Psicología y Psicopedagogía
Publicación virtual de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la USAL
Año III Nº 10  Junio 2002

ACERCA DE LOS ESTUDIOS SUPERIORES

Lic. Cecilia Martha Kligman
Docente de la Universidad del Salvador

La vinculación entre educación y actividad laboral es tan antigua como la necesidad del ser humano de ganarse la vida a través del trabajo en algo que sepa hacer y resulte útil para otros. Sin embargo, no siempre se ha dado importancia al papel que juega la educación en la preparación para la vida profesional.

La situación de los estudios superiores está atravesada por la crisis socio-económica-política, al igual que todos los niveles educativos de nuestro país, pero reviste algunas particularidades propias de ese nivel y de las expectativas que genera a sus estudiantes.

Considerar las relaciones entre educación superior- inserción laboral- juventud, provoca en estos momentos fuertes sensaciones de desconcierto, incertidumbre, desazón, angustia, esperanza, iniciativa, expansión, tal como lo expresan algunos jóvenes entre los 20 y 30 años cursantes de estudios superiores o recientemente egresados en su respuesta a la pregunta de cómo imaginan su futuro ocupacional dentro de 2 años. Así, por ejemplo, dicen: 

“...bueno siempre dependiendo de mí, dedicando tiempo y esfuerzo... igual a lo de ahora, tal vez peor... con mejoras... no lo sé, ni pienso... incierto, en este país todo lo es... recién comenzando, adquiriendo más experiencias y perfeccionándome... evolucionando un poco... no future for you ...”[1]

Estos jóvenes nacieron en las décadas que el mundo comenzó a vivir un proceso de transformación tecnológica y productiva sin precedentes, afectando a la esfera económica, social y laboral. Estos cambios se reflejaron en una comunicación globalizada con mensajes cuasi uniformados en los que se consideró que entrábamos al mundo globalizado. Los procesos de globalización y regionalización económica, estabilización monetaria, reforma estructural del Estado y desregulación de los mercados caracterizaron nuevas relaciones entre los Estados y la transformación tecnológica repercutió sobre los procesos productivos. En el caso de la educación superior, tuvo como efecto la difusión y expansión de nuevas tecnologías aplicadas a los procesos de análisis y comunicación de resultados así como nuevas formas de organización curricular: cursos a distancia, tareas semipresenciales, intercambios con el extranjero, entre otras consecuencias.

El paradigma de la capacitación profesional se vio alterado, no solamente por los procesos recién mencionados, sino también por profundos cambios sociales que necesitan volver a ser considerados al momento de planificar la formación profesional, ya que la cantidad y la calidad de los puestos de trabajo disponibles es un motivo de preocupación para todos los gobiernos del mundo. Es por ello que la inversión de los gobiernos en la formación y capacitación se transforma en una herramienta indispensable para la solución de estos problemas y para su desarrollo económico. Atendiendo al carácter cambiante del mercado de trabajo y del empleo, en la actualidad no es posible encontrar características de este mercado válidas para todos los países, ni para todas las regiones dentro del mismo país, pues cada uno tiene su propia historia de desarrollo económico y social, lo que ha dado lugar a enormes diferencias según los contextos regionales, marcando también profundas desigualdades. No obstante, podemos decir que la formación profesional ha concentrado en la última década un creciente interés por parte de los distintos sectores sociales, gobiernos y organismos internacionales, éste podría ser un elemento unificador.

En los actuales contextos de transformación, una función de la formación profesional de la educación superior, podría ser la de garantizar la formación flexible del alumno para que se convierta en el principal seguro contra el desempleo, elevando el nivel de calificación laboral-profesional y reconocer las diferencias para equiparar niveles regionales, nacionales e internacionales de los saberes adquiridos.

La formación profesional requiere cada vez más de procesos educativos integrales y permanentes adaptados a los avances tecnológicos y científicos de cada especialidad.

