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LA INTERVENCION FAMILIA-ESCUELA Silvia Baeza Resumen: El presente artículo explora la interdependencia y las semejanzas
entre los sistemas familia y escuela, destacando lo fecundo de un abordaje
sistémico en la interfase de ambos sistemas donde se inserta el niño/joven. Jerarquiza el rol del consultor psicopedagógico y proporciona
casuística personal para ilustrar los
fundamentos teóricos. Familia y escuela son los dos subsistemas más relevantes de la vida
durante los muchos años de infancia y adolescencia. Cada niño/joven es un
miembro de su familia inmediata que tiene una configuración única en su
estructura y sus relaciones, y que a la vez, está anclada en su propia historia
cultural social. Simultáneamente ese mismo niño/ joven es miembro de una clase escolar que también tiene su
propia y única estructura anclada en una matriz de complejas estructuras más
amplias. Ambos sistemas configuran una de las partes más importantes de lo que
se denomina el mesosistema (Bronfenbrenner, 1979[i])
con sus propias características también peculiares. Es valioso iluminar esta interfase para poder intervenir lo más exitosamente posible cuando sea
necesario ya que es justamente esta
intersección la arena privilegiada de desempeño psicopedagógico. Sea el psicopedagogo un agente dentro de la institución escolar, sea un
profesional privado o bien agente de otra alguna estructura, EOE (Equipos de
Orientación Escolar) representante de algún Centro de Salud u Hospital,
Minoridad, etc. siempre el contexto de trabajo implica ambos subsistemas:
familia y escuela, especialrmente en
estos momentos en que la necesidad de
un cambio de paradigma se impone
en las escuelas y las prácticas
docentes, ante situaciones diversas
como son la integración de niños con dificultades especiales, diversidad
étnica, o situaciones de violencia, tanto escolar- social y familiar creando
franjas de niños y adolescentes en
riesgo Mucha
investigación especialmente en los Estados Unidos (Aponte,1976[ii],
Bronfenbrenner 1979, Lusterman,[iii]
1985,Fish& Dane, 1998[iv])
destacan lo efectivo de crear y sostener puentes entre familia y escuela desde
una actitud colaborativa. La orientación de
las intervenciones, sea psicològica y/o psicopedagógica, está cambiado a lo
largo de estos últimos años desde una perspectiva psicodinámica hacia una
perspectiva más sistémica y ecológica. Aunque con modelos diferentes, poniendo
énfasis en considerar como centro al niño/ joven, cada vez es mayor el
reconocimiento de la interrelación y reciprocidad del impacto de ambos sistemas
sobre el niño/joven y de la efectividad de intervenciones en esa interfase. Es el
psicopedagogo, quien usualmente ocupa ese rol de “conector” facilitador
involucrando profesionales y familiares (y eventualmente parte de la
comunidad), para mantener la comunicación fluida y abierta, y, a medida que se
realizan intervenciones, evaluarlas, modificarlas, coordinar esfuerzos y
descubrir nuevos o poco usados recursos. Es interesante
destacar que en la literatura al respecto se reserva, cada vez más, la palabra
terapia sólo para situaciones clínicas, toda
otra intervención no clýnica se denomina “consulta”. La idea implica que se
hace terapia con una familia, pero se realiza una consulta con (o desde) una
escuela, a pesar de que se utilizan muchos y semejantes principios básicos de
intervención. ( Fisher,1986).[v] Fine,M
& Gardner,A (1994)[vi] Al incluír ambos
subsistemas, es de central importancia
conocer desde el principio la manera en la cual “el problema” a
considerar es definido por uno y otro, ya que esta concepción puede ser un
preludio de una exitosa o, a la inversa,
poco efectiva colaboración, las experiencias anteriores puede actuar
negativamente minando los esfuerzos actuales.
