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EL LÍDER EN EL DEPORTE Jorge G.Garzarelli[1] De acuerdo con su etimología la palabra “leader”,
proveniente del inglés to lead (conducir, dirigir), significa aquel que guía,
que conduce a un grupo, el que lleva a feliz término alguna acción determinada. El
líder siempre es una persona que se destaca en un grupo de semejantes por
alguna razón individual. El líder dentro de cualquier grupo de personas, o en este caso particular un equipo deportivo, se hace cargo no de las personas en sí, sino de varios aspectos íntimos concientes o no de las mismas. Nos referimos a ellos como “sus deseos”. El líder deberá conducir no arbitrariamente, por que cuando lo hace encontraremos a un grupo de personas que actúan acorde tanto con valores éticos como con las reglas y normas específicas del juego del cual se trate. Normas que por lo general son históricas, por todos aceptadas y poco mas permeables a los cambios. Estas reglas y normas hacen a la forma singular de cada juego. Cualquier modificación de las mismas, podría cambiar la esencia del deporte. Lo mismo podría ocurrir con tareas laborales aunque aquí el tratamiento es más flexible. Toda norma sostendrá en su interior y forma, el estilo de cada actividad
deportiva. En un grado mas profundo
también guardará celosamente su origen, historia y sus futuras proyecciones. Será
el líder principalmente quien tendrá siempre claro que, “cumplir” con la norma
forma parte de su Ética Deportiva. El líder se hace cargo del deseo de su
equipo tanto como de las reglas aprobadas para el juego y aceptadas implícitas
y consciente por cada jugador. El juego podrá variar en su estilo, fortaleza, plasticidad, elegancia, historicidad, etcétera, pero no en su contenido. El líder estará allí para “sellar” la forma. Será
el equipo el que proyectará, depositará, aclarará sus deseos deportivos y aun
los personales (los cuáles merecerán ser concientemente aclarados y
despejados), sobre la figura del capitán, de su jefe, “coach”. No
obstante, cada miembro del equipo jugará celosamente acorde con su propia
responsabilidad. El
juego en cuanto a normas, es un sumatoria de responsabilidades compartidas. El
equipo le sabe y estos aspectos ligado a la historia del grupo, su grado de
empatía interpersonal, su anhelo de éxito, sus habilidades técnicas tantos físicas
como psicológicas, su grado de solidaridad; forma una “estructura de sostén”
que se manifiesta claramente en el denominado “sprit de corp”. El líder
no solo aceptará y respetará el “espíritu de cuerpo”, sino que dispondrá en
forma activa sus propios recursos para mantener el mismo, tanto en los éxitos
como en las derrotas, sobre todo en éstas últimas. El
líder aglutinará, condensará aquellos deseos positivos de su equipo con los que
formará “unidades de trabajo”, sin soslayar o rechazar aquellos que no hacen
directamente o bien a la forma o estilo de juego o al momento histórico del
grupo acorde con las vicisitudes del equipo. Solamente tomará cuenta de ellas y
las reservará para utilizarlas en una ocasión mas propicia. También será necesario que, toda vez que algún
concepto surgido del grupo no coincida en algún grado con los objetivos
establecidos o proyectos del juego planeados, aclare él por que no de su
utilidad para los mismos. Muchas veces un contratiempo guarda una forma
verídica de juego que si bien no coincide con los planteos actuales, puede ser
usado parcialmente como sostén de otra estructura novedosa en el futuro. Algunas características
del líder Algunas
de las características que se espera posee un líder deportivo son la
iniciativa, la creatividad, la originalidad, sus habilidades técnicas, sus
condiciones psicológicas, su madurez emocional, su capacidad de entendimiento
compresión y acción, la rápida percepción de situaciones, el respecto por el
otro, la sincronicidad empática, la pedagogía activa, sus habilidades
resolutivas, la lealtad intransigente, la honestidad, la aceptación de errores,
la plasticidad, la adquisición de nuevos conocimientos, su responsabilidad, su
tendencia a la delegación, el cuidado y defensa de su equipo, la generosidad en
el reconocimiento del “nosotros”, el fortalecimiento del espíritu de cuerpo, el
entendimiento del error como una fuente reflexiva de nuevos
conocimientos, etcétera. Son
éstos obviamente, solo algunos, a nuestro parecer, de los más importantes factores
que hacen a un líder ideal. A estos aspectos enumerados anteriormente se pueden
incluir todos aquellos factores positivos singulares y característicos de la
personalidad del líder mas allá de su contacto con lo deportivo. Digno
