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Revista Científica de la Dirección de Evaluación y Acreditación de la Secretaría General de la Universidad del Salvador-USAL


 

Reflexiones y Críticas acerca del Sistema de Evaluación y Acreditación Argentino

 

MARCELA GRELA DE GIACCAGLIA
SECRETARIA ACADÉMICA
UNIVERSIDAD FASTA

mgiaccaglia@ufasta.edu.ar

 

Entender el sistema de evaluación y acreditación argentino no es posible sin reflexionar lo que lo genera. Sin ir muy atrás en el tiempo, muchos autores describen una profunda crisis de los sistemas de educación superior en América Latina durante la década del 80. Esta crisis tienen su origen, entre otras causas, en: la masificación de la matrícula, profundas crisis financieras de los sistemas, gran diversificación de las instituciones, multiplicidad de títulos de grado y posgrado. Es a partir de esta crisis que se puede observar una tendencia clara de generación de políticas basadas en procesos de evaluación y acreditación. Podríamos coincidir con la expresión de muchos que señalan que la década de los 90, fue la del “surgimiento del rol del Estado Evaluador”. Son los mismos Estados los que promueven la evaluación y autoevaluación en las universidades.

En la Argentina, la evaluación universitaria se instaló en la década del 90. Los conceptos de evaluación y acreditación fueron introducidos por la Ley Federal de Educación[1] y desarrollados in extenso por la Ley de Educación Superior 24.521 en los artículos 44 y siguientes.

Hasta entonces no se observaban prácticas formales de evaluación, ésta quedaba circunscripta a acciones de carácter parcial de distintos actores universitarios, como ser alumnos, docentes, directivos. Este tipo de evaluaciones no tenían en sí mismas la finalidad de promover el mejoramiento de la calidad, sino más bien un espíritu de otorgar premios y castigos.

La evaluación institucional supone dos instancias claramente definidas en el artículo 44 de la ley, la autoevaluación y la evaluación externa. En la autoevaluación está implícita la autoexigencia, que supone que cada universidad se estudia a sí misma con el objetivo de alcanzar el mayor grado de excelencia posible. Debe ser auténtica para así alcanzar el control de su propia situación. Se efectúa en el marco de la misión y objetivos de la propia institución.

 Este proceso le permite examinarse a sí misma, reconocer sus fortalezas, detectar las áreas y procesos que requieren mejoramiento, conduciendo al planeamiento de las acciones necesarias para corregir las debilidades. La autoevaluación se complementa con la evaluación externa que consiste en la visita de un comité de pares evaluadores que tienen como objetivo verificar el resultado de la autoevaluación, recomendando cursos de acción a la institución para su mejoramiento.

La evaluación institucional tiene por finalidad explícita el mejoramiento de la calidad universitaria. Los resultados de la misma son públicos.

La acreditación, sea ésta de carreras de grado reguladas por el Estado (artículo 43 de la LES) o de posgrado (artículo 39), tiene por finalidad otorgar validez a los títulos. Los juicios se llevan a cabo en función de criterios y de estándares fijados por el Ministerio de Educación en acuerdo con el Consejo de Universidades.

El carácter de este tipo de evaluación es punitivo, pues del resultado de ésta depende la acreditación o no de la carrera. La experiencia tiene sus antecedentes en la acreditación de los posgrados, donde la CONEAU ha desarrollado una rápida y seria actividad.

Actualmente se están desarrollando las acreditaciones de las carreras del área de las Ingenierías, que siguieron a la acreditación de la carrera de Medicina. Hay un importante número de carreras que siguen en la lista de las que requieren acreditación.

 

Algunas debilidades de la evaluación y acreditación

De la propia Institución

Inexistencia de estructuras adecuadas en las universidades para atender estas nuevas prácticas. En muchos casos, sobre todo en las universidades pequeñas, las estructuras se generan respondiendo a estas necesidades, superponiéndolas con otras funciones.

Se observa, en algunos casos, cierto recelo ante los equipos internos de evaluación, considerándolos como externos a la propia institución y respondiendo en forma defensiva a los requerimientos del equipo de autoevaluación.

Se puede observar en ocasiones vaguedad en la definición de la misión y objetivos institucionales, que dificultan la confrontación con los resultados alcanzados por la institución objeto de evaluación.

 

Del sistema en sí

La evaluación institucional no nace como una práctica formal desde el seno de la propia comunidad universitaria

No se desarrollaron estrategias tendientes a lograr una toma de conciencia de los beneficios que están implícitos en estas prácticas, haciendo hincapié en que las mismas se realizan en pos del mejoramiento institucional.

No existió en forma previa a su aplicación capacitación seria de evaluador y evaluado.

Los procesos de acreditación de carreras de grado (comprendidas en el artículo 43 de la LES) resultan lentos.

Los instructivos para la acreditación de carreras están diseñados para las universidades de gestión pública. Su confección resulta complicada para el caso de las privadas, que manejan otros mecanismos de asignación presupuestaria, de distribución de los recursos y con regímenes de dedicación del claustro docente diversos.

Cierta dificultad en la comprensión de algunos estándares mínimos a alcanzar (poco clara y vaga su definición).

 

Algunas fortalezas de los procesos de autoevaluación

Una autoevaluación seria permite a toda la comunidad universitaria una visión clara de su situación, objetiva percepciones individuales, compromete a todos sus actores, fomenta actitudes reflexivas en su seno, permite el planeamiento estratégico.

Promueven la calidad. No se puede hablar de calidad sin evaluación y control. Si no existen mecanismos de autoevaluación de las funciones universitarias, de la gestión de los procesos, de la infraestructura, de los servicios que brinda, de la vinculación interinstitucional, entonces no hay calidad.

La acreditación de carreras, de grado o posgrado, asegura los estándares mínimos de calidad.

La evaluación externa permite, además de objetivar los resultados de la autoevaluación, constatar la eficacia de los procesos de reflexión evidenciada o no en la consistencia de los resultados de ambos procesos.

 

Consideraciones finales

La evaluación debe ser práctica normal, continua, sistemática y reflexiva de la actividad universitaria. Debe orientarse al desarrollo y al mejoramiento del sistema de educación superior. Todo tipo de institución de educación superior, de gestión pública o privada, de carácter universitario o no universitario, debe desarrollar en su comunidad una actitud responsable de autoevaluación de todas las funciones, áreas y procesos involucrados, una forma de rendir cuentas a la sociedad.

Es deseable que las agencias de evaluación promuevan acciones concretas para la capacitación de los recursos de las universidades en estas áreas, logrando una gestión participativa para el mejoramiento de todo el sistema de educación superior. También debiera esperarse una actitud objetiva, ética y responsable, de quienes tienen la ardua tarea de representar al evaluador, pudiendo entender la situación particular de cada institución.

Por último, y en relación a las agencias de evaluación, resulta importante pensar en una nueva agencia de evaluación, en este caso privada, que surge de la asociación de Universidades, que perseguirá los mismos fines que la CONEAU, y que seguramente resultará un medio eficaz para afianzar un sistema mixto de evaluación y acreditación a escala nacional.



[1] Cfr. Artículos 48, 49 y 50 - Ley 24.195


 


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