Los esfuerzos puestos por el profesional a cargo en este sentido nunca
son pocos, ya que suele ocurrir que uno y otro sistema definan “la realidad” de
maneras diferentes, contradictorias y hasta opuestas. Al aunar
criterios, redefinir problemas, modificar etiquetas, centrarse en aspectos
comunes, son muchos los modelos por los
cuales se puede optar. Sea entrevistas
conjuntas entre padres, maestros, niño/ joven, incluir otro personal docente,
( Baeza,1995[vii],
1997[viii] ), o a través de contactos telefónicos o vía mail ( informes- memos), o reuniones
con grupos más pequeños ( pares del niño, hermanos, otros amigos,
familia extensa- abuelos) La idea
subyacente gira en torno a considerar todo el ecosistema y trabajar en dirección de lograr una actitud
cooperativa- colaborativa entre los involucrados. Esta perspectiva ecológica- sistémica,
suele tener implicancias más allá del “caso en cuestión” y promueve, a veces,
sutiles o bien evidentes cambios en el ecosistema mayor. Cuando un docente
adquiere expertez en trabajar con los padres esta cooperación padres-
docente/s tiene en general una alta correlación con el logro de mejores
resultados académicos del niño/joven. A su vez la mejoría en el rendimiento
escolar, suele ir acompañada de una mejoría en las habilidades sociales y el
cambio de status (jerarquía) personal y grupal, y así circularmente, como
gustamos decir, el cambio se va ampliando, generalizando. Un ejemplo
reciente de mi práctica privada ilustra este punto. Alvar un joven de 15 años, con un retraso madurativo importante, se insertó,- proveniente de los Estados Unidos- a mediados de año en una escuela privada. Las dificultades de idioma y de maduración produjeron un severo desajuste en Alvar y su familia, acostumbrados al modelo integrativo predominante de los Estados Unidos (“ learning centers”). La escuela, con una actitud abierta, no prejuiciosa y muy cooperativa, a pesar de no tener experiencias previas en este tipo de integraciones, enfrentó el problema inteligentemente. Sucesivas reuniones con todo los docentes involucrados, consejero escolar, mi presencia, que actuaba como psicopedagoga externa de Alvar, fuimos tejiendo diferentes actividades, proyectos escolares que el joven pudiese concretar, aspectos de comunicación, límites y ajustes a nuestro “estilo argentino escolar ”, útiles no sólo para Alvar sino para su familia. El cumpleaños del joven, llevado a cabo en su hogar y organizado en conjunto entre madre- docente especial, consejero escolar y yo, modificó de manera dramática las relaciones del niño con sus pares. Entre otras cosas,
ver a Alvar en su medio familiar, organizando juegos, compartiendo juguetes,
hablando mejor el castellano, cambió su status en el grupo no sólo frente a sus
pares sino frente a sus docentes. En poco tiempo su rendimiento académico
mejoró, dentro de sus limitaciones. Ya sus compañeros, no sólo no se burlaban,
sino que lo ayudaban, esperaban y hasta realizaban con él las tareas que le
demandaban mucho trabajo. Queda un largo trayecto por cubrir, pero, “el cambio
de mirada”, el verlo desde esta perspectiva fue el punto de inflexión para nuevos
logros. Sobre este logro, la ampliación “ecológica” del sistema, implica la inclusión de este joven
en actividades deportivas, comunitarias (de la iglesia a la que pertenece) y
otras que se irán perfilando en el tiempo. Pensar en términos
de sistema y pensar, además, ecológicamente no significan lo mismo. Por ejemplo
desde la perspectiva sistémica, se puede considerar a la familia como un grupo
que interactúa dentro del contexto familiar. Aquí el problema individual es
visto como relacionado con el sistema de interrelaciones familiares. La perspectiva ecológica, en cambio, amplía
el contexto, incluyendo la interrelación de sistemas más allá de la familia
como son el contexto escolar, la iglesia, el centro deportivo barrial, etc.[ix] En virtud de los
conceptos teóricos sistémicos, el cambio en cualquier parte de un sistema
afecta otras partes del sistema. Lo que sucede con un niño en la escuela puede
y suele tener efectos en la familia y a la inversa las experiencias familiares
