EL ORIGEN DE ALGUNAS PALABRAS DE USO JURIDICO

Antonio D. Tursi

 

                                                                                             

 

    1.  Cuando uno busca, de las palabras que utilizamos en el ámbito jurídico, las latinas de las que precisamente aquellas proceden, lo primero que llama la atención es que el nombre derectum, correspondiente a nuestro “Derecho”, nunca entre los latinohablantes hizo referencia a lo que hoy denominamos así. En efecto, derectum es el participio pasado neutro del verbo derigere que tiene la acepción de “dirigir”, especialmente “de arriba hacia abajo”, matiz que le agrega el infijo preposicional de. El verbo simple regere significa guiar, de él sale nuestro “regir”. Así pues, derectum es “lo dirigido”. Este derigere termina confundiéndose con dirigere, compuesto de dis y regere, que significa también “dirigir”, pero “en línea recta”, de allí nuestro “directo”. La disciplina Derecho, en efecto, es la única que no conservó el término con el que se la designaba en la tradición romanomedieval, a saber, ius.

   Ius fue reemplazado en lengua vulgar o protoromance por “derecho”. En la traducción del siglo XIII del  Fuero Juzgo de Eurico p.e. encontramos “rey serás, si fecieres derecho ; et si non fecieres derecho, non serás rey”. El original que se remonta a la España visigótica del siglo V dice “rex eris, si feceris ius ; et si non feceris ius, non eris rex . La causa de tal cambio puede hallarse en una cierta convergencia entre la lingüística y la política. De un lado, ya en el latín clásico se verifica un acercamiento semántico entre iustum “lo justo”, formado sobre ius, y rectum “lo recto”, formado sobre regere, al punto de que ambos términos, iustum y rectum, llegan a ser sinónimos. De otro, hacia los siglos XI y XII, en los que justamente aparece la palabra “derecho” como referida a la disciplina, comienza un fortalecimiento de las monarquías locales europeas. Hay un cambio en el agente de la ley : es el rey quien, aun contando con un cuerpo de asesores, establece derecho. Para la tradición política medieval la forma regia de gobierno es, por antonomasia, la recta. Un rey que no reina rectamente no es rey , sino tirano.

   Sobre la raíz lingüística latina reg que tiene la acepción básica de “guiar sobre algo” se forman rex “rey”, regnum “reino”, regnare “reinar”, regula “regla”, regimen “régimen”, rector “rector” y otras tantas palabras, entre ellas, como notamos, nuestro “derecho”. Ya en el latín clásico encontramos el juego de palabras entre “rey” y “recto” en p.e. el proverbio “rex eris, si recte facies” (rey serás, si obrares rectamente). Para la concepción medieval el rey no solo obra rectamente (recte), sino también establece “derectum”. En otras lenguas romances encontramos el mismo reemplazo de Ius por Derectum : “Droit” en francés ; “Direito” en portugués. El hecho de que en italiano se haya conservado, junto con “Diritto”,  “Gius”, formada  directamente sobre Ius, bien podría explicarse por dos motivos significativos en contraste con otras regiones europeas. Uno, por los cambios y las formas políticas de la Península que no permitieron una monarquía fuerte y unificante como en Francia o España. Otro, porque con sus escuelas Italia estuvo en la vanguardia del estudio del Derecho Romano (Ius Romanum), durante especialmente la Baja Edad Media, por lo cual se mantuvo el término culto derivado del latín.

   

   2.  La palabra ius en latín hace referencia al derecho humano, establecido por un hombre con autoridad. Paralelamente a ius encontramos fas que refiere el derecho divino, establecido por los dioses, y lex con la acepción originaria de acuerdo entre lo humano y lo divino. La historia de esos términos nos demostrará el carácter oral y religioso del primitivo derecho romano.

   Ius es un sustantivo neutro y esencialmente mienta una fórmula que prescribe a qué hay que ajustarse, una regla a seguir. La persona con autoridad jurídica -los reyes en su origen, los diferentes magistrados  a los que les cupo, a lo largo de la historia romana, establecer derecho : cónsules, pretores, emperadores- es la que puede dicere ius “decir la norma”, o sea el iudex, que da “juez” ; palabra construida precisamente a partir de ius y el verbo dicere, que da nuestro “decir”. De construcción análoga a iudex tenemos iudicare “juzgar”, iudicium “juicio”, iurisdictio “jurisdicción”. Ius, a su vez, se vincula con el verbo iurare “jurar” y que en su origen significaba “repetir la fórmula sagrada”. La forma del participio pasivo futuro de este verbo : iurandum, modificando a ius, i.e. iusiurandum, es el giro que designa en latín el “juramento”, no el texto que se jura, sino el procedimiento de jurar. Ius también forma compuestos con palabras que denotan conocimiento : iurisconsulti, iurisprudentes “jurisconsultos”, “jurisprudentes”, del segundo también iurisprudentia “jurisprudencia”, títulos otorgados a personajes expertos en ius y que hacían las veces de consultores.

