La Filosofía estoica y la República romana

 buzon.gif (10936 bytes)Dra. Patricia I. Bastidas

 

Luego de las conquistas de Alejandro Magno, se desestructura el esquema tradicional de la polis griega y, la consecuente participación del ciudadano en el quehacer político. Este hecho, entre otras cosas, tiene un efecto directo en la especulación filosófica que dejará de interesarse por la política. Podemos decir que con Platón y Aristóteles, concluye el período de las grandes filosofías que trataban de explicar toda la realidad y también lo político como parte de ella. A partir de ahora, los temas filosóficos tendrán una orientación más humana, tomando un color más intimista. Las cuestiones que preocupan tienen que ver con el destino del hombre, con su felicidad, ¿en qué consiste, cómo alcanzarla?.

Es dentro de este esquema de pensamiento que nace en Grecia, la filosofía estoica con Zenón de Citio ( 350 -260 a.c.) natural de Chipre, en el siglo IV a.c. y, junto a otras escuelas filosóficas que le son contemporáneas (epicúreos, cínicos, escépticos) propondrán algunas respuestas concibiendo la filosofía como un arte del buen vivir. El estoicismo debe su nombre, al hecho de que su iniciador, por ser extranjero no podía comprar propiedades, de modo que enseñaba en un pórtico, en griego stoa.

Podemos distinguir, en el desarrollo de esta filosofía, tres períodos claramente identificables:

Período antiguo: desde siglo IV a.c. hasta el siglo III a.c.

Se caracteriza por el cultivo de la virtud,

Postula como actitud la imperturbabilidad

Rechaza la metafísica ocupándose de la física

La lógica, y la moral.

Se presenta como filosofía completamente

contraria al epicureísmo.

Período medio: entre los siglos II a I a.c. se caracteriza por

 

Infiltraciones eclécticas surgidas por la mezcla

Con otras filosofías. Panecio, Posidonio

y en Roma Cicerón.

Estoicismo nuevo (o romano): situado en la era cristiana, aquí

la doctrina se convierte en una

meditación moral y asume

tonalidades religiosas.

Genero literario: Consolaciones Séneca, Marco Aurelio, Epitecto.

 

Los romanos tomarán contacto con la filosofía griega al conquistar Grecia; en este caso el conquistado conquistó al conquistador. Sin embargo, las relaciones no siempre fueron buenas, un senado consulto del año 161 a.c. prohibía la enseñanza de la filosofía por considerarla un peligro para la juventud. Catón el censor, por su parte, desaprobaba el conocimiento filosófico. No obstante, Cicerón lo hace el protagonista principal de su Diálogo de la Vejez, allí Catón confiesa que a su edad ha descubierto con entusiasmo el estudio de la filosofía.

En el año 155 a.c. Atenas envió a Roma una delegación con representantes de las tres escuelas filosóficas más importantes: la estoica, la peripatética (de Aristóteles) y la Académica (discípulos de Platón). Muchos romanos asistieron a estas disertaciones iniciándose así, en la especulación filosófica.

Poco después Panecio de Rodas, distinguido maestro estoico viajó a Roma, allí trabó amistad con Escipión Emiliano, entre sus alumnos se contaban ilustres ciudadanos como el gran jurista y pontífice máximo Quinto Mucio Scévola y distinguidos juristas como Juliano, Pomponio y Papiniano entre otros. En Roma, Panecio efectuó considerables modificaciones a la doctrina estoica iniciando la tendencia ecléctica.

Dice Barrow que los romanos "fueron estoicos por naturaleza aún antes de oír hablar siquiera de esta filosofía"; aunque aclara que el estoicismo romano "fue muy diferente del griego", ya que el romano, poco dado a la especulación y más interesado en el obrar, en lo práctico, no podría adoptar una filosofía en su totalidad, necesariamente debía hacerle algunos "ajustes", que incluyeran aspectos no considerados en forma particular por el estoicismo como lo jurídico y lo político.

 Cicerón (106-43 a.c)

Es uno de los más importantes exponentes del estoicismo medio. No sería completa nuestra participación en estas jornadas sin referir el pensamiento de este ilustre abogado sobre la República como sistema político.

En Roma el nacimiento decidía la vida de una persona, se debía respetar los ideales de los padres. Cicerón no tenía tal carga ya que no había nacido en Roma sino en Arpino (al norte de Nápoles) en el año 106 a.c., no pertenecía a una familia patricia sino a la clase ecuestre. Sus padres eran gente simple que, alejados del refinamiento de la ciudad mantenían vivas las antiguas tradiciones, en especial las virtudes que habían hecho grande a la República romana.

Por eso Cicerón debe a su familia: el respeto por el pasado

el amor a la patria

la preferencia por la República

De pequeño se dedicó al estudio de la jurisprudencia. A los 16 años cambió la toga praetexta por la toga viril, su padre lo confió al cuidado de los Escévolas, el augur y el pontífice para que lo instruyeran sobre el ritual romano y le inculcaran el espíritu de las leyes patrias.

A los 18 años cumplió con sus deberes como ciudadano romano ingresando al ejército bajo las órdenes del cónsul Cneo Pompeyo.