influencian el ajuste o desajuste escolar. Cuando los
sistemas se enfrentan con situaciones de estrés pueden comenzar a funcionar de
manera disfuncional, sea cada uno por su lado o en su particular forma de
interacción. En estos casos suelen
usarse soluciones no exitosas, en general de manera muy rígida, para resolver el problema. Por ejemplo a
veces los padres pueden comenzar a ponerse excesivamente rígidos, estrictos y castigadores
frente a la frustración que sienten de no poder controlar a un adolescente
rebelde. Esta actitud puede ser duplicada por la escuela que aplica pautas
semejantes a las de la familia, o, a la inversa, la descalifica (Baeza, 1999[x]). El objetivo básico
de la intervención familia- escuela es asistir a ambos sistemas a ensamblarse
en una actitud colaborativa de resolución de los problemas mutuos, comunes,
actitud que implica cambiar la manera de pensar, entender, o definir el
problema, examinar las creencias que sostienen esa conducta y reflexionar sobre lo que se ha venido haciendo respecto
del mismo. Es interesante en
estos casos tomar en consideración el concepto de triangulación que puede
interferir con la resolución del problema. Por ejemplo, cuando padres y
docentes están en conflicto entre sí, el niño/joven queda triangulado. Vemos
frecuentemente docentes que tratan de “demostrar“a los padres cuan poco
realistas son sus expectativas respecto de este hijo que es su alumno. Inversamente
padres que reciben exclusivamente el retrato que su hijo hace del docente puede
producir las mismas triangulaciones. Esta polarización de posiciones lo único
que hace es amplificar las diferencias. Este suele ser el momento en que el
psicopedagogo entra en escena (lamentablemente demasiado tarde a veces) ya que
las partes se encuentran envueltas en una escalada que en nada ayuda al niño en
cuestión. La actitud de mediación, juntando docentes, familia incluso con la
presencia del niño mejora las posibilidades de intervenciones exitosas. A pesar de ser
visto (o vivido) en sus comienzos como perteneciendo o defendiendo a una de las
partes, el psicopedagogo que se anima a poner en relación a ambos sistemas con
una actitud respetuosa hacia todos favorece casi inmediatamente al niño y al
sistema más amplio. El trabajo con este mesosistema requiere entrenamiento
referido a técnicas específicas como metáforas, cuentos, anécdotas posibles de
ser empleadas, connotaciones positivas
para cada subsistema, una actitud activa y directiva muy diferente de
posturas tradicionales más pasivas, menos comprometidas y/o “neutras”. El rol
profesional, ( psicopedagogo u otros), estratégicamente va haciendo alianzas
con uno u otro, (persona / subsistema) cuidando no ser él mismo triangulado o “
chupado”, anulado, como se denomina en la jerga, por el potente sistema con el
que trabaja. Esta idea corresponde a un concepto teórico sistémico que se
refiere a la cualidad homeostática, de volver a su equilibrio inicial, que
poseen los sistemas y que resulta en una gran resistencia al cambio. Como ejemplo, un
padre que se siente inadecuado, impotente, para ayudar a resolver los problemas
de su hijo puede sentirse aún peor y hasta amenazado, cuando su mujer vuelve de
una reunión escolar sobre su hijo, en la cual se le han dado “planes y
sugerencias” para “resolver” la situación. Puede, en este caso, abiertamente denigrar,
descalificar el plan o encontrar maneras de sabotear su éxito. Al mismo tiempo
sabe que es necesario algún cambio para ayudar a ese hijo. Si en lugar de ésto,
este plan se construye en conjunto con su presencia, sus ideas son no sólo
tenidas en cuenta, sino incorporadas a la estrategia elegida, se lo incluye
bajo la reformulación “del hombre de la familia”, estamos más cerca de alguna
posibilidad de éxito. Como muy bien
proponen algunos terapeutas ( Haley, 1976[xi])
“hacer cosas diferentes de las habituales” en sí mismo ya implica, abre, induce
un cambio. Comienzan a pasar cosas distintas, se producen interacciones
diferentes, se incorpora información nueva al sistema, que afecta personas
o procedimientos en lugares nuevos. El desbalancear un sistema ya
es precursor de cambios. Todas las relaciones dentro de