  

   3.  Nuestro “árbitro”, en latín arbiter, designaba en Roma un testigo no visto por los contrincantes en el momento del conflicto, alguien no comprometido con ninguna de las partes y que podía así  juzgar libremente sobre el asunto. El verbo arbitrari significa precisamente “juzgar” en un sentido amplísimo. El “testigo” testis, en cambio,  era alguien de conocimiento por al menos una de las partes. La etimología que acerca testis a testiculi “testículos”  no puede sostenerse y solo aparecen los dos términos vinculados en Plauto, comediógrafo del siglo III-II a.C., que hace un juego de palabras  con sus sonidos parecidos.

 

    4.  El verbo dicere tiene la acepción general de “decir”, pero en su origen guardaba un carácter  religioso y jurídico -de hecho, se relaciona etimológicamente con la palabra griega díke “justicia humana”, “derecho”, que se corresponde exactamente con ius.  Dicere conservó algo de su acepción originaria en giros, p.e. dicere causam “exponer una causa”, dicere diem “fijar el día” y también en derivados como dictamen “dictamen de un juez”, dicio “fórmula”, “palabra jurídica”, término sinónimo de ius, edictum “edicto”, especialmente el del pretor quien al hacerlo público en el Foro decía “do, dico, addico”, tres formas verbales en primera persona, do del verbo dare, en castellano “dar”, dico y addico lo son de dicere. En rigor, las tres en contexto jurídico son casi sinónimos y quieren decir “decir”,  “anunciar”,  pero en ese orden guardan un crescendo enfático, algo así como “digo, afirmo, reafirmo”. Edictum es un compuesto del infijo preposicional ex que denota origen, punto de partida y dictum, participio pasado del dicere. Edictum, pues, es la fórmula que, basándose en la tradición jurídica y especialmente en los edictos de los pretores anteriores,  el pretor decía, afirmaba, reafirmaba para asentar a partir de dónde él juzgará.

 

   5.   Forum es, en principio, todo lugar abierto y público. Se vincula con el adverbio foras que junto con el infijo preposicional ad dio nuestro “afuera”. Forum designaba la plaza pública, no solo la romana, también la de cualquier ciudad, lugar importante de agitación comercial, política y, por supuesto, jurídica, al punto de que forum llega a significar “comercio” y, de hecho, “asunto jurídico”. A la par, su adjetivo correspondiente forensis, de donde nuestro “forense”, significa “público”, “popular” y también “jurídico”.

 

   6.   Praetor “pretor”, se sabe, era el magistrado que a partir del año 367 a.C. se encargó de la administración de la justicia. Antes el término tenía una acepción militar parecida a la de nuestro “capitán”. La etimología popular hacía derivar la palabra praetor del infijo prae que indica “adelante” e itor, sustantivo formado sobre el verbo ire “ir”, “marchar”. Así praetor era “el que va a la cabeza” ; pero muy probablemente el término sea de origen etrusco.

   Sea como fuere, encontramos sí otros términos que denotan, digámoslo así, la posición en una escala de funciones dentro de un grupo, p.e. magister, minister, formados sobre los adverbios magis “más” y minus “menos”, respectivamente. Magister “jefe”, “maestro”, tiene una acepción religiosa y jurídica en sus comienzos. Sobre él se formó magistratus “magistrado” que refiere en latín todo cargo público como la persona que lo ocupa. Minister es el “subalterno” del magister.