Acerca del tema se señala que los factores para producir cambios radicales en las profesiones derivan de: “los cambios tecnológicos y organizativos de las empresas; los cambios en el mercado de trabajo y la demanda social de educación producida por una elevación de los niveles formativos de la población.”[2]

Entidades internacionales que destinan fondos para la educación han venido impulsando con sus "recomendaciones" a los gobiernos de los países en desarrollo sobre el tratamiento de la educación como sistema; esto es que ningún elemento o nivel educativo puede desarrollarse sin el concurso de los otros, y que el desarrollo nacional exige dar una fuerte prioridad a la inversión pública en ese sector. Para posibilitar esos cambios, cada universidad y el sistema universitario en su conjunto deben pensarse libre y creativamente en el marco de un encuentro permanente con el resto del sistema educativo y con la sociedad. Para aumentar la calidad educativa es preciso superar el corporativismo de los claustros docentes; revisar la pretensión de evaluar lo cualitativo con indicadores de eficiencia; optimizar la gestión universitaria; adoptar una estrategia de cambio que no se base solamente en incorporar valores del mercado en la asignación de recursos y estilos de lenguaje para las universidades; favorecer la cooperación de todos los elementos del sistema educativo y de organización laboral antes que la competencia, y consensuar una política de Estado para la educación superior y la investigación, que fije al desarrollo nacional como objetivo estratégico.

Considerando el desarrollo nacional es probable que la educación superior pueda pretender relacionarse con el mundo laboral en un plano de interacción fluido, continuo, dinámico y con el suficiente grado de autonomía para seguir produciendo saberes que den cuenta de una educación proveedora de habilidades generales y específicas a las distintas disciplinas, atendiendo al carácter cambiante del empleo en la actualidad. Y aunque no es posible encontrar las características del mercado de trabajo válidas para todos los lugares del país, pues cada uno tiene su propia historia de desarrollo económico y social, se pueden implementar planes que den lugar a contemplar las diferencias de los contextos regionales, pero también al desarrollo de variadas estrategias. Es indudable que ante una dinámica tan cambiante se necesita mayor plasticidad. Es decir que, las circunstancias críticas por las que atraviesa el empleo podrían convertirse en oportunidad para que la educación, especialmente la superior en este caso, reflexione, es decir, vuelva a flexionar sobre sí misma (para lo cual se requiere de flexibilidad, por ejemplo, en programas y articulaciones entre carreras), posibilitando una interrelación que dinamice la estructura de su organización. Hay investigaciones de la OIT que plantean la conveniencia de establecer perfiles ocupacionales básicos subregionales que sirvan de referencia para el diseño de programas de formación comunes en sus contenidos esenciales, y sistemas de certificación que favorezcan la libre circulación de los trabajadores en los países integrantes de una subregión.[3]

Se trata de evitar de alguna manera, según expresión de las investigadoras Riquelme y Razquin, la “fuga hacia delante”[4], con la sobre oferta de profesionales que terminan ocupándose de tareas menos calificadas que aquellas para las cuales se prepararon o la “fuga hacia atrás”[5] de jóvenes que permanecen por largo tiempo en el rol de estudiante, cambiando de carreras, sin lograr la expectativa de realizarse en el campo ocupacional para el cual tratan de prepararse, no como un problema vocacional personal exclusivamente, sino por la falta de una organización educativa más adecuada a las circunstancias que nos atraviesan.

En el trabajo ya citado de Riquelme y Razquin, las autoras comentan que en 1980 el mayor nivel educativo incrementaba la probabilidad de estar empleado para ambos géneros mientras que en 1995 la probabilidad aumentaba solamente para las mujeres con educación secundaria completa y/o con educación superior, así como el estado civil de soltera también aumentaba la posibilidad de empleo, al revés que para los hombres. En 2002 no tenemos datos efectivos para hacer comparaciones, aunque la realidad nos muestra que el desempleo profesional desalienta en muchos casos a los jóvenes ingresantes, quienes van intentando “probar”distintos estudios, abandonándolos sucesivamente y engrosando la franja de los sectores sociales más desfavorecidos por falta de calificación. Otros sostienen estudio y trabajo para evitar esa consecuencia aunque les resulta muy exigente, tal como lo plantea Carolina, de 22 años, soltera, estudiante en el 3er. año de Enfermería Profesional y emigrada de Salta desde hace 4 años quien consulta en Psicopedagogía: “...estoy notando que no puedo razonar como antes, a veces se me pasa y no como ...me gusta lo que elegí pero no retengo como antes, no sé qué me pasa que no puedo estudiar...”

Muchas veces estas cuestiones singulares parecen perderse en lo macro social y nos olvidamos de los desarraigos, del cansancio, de las  exigencias desmedidas. Aspectos poco contemplados al momento de analizar la realidad y sin embargo son condiciones de muchos estudiantes actuales que se plantean emigrar, estar siempre presentables como lo requiere el mundo laboral contemporáneo y olvidarse de sí mismos en lo más elemental.

