (2009): “Fenomenología y Terapia Gestalt”. Stgo. de Chile: Ed. Cuatro Vientos

Perls, Fritz (1975): “Dentro y fuera del tarro de la basura”. Stgo. de Chile: Ed. Cuatro Vientos

Schnake, Adriana (1987): “Sonia  te envío mis cuadernos cafes”. Stgo. de Chile: Ed. Cuatro vientos. (Primera Edición en Bs.As.: Ed Estaciones)

Schnake, Adriana (1995):  ”Los Diálogos del Cuerpo”. Stgo. De Chile: Ed. Cuatro Vientos.

Stevens, John (1978): “Esto es Gestalt”. Stgo de Chile: Ed. Cuatro Vientos

 

Para completar la información de este Enfoque, los dos últimos libros de la autora: “La Voz del Síntoma” Edit. Cuatro Vientos y “Enfermedad, Síntomas y Carácter Editado por Ed. Cuatro Vientos de Stgo. de Chile  en Colaboración con Ed. Del Nuevo Extremo y publicado en Bs. As.


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