de destacar, es el hecho de que un líder no nace de meras expectativas o
expresiones de deseo de los miembros del equipo. El mismo debe poseer una
estructura de personalidad que no solamente reciba y sostenga estas
proyecciones, sino que pueda actuar en forma eficaz y positiva con todo aquello
que sobre él se ha depositado. El líder, asimismo, no podrá considerarse un
“privilegiado” o un “elegido”, lo cual lo colocaría en un ”status” místico, no
acorde con lo que el deporte significa, sino que deberá actuar en relación
directa con la responsabilidad que el grupo espera de él. Que
el líder pueda sentirse gratificado por este temporal reconocimiento, pertenece
a un hecho que forma parte de las condiciones necesarias para consolidar
estructuras humanas, las que si, recorremos la historia observaremos siempre
estuvieron presentes en toda institución. Si
bien hubo líderes de diferentes tipos, cada uno de ellos comparte conceptos
comunes, se diferencian notablemente acorde no solo por aspectos personales
sino acorde con la institución a la que pertenecen y representan. De aquí la
enorme influencia que las mismas ejercen sobre los deportistas. EL LIDER “EQUIVOCADO” El
“endiosamiento” de un líder deportivo, en caso particular, tiene como sustrato
más de una realidad. No solo encontraremos hechos como el fanatismo (de cuál
nos ocuparemos más adelante), sino cuestiones que van tanto de lo individual
como nacional, entre las cuáles es fácil advertir las tendencias de la
economía, los factores del poder, la cultura política imperante, la presencia
de los medios de comunicación, factores más que importantes, imprescindibles en
la actualidad y que tanto han beneficiado a la difusión de los deportes que de
hecho generan en las grandes masas fuertes presiones emocionales, haciendo
sentir al líder como el representante de todo un barrio, población, provincia,
nación o a veces continente, hasta el punto de identificación enferma que los
lleva a desequilibrar sus formas racionales de pensamiento o comportamiento. Muchas veces el líder “patológico” así enfermo, es
llevado sin querer a ese lugar. Lamentablemente la historia del deporte está
plagada de estos ejemplos nocivos que
actúan de forma inmediata y negativa sobre grupos de personas cuya madurez
emocional no responde a los patrones corrientes. El
líder deportivo natural puede soportar una cierta y determinada cantidad de
proyecciones. Según su estructura, se defenderá activamente de todo aquello que
no tenga que ver con el deporte. De no hacerlo así, podrá verse incluido en
cuestiones de índole intima que operarán en contra de su persona, de su rol y
del equipo al que pertenezca. LA IMAGEN PUBLICA DEL LIDER Generalmente el líder como el entrenador o director
técnico, son los que reciben en mayor grado la aceptación o el rechazo del
público. Y esto es así en virtud de imagen que estas personas proyectan en el
público. Es éste el que en particular posee una gran estima sobre las proezas
del líder, su manejo de las diferentes situaciones, su personalidad, su estilo.
De este modo, el líder, así también como los directores técnicos, suelen
convertirse en “paradigmas”, modelos que son apreciados mientras “ganan”, pero
que son fácilmente desvalorizados cuando el equipo pierde. Muchas veces el
olvido y la ignorancia juegan un triste papel en las vidas de los deportistas. De este modo, la imagen del líder en el público se ve
afectada por múltiples factores entre los cuales se destaca un papel que muchas
veces se le asigna. El líder será una especie de “chivo emisario” que deberá
cumplir a pie juntillas todas las resoluciones, ilusiones, esperanzas, deberes,
que se le ha depositado. Cuando éste no cumple, la frustración general produce
un sentimiento de agresión que es colocado en el capitán o en el entrenador,
agresión que una vez racionalizada es justificada. Es aquí el momento del
“botellazo”, la piedra, el insulto; es decir de la descarga emocional del
público, que la mayoría de las veces posee en su interior altos contenidos de
personalidad. La gloria para el vencedor o el ganador y la
desvalorización para el perdedor es una conducta tan antigua como los mismos
deportes. Por este motivo, el deporte que posee una capital importancia para el desarrollo orgánico de los pueblos, sirve de una poderosa “catarsis” que si bien en muchos momentos es despótica e injusta, ayuda a los pueblos a tener un cierto equilibrio psíquico, no solo para aquellos que los practican en forma activa, sino para aquellos espectadores que muchas veces son “más jugadores que los mismos jugadores”. Dentro