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En cuanto a su formación filosófica, estudió con el epicúreo Fedro, tomó cursos con el estoico Diodoto, gracias al académico Filón se inició en la filosofía Platónica. Leyó a Jenofonte, a Aristóteles (en especial La Retórica, obra que servirá de fundamento a sus tratados destinados al arte propio del abogado, De Oratore ). Su postura ecléctica, es fruto, precisamente, de su variada formación.

  

Cicerón y La República

La obra de Cicerón es vasta, muchos de sus libros han sido escritos en el exilio en tiempos de reveses políticos, la mayor parte de su producción literaria data de tres años antes de su muerte. En general, sus obras están ambientadas en el período de esplendor de la República Romana.

Su contribución filosófica ha sido también grande, simplemente referiremos la labor que lleva a cabo Cicerón adaptando y moldeando el latín a fin de esta lengua exprese y refleje los términos filosóficos griegos.

Cicerón, conocido como "el príncipe de los oradores romanos", fue un escritor muy estimado por los pensadores del humanismo. Sus obras ejercerán una influencia muy grande en este movimiento.

Entre sus obras encontramos: La República, De Las Leyes,

De los fines del Bien y del mal

De Senectude;

Cuestiones Tusculanas

De la naturaleza de los dioses;

De la amistad;

De los deberes;

De su producción, La República, fue una de las obras que despertó gran interés en la Antigüedad. Escrita en el años 51 a.c., la acción se sitúa en el año 129 a.c.; en plena época de decadencia Cicerón opta por alejarse de los sucesos que llevarán a la muerte definitiva de la república e irá hacia atrás en busca de los tiempos de esplendor. Cuando aún se conservaba completa esta obra tuvo muchos admiradores Lactancio, San Agustín quienes al citar párrafos enteros o al comentar algunos fragmentos lograron conservar parte de este diálogo cuando se perdió alrededor del siglo VII. Fueron vanos los esfuerzos de los humanistas del Renacimiento tendientes a recuperarlo o a reconstruirlo. El mérito de su hallazgo corresponde al Cardenal Angelo Mai, bibliotecario del Vaticano que

en noviembre de 1819, encuentra un palimpsesto (manuscrito borrado y escrito encima) que contenía en forma manuscrita y defectuosa parte de la obra perdida.

El diálogo está conservado en forma incompleta, en los fragmentos que quedan vemos que Cicerón, siguiendo el modelo literario platónico, hace dialogar a los más destacados romanos Escipión, Lelio y a eximios juristas como Quinto Mucio Escévola, Manio Manilio y Rutilio durante las Ferias Latinas del año 129 a.c.

Las opiniones de Cicerón aparecen solamente en los preámbulos que hay ante de cada una de las tres jornadas que duran esas ferias latinas. En general, la obra intenta demostrar que la superioridad de la constitución romana no se debe a un solo hombre sino que es fruto de la experiencia de muchos siglos y del esfuerzo de hombres virtuosos.

En la primera introducción, Cicerón sostiene que en los asuntos políticos la práctica es superior a la teoría. Aquí reside la originalidad y el mérito de esta obra sobre la República de Platón. Para el romano la virtud más excelsa es la de quien se esfuerza por ejercer el gobierno de la República. Cicerón contrapone esta idea al egoísmo de los epicúreos, antagonistas de este noble ideal de sacrificarse por la patria.

En el preámbulo a la segunda jornada trata sobre la educación cívica y las mores maiorum, herencia de los antepasados. Parte de la razón humana que permite realizar la justicia compensando y superando la debilidad natural del hombre en comparación con otros animales.

En el tercer proemio, que sólo conocemos a través de San Agustín, se dedicaba a criticar la decadencia moral de su época. Comenzaba recordando el verso de Ennio sobre el fundamento moral del poder de Roma: "La República romana se funda en la moralidad tradicional de sus hombres". Así, los hombres virtuosos deben ser el ejemplo de todo el pueblo.

La Res pública alude a la gestión de los asuntos públicos, tiene que ver con la vida en comunidad y con la existencia de un derecho común que liga a un pueblo. No debe confundirse con una forma de gobierno, ya que Cicerón trata sobre ellas en particular. Siguiendo el esquema aristotélico, distingue entre formas puras (monarquía, aristocracia, democracia) e impuras (tiranía, oligarquía, demagogia). En la práctica, ninguna de estas formas puede resultar perfecta por sí, de allí que proponga la elección de formas mixtas. Cuando se trata de la República, lo importante no es tanto la forma de gobierno que se adopte sino la virtud de los hombres que la gobiernan.

Frente al idealismo platónico, Cicerón opone una teoría realista fundada en la historia y en la experiencia del pueblo que ha asumido un indiscutible protagonismo histórico: Roma.

El mérito de su pensamiento es haber sabido insertar una reflexión pragmática , fundada en la experiencia del propio pueblo, dentro de una alta visión de la vida política como parte del cosmos.

 

Es esta humanidad la que quiero rescatar para terminar. Recordando las palabras del historiador Indro Montanelli "Lo que hizo grande a Roma no es que haya sido hecha por hombres diferentes a nosotros, sino que haya sido hecha por hombres como nosotros. Creo que el daño más grande que pueda hacérseles es silenciar su humana verdad...... Roma fue grande no porque los héroes de su historia no hubiesen cometido delitos sino porque ni siquiera esos delitos pudieron mellar su derecho a la preeminencia..."