 

    7.  Fas es, al igual que ius, un sustantivo neutro, pero designa una norma de origen divino, revelada por determinados signos, cuando no, dada directamente por algún dios, a los hombres. Se contaba que la ninfa Egeria, antigua divinidad campesina, había dictado, en un bosque sagrado, las leyes a Numa Pompilio, segundo rey de Roma, sucesor de Rómulo. El giro fas est, de fas más la tercera persona singular del verbo esse “ser”, significa “está permitido por los dioses” y análogamente ius est , “está permitido por el derecho humano”. A partir de fas, a su vez, surge fastus, adjetivo con la acepción de “acordado con el derecho divino”. Dies fasti eran los días en los que era permitido administrar justicia. También nefas, de fas con infijo negativo, “pecado contra el derecho divino” y su correspondiente adjetivo nefastus. En castellano tenemos “fasto” y “fausto” del primero y “nefasto” del segundo, aunque totalmente desacralizados.

   Fas se vincula etimológicamente con el verbo fari “hablar”. De la raíz lingüística fa se forma una familia importante de palabras : fatum, de donde nuestro “hado”, la “voluntad inexorable de los dioses”, fabula “fábula, cuento”,  fama “fama, renombre” y su negativo infamis “mala reputación”,  facundia “abundancia de palabras”,  fabulare “contar cuentos, fábulas” que en latín vulgar reemplazó al culto loqui “hablar” y dio en castellano “fablar” y  luego “hablar”, infans, de donde nuestro “infante”, del infijo negativo in más el participio presente de fari, textualmente “el que no emite palabras articuladas”.

    Fas, pues, es el enunciado de la voluntad de los dioses, reconocido y codificado por los sacerdotes. Y si bien el ius era de producto humano : de los originarios reyes primero, del sufragio de los ciudadanos patricios en la primera república después, con todo también los sacerdotes debían corroborar, por medio de los auspicios, si los dioses lo aprobaban -la palabra auspicio, auspicium en latín, quiere decir “observar las aves”, construida sobre avis “ave” y spicere “observar, mirar atentamente”. Así  pues, un cierto sentimiento religioso era el que llevaba, en un principio, a respetar y cumplir el derecho, sea el de origen divino, fas, sea el humano, ius, avalado por lo divino.

 

    8.  El plural de ius, iura, refiere un conjunto de fórmulas o sentencias breves y claras como lo son las Leges Regiae, las “Leyes regias”, que se remontan a la Roma primitiva y las Leyes de las XII tablas del siglo V a.C. de la  república patricia. Estas normas son las que establecen el estado del ius, como se lee repetidamente en las Leyes de las XII tablas : Ita ius esto  “Así será justicia”. Esto es el imperativo futuro del verbo “ser”. El imperativo futuro, tiempo verbal  frecuentísimo  ya en esas fórmulas de épocas arcaicas y exclusivo del latín, le servía al iudex para expresar una orden que debía ser cumplida no inmediatamente, como el imperativo presente, sino dentro de un tiempo prudencial. P.e., tomando otra de las fórmulas de las Leyes de las XII tablas, Si in ius vocat, ito  “Si se te llama a derecho, (i.e., a un tribunal) habrás de ir”. Ito es el imperativo futuro del verbo ire, “ir”. El citado sabe que tiene la obligación de concurrir en un futuro próximo, una obligación ineludible. El otro verbo que aparece en la cita, vocat, es la tercera persona singular de vocare “llamar”, que nos ha quedado en compuestos, p.e. “invocar”, “revocar”, “convocar”, etc. Precisamente sobre el participio pasado de ese verbo más el infijo direccional ad se construyó advocatus, que dio nuestro “abogado”, pero que en latín clásico significa “el que asiste al llamado de la justicia”, sin ser necesariamente abogado. Y asiste porque recibió la vocatio, que dio en castellano “vocación”, pero que en latín es estrictamente la “citación judicial”. Sobre advocatus se formó tardíamente advocatia de donde “abogacía”.   Los términos que utilizaban los romanos en latín clásico para llamar a nuestro “abogado” eran defensor que nos quedó, patronus “protector”, formado sobre pater “padre”, y que dio nuestro “patrón”, así  patrocinari significa “defender, proteger” ; y causidicus “el que expone una causa”, formado sobre causa “causa” y dicus, vinculado a  aquel dicere  que ya referimos. También causa con el infijo direccional ad dio accusare “acusar” y causa incluso devino “cosa”, término que reemplaza en las lenguas romances a la palabra res “cosa”, sobre la que volveremos.