de este aspecto global, el líder ejercerá una atracción predominante, casi
siempre irracional que mucho más tiene que ver con la pasión que con lo
intelectual. Sobre
el líder se proyectan también aspectos infantiles que no han madurado y que de
este modo podrían hallar un canal de salida mucho más facilitado. Lo subjetivo
predomina sobre lo objetivo. Un
líder siempre debería ser el superior, el que todo lo puede, el que todo lo
realiza sin esfuerzo, alguien así como una especie de padre ideal. Al
líder pueden perdonárseles algunos errores personales, pero en el campo de
juego, deberá ser siempre el mejor. Uno de los factores que dan origen al
fanatismo halla aquí su mejor raíz. El líder no estará externo de ciertos rituales que
varían según el deporte, el folklore, la nacionalidad. El líder será el que
tendrá acceso al acto de izar banderas, el primero en recibir condecoraciones,
encender las llamas olímpicas, el descorche de champagne. A él asimismo, se le
brindarán los más pulidos homenajes, ya que muchas supersticiones y necesidades
elementales son las que rondan alrededor de su figura. El líder para muchas
sociedades pasa a ser un “Héroe” nacional y si lo consideramos desde la misma
sanidad social, por qué no encuadrarlo dentro de esa categoría? Cabe
aclarar que según el tipo de deporte que practique el líder, tendrá diferentes
características, pero en el fondo de su personalidad, todos ellos tendrán una
misma unidad de ser las virtudes o características anteriormente anunciadas
para poder jugar su papel activa y ajustadamente acorde con lo esperado de
ellos. El líder siempre será el “líder de las esperanzas”, no
sólo de las propias, sino de las de su equipo, su club, su barrio, sus
seguidores, su institución y en muchos casos, su propio país. Un
líder es “país extranjero” está sujeto a la ambivalencia, por un lado es
sentido como “uno de los nuestros”, y por otro jugando “en contra”. Por supuesto que aquí también
dependerá de que país se trate, ya que no es lo mismo Italia o España, que
conforman nuestra mayor población que China o India, países con los cuáles
nuestro país guarda poco vínculos inmigratorios, por lo menos hasta el momento. Pero
hay una característica que dentro de lo que denominamos imagen pública, el
líder debe poseer, y es el “carisma” la que pertenece al campo de
la ilusión social. El carisma se manifiesta como propia de determinadas
personalidades sobre todo en el área política. El estilo carismático del líder
coadyuva a su imagen social agrandándola y magnificándola a veces hasta niveles
insólitos lo cuál lo hace singular e irrepetible. Al lado de la función
carismática, encontraremos lo que French & Raven (1959) señalan como poder
referencial. Este poder está dado por la atracción que el líder ejerza sobre él
publico y está netamente sostenido por las habilidades especificas, su
experiencia, su nivel intelectual, su apariencia personal. Este poder de
referencia efectiviza en los demás lo que hemos llamado identificación grupal.
Es en estos casos que el líder llega
hacer un modelo, un ejemplo a seguir. Merece destacarse que el hecho de que un líder debe
poseer una personalidad innata como para poder sostener este rol, debe
desarrollarse en forma paulatina y estará ampliamente considerado por factores
situacionales y el entorno y el tiempo en el que le toca vivir. La percepción,
compresión y actuación plástica del líder acorde con las diferentes
experiencias deportivas, hará que se comporte dentro del estilo más aproximado
a lo esperado. Un entrenamiento de la flexibilidad del líder, favorecería el
desarrollo de aquel tipo de liderazgo más aceptable en los tiempos que corren, ya
que cada vez más tendemos a percibir al líder como persona y no como aquel
“súper-héroe” que todo lo podía en forma mágica y omnipotente. Tener éxito es tarea de hombres, no de dioses. ¿Quién
no desea ganar? Todo en la vida suma y se multiplica, aún aquello que se
pierde, emerge de otro modo transformado y siempre en beneficio de la vida. El
líder deportivo será aquella persona que dentro de su entorno tenderá hacer la
realidad las esperanzas de otros que lo que desean es que todo finalice de la
mejor manera y si es “ganando” mejor todavía. Eros,
un pequeño pero poderoso dios griego profundamente vinculado al orden (Cosmos)
de la naturaleza y en oportunidades al amor entre los seres humanos, jugará un papel
preponderante dentro de la mítica del Deporte. [1] Dr. Jorge G. Garzarelli. Docente de la USAL.
Especializado en Psicología del Deporte E-mail: george@sinectis.com.ar
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