un sistema, puede entenderse como un continuum que va desde relaciones
muy cohesionadas o enmarañadas, hasta otro extremo en que el grado o nivel de
cohesión es muy lábil, desconectadas. Es lícito entender el sistema áulico, o el más amplio escuela, por
analogía con modelos muy fecundos de terapia familiar. En mi práctica me
resulta particularmente útil el Modelo Circumplejo de Olson[xii]
que describe categorías familiares. Veamos como las mismas categoría pueden aplicarse por analogía desde el
sistema familia al sistema aula o
escuela. Al igual que en la familia, en el aula
y en la escuela, podemos hablar de cohesión como la unión o ligazón
emocional (apego) que une entre sí a los miembros. Ésta incluye la ligazón
emocional, las fronteras, las coaliciones, el tiempo, el espacio, las
amistades, la toma de decisiones, los intereses y las formas de recreación. Los sistemas enmarañados, son aquellos que tienen una cohesión extrema,
llegando a impedir la individualización de sus miembros. En una relación de tipo enmarañada, hay un monto extremo de unión
emocional y se pretende que los miembros sean extremadamente leales.
Las personas, miembros, son muy dependientes unos de otros. Hay una falta general de distancia personal
y se permite poco espacio privado. La
mayor parte de la energía de las personas está centrada en el sistema familia y
hay pocos amigos o intereses fuera del mismo. En el extremo opuesto, los sistemas desvinculados, extremos fomentan un
alto, excesivo, grado de autonomía del tipo "cada cual hace lo suyo". Resulta relativamente sencillo identificar en nuestro contexto escolar
estas características y hacer una transferencia de modelos de análisis Los sistemas enmarañados suelen ser más frecuentes en los niveles de inicial y
primer ciclo. Se denominan sistemas separados y conectados, los niveles medios
respecto de la cohesión. Estos permiten a sus miembros experimentar
independencia y conexión sana y equilibradas. Los sistemas balanceados, medios, tienden a ser más
funcionales. Los niveles desbalanceados, muy extremos en cuanto al aspecto de
cohesión están ubicados en los extremos. Implican una relación de tipo
desligada, a menudo una separación emocional extrema. Existe una escasa implicancia
entre los miembros y hay excesiva
separación personal e independencia. Cada uno hace “ lo suyo”. Predomina el
tiempo, espacios e intereses individuales, y los miembros son incapaces de
brindarse apoyo mutuo y de resolver problemas conjuntamente. La dimensión de flexibilidad familiar, que también evalúa el Modelo
Circumplejo, se define como la plasticidad, cantidad y calidad del cambio en
los roles y reglas del sistema familiar. Es la capacidad de un sistema familiar
de cambiar su estructura de poder, relaciones de roles y reglas de relación en
respuesta al stress situacional o evolutivo. Es legítimo nuevamente, aplicar el
concepto al sistema aula (escuela), Roles, reglas, jerarquías, premios y
castigos y resolución de problemas son aspectos cotidianos en la escuela. Una vez mas los niveles centrales son más favorables en tanto que los
extremos son mas problemáticos. Los sistemas familiares y los escolares balanceados, tienden a ser más
funcionales. Más específicamente, una relación de tipo estructurada, tiene un
liderazgo básicamente democrático, con capacidad de negociación, entre sus
miembros. Los roles son estables, con cierta participación de los otros. Las
reglas pueden cambiar, aunque hay algunas firmemente establecidas. Por su
parte, una relación de tipo flexible tiene un estilo democrático en la toma de
decisiones. Los roles son compartidos y hay un cambio fluido en las reglas
cuando es necesario. Los niveles que se ubican en los extremos, implican una relación de tipo
rígida se da cuando el líder es muy controlador, ejerciendo un liderazgo de
tipo autoritario. Las negociaciones son limitadas y la posibilidad de cambio en
los liderazgos, roles y reglas son escasas. A estos sistemas les resulta
difícil adaptarse a los eventos estresantes. Una relación de tipo caótica,
extrema, muestra un liderazgo limitado o errático. Las decisiones son
impulsivas y no bien pensadas o anticipadas.