 

     9.  Ahora bien, el objeto del ius era para los romanos “lo bueno y lo equitativo”. Así lo dice Ulpiano, siguiendo a Celso, al comienzo del Digesto : ius est ars boni et aequi “el derecho es el arte de lo bueno y de lo equitativo”. Que se diga que el ius es un “arte” (ars), significa que la disciplina no es un saber teórico, especulativo -lo que se designaría en latín con la palabra scientia “ciencia”-, sino una habilidad, un conocimiento práctico. Sobre la raíz art se construyen en latín palabras afines a la idea de destreza : artus “articulación” y su diminutivo articulus “nudo de los árboles” y a partir de allí “punto de unión”, “momento determinado”, “artículo” ; iners, ars más el infijo negativo, “sin habilidad”, “inerte”, etc. “Boni et aequi” son dos adjetivos neutros sustantivados. El adjetivo neutro sustantivado con el que los romanos designaban el objeto de estudio de una disciplina, especialmente en el período clásico : bonum “lo bueno”, aequum “lo equitativo”, iustum “lo justo”, sanctum “lo santo”, etc., indica un estado en el que se encuentran determinadas cosas, subsumido bajo ese término. No es un sustantivo abstracto como “bondad”, “justicia”, santidad”, etc., sino un adjetivo y como todo adjetivo, denota cualidades que en tanto se estudian son independientes del sustantivo al que se refieren, pero que no existen separadas del sustantivo al que se refieren. El Derecho Romano quizás haya sido uno de los campos más impermeables al platonismo que influyó notablemente en el pensamiento teológico-filosófico romano-medieval. Bonus, de donde “bueno”, designa en latín algo eficiente, algo que cumple cabalmente con lo que se ha fijado, y aequus tiene un primer sentido material referido al suelo, esto es “parejo”, a partir de allí toma un segundo sentido moral al punto de que llega a ser sinónimo de iustus. Del adjetivo construido sobre él, aequalis, nos llegó “igual”. En latín clásico existen de hecho esos sustantivos femeninos que quedaron en castellano como abstractos, pero p.e. en el caso de Iustitia, de donde nuestro “justicia”, para los romanos era concretísimo, pues hacía referencia a la diosa Iustitia (Thémis “justicia divina”, en Grecia), hija de Urano y Gea, primera mujer de Júpiter, y representada por la cornucopia -al igual que la Fortuna- y una balanza (libra). Su plural, iustitiae, significa en latín “mandatos divinos”, específicamente los de esta diosa. Así sigue precisamente la cita de Ulpiano : “Por ello se nos puede llamar sacerdotes, porque rendimos culto a Iustitia”. Pese a los siglos transcurridos, Ulpiano siente que cumple una misión divina en su papel de iurisconsultus, al igual que aquellos sacerdotes de los antiguos romanos, cuando determinaban lo fas, lo nefas y corroboraban el ius.

 

    10.  “Ley”, lex en latín, en su origen hace referencia a un acuerdo entre lo humano y lo divino. Luego, a algo convenido entre dos personas o grupos de personas. El verbo vinculado con lex, legare, que dio en castellano “legar”, significa “dar a alguien un cargo o una misión de acuerdo con un pacto prestablecido”, “confiar”. De allí también legatus “legado”. Construidos sobre lex también encontramos legitimus y legalis “conforme a la ley”, leguleius “leguleyo”, con acepción peyorativa en Cicerón : “el que hace chicanas jurídicas”. Cicerón, precisamente, a quien el poeta Catulo llama “el mejor abogado de todos” (optimus omnium patronus), da otra etimología de lex. Dice que proviene del verbo legere “elegir”, así, sigue Cicerón en su tratado Sobre las leyes I, 6 (De legibus), mientras que en griego la palabra nómos, “ley humana”, “convención” -que se corresponde con la latina lex-, salida del verbo némein “distribuir”,  conlleva la idea de equidad, en Roma, en cambio, en el concepto de lex se privilegia la elección. La palabra “chicana”, por otra parte, es un galicanismo cuyo origen es oscuro, aunque se la vincula con el verbo “chiquer” que tiene la acepción de “dar un golpe pequeño”. En compuestos tenemos privilegium, de privus y lex, “ley en favor de uno solo o de un grupo con exclusividad” ; collega, con el infijo de idea asociativa con, “el unido a otro por medio de una ley o un acuerdo” ; igualmente collegium “reunión de asociados por ley” ; legislator, formado sobre el sustantivo lator, que sale del participio pasado latus del verbo ferre “llevar”, “el que presenta o propone una ley” ; y, de igual construcción que este último, legislatio “conjunto de leyes propuestas”. La palabra norma, a su vez, que quedó en castellano, muy probablemente sea de origen etrusco. De un primer uso concreto y técnico como “escuadra”, “regla para medir”, pasó a otro moral-jurídico : “línea de conducta”.