Nuestro país pertenece a “los países del «Sur»[6] que se enfrentan a gravísimos problemas de desempleo, con un escaso margen de maniobra a causa de numerosas circunstancias: deuda externa, limitado poder de negociación de sus exportaciones, reducción de las inversiones públicas y privadas, precariedad de los sistemas de formación, elevado crecimiento de la población activa, etc. Pero tal como dije anteriormente podemos compartir similares intereses en la formación profesional de los alumnos que cursan la educación superior porque quizás sean esas estrategias las que les van a permitir sostener algunas constantes universales válidas en contextos sociales y económicos diferentes y en proceso de transformación.

En “Competencias laborales: tema clave en la articulación educación-trabajo”[7] María Antonia Gallart y Claudia Jacinto dicen que hoy los objetivos centrales en la formación de competencias son la flexibilización de los programas educativos y la mejora de las habilidades adquiridas haciéndolas relevantes al contexto laboral. Esto requiere programas de estudio también flexibles respecto a las calificaciones para los puestos de trabajo. Para considerar estas competencias se necesita de organismos independientes de la institución de enseñanza, e instancias que tengan fuerte participación de los actores del mercado laboral para que definan niveles focalizados en los resultados obtenidos según los diferentes contextos problemáticos.

Las mismas autoras consideran que la acreditación de competencias debe tener tres características necesarias para ser útil en la aplicación laboral-profesional:

1) “visibilidad para los empleadores y las asociaciones profesionales”, es decir que se sepa cuáles son las habilidades concretas que indica esa acreditación

2) “que sean transferibles de un sector a otro”, de esa manera las competencias adquiridas en el aprendizaje del trabajo también pueden ser útiles para continuar estudios en la formación profesional, y las habilidades adquiridas en la educación general superior contemplada en los planes de estudio, complementada con conocimientos técnicos o práctica laboral, pueden transferirse al desempeño profesional

3) “que puedan trasladarse de un tipo de puesto de trabajo a otros, de una empresa o sector a otro, o en otras palabras, que sean reconocidas transversalmente en el sistema ocupacional”, lo competente en este sentido es disponer de movilidad interna a la profesión elegida.

Respecto al tema de la travesía por la educación superior, el sociólogo de la educación Lic. Javier Hermo en la entrevista realizada por la autora durante septiembre de 2001, se refería  acerca de la educación superior en Argentina de la siguiente manera: “... tiene una articulación muy débil todavía, en principio por un gran hiato que existe entre la universidad y la educación  superior no universitaria que tienen entre sí poca conexión. Si bien se están haciendo planes, hasta el momento son más que nada oferta de ciclos de complementación curricular por parte de las universidades hacia los que tienen un título terciario, y en algunos casos alguna integración prevista de etapas posibles dentro de la misma institución que se complementan pero no como parte de ningún plan”. Cita entonces a Toer, sociólogo dedicado a la investigación del tema, quien plantea un sistema de circulación definido como “modelo de autopistas con subidas y bajadas”, “esta sería una forma de contemplar la situación, de tal manera que alguien que hoy quiere hacer un curso corto de 2 años no tenga el día de mañana que empezar de nuevo si decide completar su formación y tener un título de carrera universitaria y tal vez luego tener un título de postgrado. Que pueda hacerlo por etapas: si hoy quiere un título con una salida laboral más rápida, que pueda hacerlo y después retomar viendo distintos pasos de articulación, ya que estamos marchando hacia un sistema que implica una redefinición de la carrera a lo largo de la vida[8], de la profesión y por lo tanto hay necesidad de educación continua y capacitación permanente. No solamente para los puestos de trabajo tecnológicos de punta sino en general para la actividad profesional. Esto es un imperativo necesario, pero los tiempos de adecuación institucionales son muy inerciales y difíciles de mover, por lo tanto no favorecen y  se está a destiempo en los cambios educativos que se requieren. Por otra parte, al tener el Estado una competencia repartida sobre estas cuestiones también se vuelve confuso. Por un lado, están las universidades nacionales que son autónomas y, por otro lado, las universidades privadas que tienen objetivos a veces más comerciales, más académicos o confesionales. Además están las jurisdicciones que son la tercera pata, bastante ignorada, que tienen competencia, sobre todo en lo que sea educación superior no universitaria, donde también hay ofertas más profesionalistas, la mayor parte son instituciones de formación docente privadas y públicas que tienen que articularse. Esta es una meta que requiere de acciones fuertes y constantes durante un período de al menos 10 años”.