Los roles son confusos y cambian de una persona a otra. Las reglas varían con frecuencia. Hay escasa consistencia en el otorgamiento
de premios y castigos. Los sistemas desvinculados suelen ser más frecuentes en el último ciclo
de primaria y/o en la escuela secundaria. El estilo de comunicación que se genera en cada categoría tiene una alta correlación con las otras dos
dimensiones mencionadas. La comunicación cuando es
positiva, incluye empatía, escucha reflexiva, capacidad para expresar ideas y
sentimientos, claridad, continuidad coherencia relacional y comentarios de
apoyo y consideración mutua. Los aspectos negativos en la comunicación, (nivel de comunicación baja),
están dados por las comunicaciones de doble výnculo, dobles mensajes y las
críticas, es decir una comunicación pobre, fragmentada, o descalificante. Las investigaciones han demostrado que en los sistemas balanceados
existe una comunicación adecuada, mientras que en los sistemas extremos la
comunicación tiende a ser pobre. Una de las hipótesis centrales de este modelo es que los niveles
balanceados de ambas dimensiones caracterizan a los sistemas familiares – y decimos los escolares- con un
funcionamiento saludable y los niveles extremos caracterizan a las familias-
escuelas como disfuncionales, En contraposición, las familias- y escuelas, que funcionan
moderadamente a lo largo de las dimensiones de cohesión y de adaptabilidad, se
conducen de manera más saludable y tienen mayor probabilidad de un afrontamiento eficaz frente a las
necesidades. Con el mismo lente
podemos ver no sólo la característica de cada sistema por separado sino como se
produce entre sistemas un interjuego entre las dimensiones explicadas. En ocasiones la
alianza docente-( escuela) padres es tan intensa que no hay
diferenciación entre el hogar y la escuela para un niño. Estaríamos ante un
caso de cohesión o enmarañamineto excesivo. Un ejemplo, frecuente en nuestro contexto
escolar: La mamá de Manuela
es citada a la escuela y notificada que por mal comportamiento de la niña en el
aula, los padres deben tomar “medidas” (castigos) en casa (“ que no vea TV, que no vaya a lo de sus
amigas, que no vengan nenas a su casa, “, etc). La madre, asiste sola,
como es frecuente, a la entrevista. Convencida de la autoridad experta de la
docente aplica estas sugerencias indiscriminadamente en el hogar, ante
situaciones que se relacionan con temas de la escuela y otras que nada tienen
que ver con lo escolar. Las relaciones familiares que no eran problemáticas
hasta ese momento comienzan a deteriorarse.
Manuela expresa que su mamá estaba tan equivocada como su maestra (“y
hasta te parecés a ella!!!”) El padre
en un intento de apoyar a su mujer sostiene estos castigos, sin mucha
convicción, a medida que la situación en la escuela y en el hogar, empeora
sensiblemente. En este caso,
quien realmente necesitaba mejorar sus habilidades en el manejo de la clase era
la maestra, quien delega en el contexto familiar y en los padres lo que ella no
lograba en la escuela. El resultado de
semejante presión sobre la familia sólo empeoraba y sostenía las dificultades
de Manuela en un círculo autoperpetuante de “más de lo mismo”. Entrevistas con la
psicopedagoga escolar y la docente “desenredaron” esta situación, aportando
intervenciones diferentes de las que se venían practicando y separando ambos
contextos. Simultáneamente entrevistas con padres y Manuela permitieron también
discriminar claramente expectativas y castigos en uno y otro contexto. Como risueña
anécdota complementaria de esta situación, la misma docente en la misma época
citó a la madre de Pilar y le hizo el mismo planteo. Cuál fue su sorpresa cuando esta mamá le espetó, de mal modo pero
muy firme: “Mire señorita, cuando Pilar
se porta mal en casa yo no la llamo a su casa para que Ud. la rete o la
castigue al día siguiente en clase... de modo que cuando Pilar se porta mal o
no hace las cosas en la escuela piense Ud. como lo puede manejar!!!” De más está decir
lo oportuno que resultó este comentario, producto del azar. EL caso opuesto de
desconexión entre ambos sistemas se ilustra en el siguiente ejemplo. Tal como hemos expuesto los miembros en
sistemas con estas características se sienten emocionalmente aislados y con
poco sostén. Los padres de
Andrés tenían seria resistencia a asistir a la escuela para conversar sobre la
conducta y el desempeño de su hijo. La
madre cancelaba reiteradamente las entrevistas concretadas por teléfono e
insistía en que telefónicamente se podrían “poner de acuerdo” con la maestra.