 

    11.  Nuestro “litigio” viene de litigium, del verbo litigare que tiene la acepción de “debatir”, especialmente dos partes ante un juez. Ambos términos latinos se forman sobre lis, de donde nuestro “lid”, que también tiene el significado de “debate jurídico” y en su origen bien pudo haber tenido un sentido religioso, ya que su verbo correspondiente litare conservó el significado de “presagiar”, “obtener presagios”.

   “Pleito”, a su vez, sale del participio pasado del verbo placere, placitum. Placere, que da nuestro “placer”, significa “agradar”, “merecer la aprobación”. Así placitum guarda la acepción de “lo aprobado”, “lo determinado” ; dies placitus  p.e. significa “el día pactado”. De placitum tenemos “plácido” e incluso “plazo”. En España y en Francia (cf. “plait”) tomó también las acepciones de “discusión”, “proceso legal”.

 

    12.  “Tribunal” sale del adjetivo tribunalis, formado sobre tribunus y este sobre tribus “tribu”. Tribus  se remonta a la originaria división en tres tribus hecha por Rómulo -hay quienes incluso vinculan  etimológicamente el sustantivo tribus con el numeral tres. Cada tribu aportaba determinada cantidad de representantes, o sea tribuni, a las magistraturas. Tribunus es pues en un principio el magistrado, civil, militar o judicial. Tribuna el lugar de reunión de esos magistrados y tributum lo aportado por cada tribu.

 

     13.  Hoy cuando decimos “estudio jurídico” y queremos, en rigor, referir el “buffet”, estamos utilizando la palabra “estudio” en su sentido originario. En efecto, studium significa  esencialmente en latín “trabajo”, “dedicación”. El verbo studere, del cual deriva, es “trabajar”, “dedicarse a” y después “estudiar”. A su vez “buffet” es galicanismo y quiere decir “mesa”. El término pasó de designar aquello sobre lo que se trabaja a significar también el trabajo mismo. Algo análogo sucedió en italiano con el término “banca”. La etimología de “buffet” es discutida y muy probablemente se vincule con “buff” que significa “estar hinchado”, especialmente por comer con glotonería.

 

      14.  Según la clásica definición de Gayo (Institutas I, 2) el derecho se refiere a “personas”, “res” y “actiones” : omne ius quo utimur vel ad personas pertinet vel ad res vel ad actiones. La traducción rápida del pasaje es : “todo el derecho que utilizamos atañe ya a personas ya a cosas ya a acciones”. Ahora bien, la palabra latina persona, de donde nuestra “persona”, podría ser de origen etrusco. Phersa en etrusco significa “máscara” y justamente la primera acepción latina de persona es “máscara de teatro”, y traduce así el término griego prósopon. Por esa acepción, precisamente, Varrón, filósofo y filólogo latino del siglo I a.C., en cambio, da una etimología latina de la palabra. Dice que persona viene del verbo personare, formado sobre el infijo preposicional per, que denota algo que se cumple por completo, y sonare, de donde nuestro “sonar”, porque gracias a la máscara (persona) la voz de los actores resuena (personare).

    A partir del significado de “máscara” pasó a designar a aquel que lleva la máscara : persona también quiere decir “actor”, “personaje”. Justamente sobre el significado de “papel que se cumple” se siguieron, por lo menos, cuatro usos más del término : uno lingüístico, la “persona gramatical”, accidente del verbo ; otro político, en el bajo latín especialmente persona puede significar “honor”, “dignidad” ; un tercero jurídico, como en el caso que nos interesa de la cita de Gayo, allí persona designa el “rol”  social de cada uno, susceptible de ser regulado ; y un cuarto teológico, en San Agustín y en Boecio persona traduce el griego hypóstasis, esto es, cada una de las tres manifestaciones del Dios cristiano ; e incluso Boecio utiliza la palabra como sinónimo de homo (“hombre”) al definir persona como “sustancia individual de naturaleza racional” (naturae rationabilis individua substantia). A partir de esta identificación con “hombre” , no un hombre en particular, sino cualquier hombre, que son todos y no es ninguno, pudo persona llegar al francés como pronombre indefinido : “personne” : “nadie”.