Resulta interesante considerar el período señalado por el Lic. Hermo, pues volvemos a referirnos al destiempo entre las urgencias de la inmediatez crítica que estamos viviendo y la planificación que analiza y propone innovaciones educativas. Urgen los tiempos de la reflexión aún con ideas provisorias, al igual que las circunstancias políticas actuales, lo cual invita a:

·        diseñar con la fuerza de lo pensado y realizado desde dentro de la educación misma a los que desempeñamos una función docente

·        interpretar, por fuera del acto educativo, es decir desde las investigaciones en curso las circunstancias de éste tema

·        considerar estrategias entre lo interpretado y lo diseñado para que alcance la posibilidad de ser realizado, es decir que resulte de aplicación al campo ocupacional- profesional.

Esta relación entre adentro y afuera es solamente a modo de definir espacios circunstanciales, sin hacer localizaciones de pertenencia. Tal como están las cosas hoy, algunas cuestiones pueden ser pensadas estando dentro aunque nos ocupemos de investigar y también interpretamos a las circunstancias que nos interpelan cotidianamente durante la tarea docente.

Desde lo personal, asocio estos aspectos de los estudios superiores –formación profesional– trabajo, con la juventud, sin desconocer que pueden corresponderse con sujetos de cualquier edad. Defino mi interés de estos momentos por esta etapa de la vida. Lo hago porque me guía la expectativa de contribuir a la construcción de un futuro mejor en un presente incierto y porque nuevamente, la fuerza de la idea me estimula a confiar en que hay cambios posibles para mejorar condiciones de estudio y de trabajo.

Los aspectos de la educación superior tratados en este artículo han tratado de reflejar la necesidad de considerar a la formación profesional como un escenario que abra al diálogo de los distintos actores sociales con la escenografía de este mundo cambiante de sociedades en transición, para las cuales no existen respuestas prefabricadas, ni modelos predeterminados que resulten válidos para guiar la acción. El desafío profesional es aguzar la percepción de todos los sentidos concentrando la atención sobre los nuevos rumbos a transitar y desde ahí planificar en forma provisoria, aunque sólidamente, las estructuras educativas formadoras de jóvenes en estos tiempos, solidez que otorgue acreditación para desempeñar roles ocupacionales consistentes y no descartables, que abra al debate de las relaciones necesarias entre las organizaciones responsables.


[1] Es parte del material de la tesis doctoral en curso de la autora.

[2] Comentario extraído de BIBLIOTECA DIGITAL DE LA OEI - Educación Técnico Profesional, Cuaderno de Trabajo 1, “Nuevas relaciones entre educación, trabajo y empleo en la década de los 90”, Lázaro González García. Tomado del Número 2 de la Revista Iberoamericana de Educación, publicada en Madrid (España) por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI). El autor está vinculado al Fondo de Promoción de Empleo (España).

[3] Parte del informe en "Formación y trabajo: de ayer para mañana" publicado por CINTERFOR-OIT en Montevideo (Uruguay), Número 1 de la colección "Papeles de la Oficina Técnica"

[4] Expresión utilizada por Graciela Riquelme y Laura Razquin en “Mercado de trabajo y educación: el papel de la educación  en el acceso al empleo”, trabajo nº 43 del 4to. Congreso Nacional de Estudios del trabajo – ASET (Asociación Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo). La utilizan para explicar el aumento del excedente de mano de obra mejor calificada, produciendo una sobreoferta de trabajadores con mayor nivel educativo para cubrir puestos de trabajo de escasa complejidad. Esto va generando una especie de devaluación en la relevancia de los saberes.

[5] Expresión de la autora.

[6] Referencia ibid. 2

[7] En “Competencias laborales: tema clave en la articulación educación-trabajo” María Antonia Gallart y Claudia Jacinto. publicado con autorización de los editores. Tomado del Boletín de la Red Latinoamericana de Educación y Trabajo, CIID-CENEP, Año 6 Nº2. Publicado en diciembre 1995 en Buenos Aires (Argentina).

[8] Éste tema lo desarrolla Marina Müller en: “La orientación para el desarrollo de la carrera (O.D.C.), un nuevo ámbito de la orientación vocacional profesional” Mayo 2002. Publicado como ponencia oficial en el  “Congreso electrónico. Estudiar hoy.”


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