Esta conducta era leída “naturalmente” por la maestra como una actitud de
desinterés, no obstante lo cual continuaba enviando a casa de Andrés notas semanales
en las que recomendaba que los padres “se sentase por lo menos una hora por
día” con el niño para ayudarlo y “ver” cómo hacia (o no) sus tareas. Estas
notas eran descalificadas por los padres y les producían sentimientos de rabia
y culpa, ya que no lograban concretarlo, ni exponer su punto de vista y sus
dificultades. Ambos contextos,
familia- escuela, padres y docente, necesitaban salir de esta situación. Los
padres necesitaban apoyo para encontrarse con la maestra y la psicopedagoga
escolar y trazar planes más realistas ( y menos culposos) sobre Andrés. La
docente necesitaba modificar sus creencias sobre la supuesta no colaboración y
no interés de los padres en los temas escolares. Un difícil pero fecundo
encuentro desde una actitud de cooperación- colaboración diseñada en conjunto
con la psicopedagoga escolar y la autora, produjo cambios notables y casi
inmediatos en Andrés tanto en la escuela como en el hogar. Tiempo después los padres comentaron como se
lamentaban “haber perdido tanto tiempo pensando que ellos no le importaban a la
escuela. La maestra por su lado
reconoció “que los había juzgado mal y que eran muy colaboradores y solidarios
con los proyectos escolares desde aquella reunión.” Las
características de los tiempos que corren, las exigencias, el escepticismo que a veces muestran nuestros consultantes, sean familias o
personal escolar, los desafíos que implican situaciones nuevas, cambiantes,
siempre inciertas nos propone la necesidad de expandir e innovar el campo
de la intervención terapéutica. Es alentador
encontrar algunos intentos que en esta dirección comienzan a aparecer en nuestro medio escolar. En abril último el gobierno porteño hizo un
encuentro al que concurrieron 170.000 personas. Con el objetivo de lograr un mayor compromiso de la familia con
la escuela las escuelas primarias de la ciudad de Buenos Aires abrieron durante
media jornada sus puertas a los padres. (“Queremos que los padres apoyen a los
maestros.... queremos a los padres cerca de la escuela y de los docentes. Porque si hay algo bueno para el chico es
ver que los padres se ocupan de su vida escolar”, Filmus, D 2001)[xiii]. En el ámbito privado son muchas las formas
en que se convoca a familias desde la escuela y es deseable que esto también
comience ( o se retome) en el ámbito público.
Lo que a mi juicio todavía resta lograr es un cambio de mirada en uno y
otro subsistema. No se trata únicamente de mostrar lo que hace un niño en la
escuela, o de explicar cuales son los lineamientos para algún área. ( apoyo escolar,
exámenes), sino de sentar bases desde una actitud cooperativa- colaborativa
para reconstruír el puente entre
familia- escuela. No se trata de que la escuela desde una postura normativa
indique qué deben o no hacer los padres ( ver menos TV, etc) sino de descubrir
qué recursos se pueden potenciar desde uno y otro lado y cuáles ya existen en
la misma comunidad educativa- social de cada escuela. Es ver la parte, a veces oculta, de las posibilidades en lugar de
las dificultades, las oportunidades en medio de las crisis. Desde otros
contextos, por ejemplo el laboral, se destaca y acentúa los últimos tiempos, la
importancia de la conexión familia- trabajo.