 

     15.  Res, por su parte,  tiene originalmente la acepción de “bien”, “propiedad”, y este es, precisamente, el sentido que conserva en el lenguaje político-jurídico. Res familiaris es el “bien familiar”,  res publica que se suele transcribir “república” como referido a la forma de gobierno, en rigor, significaba para los romanos el “bien público”, la “propiedad del Estado”, opuesta a la res privata. En la cita de Gayo res se refiere a los bienes, a las posesiones de cada uno. Además res posee un segundo sentido que es el de “cosa”, “hecho”, “asunto”, existente real o idealmente. La palabra “cosa”, que, como dijimos, proviene de causa, termina por reemplazar en las lenguas romances a res, pero se cargó más de esa segunda acepción que de aquella primera.

   La palabra res en el latín medieval conformó  con el participio pasado del verbo “nacer”, nata, el giro rem natam, textualmente “cosa nacida/manifiesta”, i.e. “algo obvio” y a partir de la acepción negativa que tomó esa construcción fue posible que bifurcándose diera en francés de rem “rien” (nada) y de natam en castellano “nada”.

  

    16.   Actiones es el plural de actio ; está formado sobre el participio pasado actus del verbo agere, que en su origen significaba “guiar desde atrás”, i.e. la acción propia del pastor ; por oposición a ducere “guiar desde adelante”, de donde dux “conductor”, acción propia del general del ejército. Después, agere pasa a significar “hacer”, “actuar”. De él tomamos en préstamo p.e. agenda, que es participio futuro pasivo y significa textualmente “las cosas a hacer”. Agere tiene un amplio uso en Derecho, p.e. agere lege es “actuar según la ley”, etc. Actio en la cita de Gayo refiere, pues, la manera de actuar, el modo de comportarse.

 

      17.  “Caso” viene del latino casus “caída”, sustantivo formado sobre el participio pasado del verbo cadere “caer” y  en especial azarosamente, fortuitamente. En latín el término no tiene un uso jurídico. “Caso” es, pues, lo que toca en suerte. Se opone, así, a “asunto”, del participio pasado adsumptus, del verbo adsumere “asumir”. “Asunto” es lo que uno acepta.

 

       18.  “Código” y el cultismo “códice” vienen de codex que en su origen significaba “tronco de árbol”, luego “tablilla” para escribir y finalmente “libro”. Así, de referir el material en el que se escribía pasó a designar también aquello que se escribía. En Derecho codex hace referencia a una colección de leyes y en particular, después de su “codificación”, a la colección de Justiniano.

 

     19.  “Caratula” como cubierta de un legajo es una acepción derivada. La originaria es “mascarilla”. Se trata, en efecto, del diminutivo de “cara” ; este de origen latino, pero tomado en préstamo del griego con el significado que aún conservamos. Nuestro sinónimo de cara, “rostro”, guarda en latín una acepción judicial, a saber, la de “tribuna”, específicamente la del Foro, llamada en latín rostra, plural de rostrum. Sucede que rostrum, formado sobre el verbo rodere, que da nuestro “roer”, tiene la acepción de “hocico” y por extensión “mascarón de nave”, y  como en el Foro se colocaban los espoliones de las naves enemigas capturadas, se utilizaban así como telón de fondo por los oradores. Escendere rostra significa “subir al estrado”, en rigor plásticamente sería como nuestro “dar la cara”.   “Legajo” es formación castiza sobre el verbo “ligar”, en latín ligare “atar”, y sufijo peyorativo, pues en su origen señala un “lío de papeles” de alguna manera “ligados”, “atados”, después un “conjunto de papeles”. “Hoja” y el culto “foja” derivan de un  folia del bajo latín, salido de un  clásico folium que, a su vez, dio “folio” y que tiene como primera acepción “hoja de árbol” y  luego “papel”.

 

     20.  Nuestro “expediente”, por fin, significa paradojalmente en latín “algo de factura rápida”. En efecto, está formado sobre el participio presente del verbo expedire y este sobre el infijo separativo ex y el sustantivo pes, de donde nuestro “pie”. Textualmente así “estar libre de pies” y,  por lo tanto, “salir rápidamente”. En su uso militar señala al soldado libre de bagajes, no en marcha, y listo para actuar. En castellano conservamos aquel significado en “expedir”, “expeditivo”, etc. 

 

El Dr. Tursi es JTP de la Facultad de Filosofía de la UBA

Profesor Adjunto de Filosofía Medieval y de teoría Política UBA

Profesor de Latín y Griego

 

 

 

 

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