Algunas empresas ( lamentablemente pocas aún) ya están abocadas a
impulsar el desarrollo del núcleo familiar,
otras por lo menos comienzan a
tomarlo en consideración como un aspecto que motiva, sostiene y favorece a
quien trabaja, lejos de criterios anteriores en que se consideraba perjudicial
esta interacción, casi una interferencia. “No hay ninguna organización,
ni pública ni privada que preste servicios humanizadores y sociales básicos con
la eficacia con que lo hace una familia, por lo tanto es irracional su falta de
promoción y ayuda.” (Conen,2000)[xiv].
Nuevos modelos empresarios consideran la familia ya no como un ámbito
independiente de las decisiones de una compañía, debido al impacto que tiene lo
que sucede en el hogar en los trabajadores. Hace mucho tiempo los profesionales de la educación conocemos, valoramos y jerarquizamos este “descubrimiento empresario” Continuamos, sin embargo, intentando nuevas formas y estrategias de abordaje, más efectivas, más breves, potenciado nuestros propios recursos. Es interesante
conocer que uno de los nuevos índices
de salud social utilizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se
refiere al índice de solidaridad, otro es de la estabilidad familiar entendido
como factor clave para determinar los niveles de salud social de una comunidad. La perspectiva que
hemos desarrollado en este trabajo ancla exactamente en ambos conceptos: el desarrollo de actitudes cooperativas
colaborativas, solidarias entre sistemas, respetuosas, armónicas y sobre todo
innovadoras, en nuestro caso familia y escuela. [i]
Bronfenbrenner;U (1979) The ecology of human development. Cambridge M.A
Harvard University Press [ii] Aponte,H:J (1976) The family school interview: an eco-structural approach. Family Process, 15 pp303-311. Publicado en castellano en Rev. Sistemas Familiares. [iii] Lusterman,. (1985 An ecosystemic
approach to family-school problems. Tee American Journal of Family Therapy, 13,
pp22-30 [iv] Fish,M &Dane,E (1998-)The
classroom systems observation scale.
Learning Environments Research 3, pp67-92. [v] Fisher,L (1986) Systems based
consultation A new perspective for family therapu, New York: Guilford. [vi] Fine,M & Gardner,A (1994) Collaborative Consultation with families of children with special needs. Journal of Educational and Psychological Consultation,5, pp283-308. [vii] Baeza,S (1995) Nuevas formas: una visión más globalizadora. Rev. Aprendizaje Hoy Año XVI Nº33 [viii] Baeza,S (1997) Intersección de sistemas: Familia- Escuela. Rev. Aprendizaje Hoy Año XII Nº37 [ix] Este modelo hoy se
comienza a denominar Terapia Familiar Comunitaria. Ver artículo de Ramón Rojano en
Perspectivas Sistémicas
Nov/febrero 2000. Año 12 Nº 59 [x] Baeza,S ( 1999) Estilos Comunicacionales. Rev. Aprendizaje Hoy Año XIX Nº 43 [xi] Haley,J (1976) Terapia para resolver problemas: nuevas estrategias para una terapia familiar eficaz, Bs.As, Amorrortu(1989) [xii] Olson,D, Sprenkel, D.H & Russell,C.S (1979) Circumplex Model of Marital and Family systems: I Cohesion and adaptability dimensions, family types and clinical applications. Family Proces, 18,pp3-28 [xiii] “Invitan a los padres a compartir otro día de clases con sus hijos” La Nación, sábado 24 de noviembre de 2001. [xiv] Conen, citado en “Las personas no son meros recursos”. Diario La Nación, Suplemento La familia en el siglo XXI, 18 de Noviembre de 2001.
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