Conclusiones de las Jornadas de Reflexión sobre Derecho, Política y Economía en la
Facultad de Ciencias Jurídicas
de la
Universidad del Salvador
Argentina
Segunda Jornada de Reflexión sobre Derecho, Política y Economía
El pasado 14 de agosto, en la Segunda Jornadas de Reflexión sobre Derecho, Política y Economía recibimos la concurrencia de importantes figuras del derecho argentino, quienes con gran esfuerzo y cariño nos brindaron sus experiencias y análisis sobre temas económicos y políticos relacionados con el derecho argentino.
Contamos con la presencia de dos grandes personalidades del derecho argentino e internacional: en primer lugar, Julio César Rivera, Egresado de nuestra casa de estudios y Miembro del Comité Académico de Doctorado, además de otros grandes méritos académicos y autor de numerosas obras sobre derecho privado.
Su reflexión versó sobre el modo en que el derecho patrimonial aprehende el fenómeno de lo económico en dos áreas: los contratos y la responsabilidad civil. Luego de analizar estos aspectos en derecho codificado, se refirió a cómo las corrientes modernas de pensamiento tratan de sistematizar la relación de derecho y economía, creando una relectura del derecho a partir del fenómeno económico.
También estuvo presente Julio César Cueto Rúa, una de las figuras consulares de nuestro derecho, con gran experiencia en campo docente, nacional (en la Universidad de La Plata) e internacional (en la Universidad Estatal de Luisiana, Estados Unidos); hombre de estado y autor de diversas obras de derecho, innovó en la resolución alternativa de conflictos sin necesidad de llegar a juicios.
Su exposición se basó en la relación de estos tres ámbitos del saber: Derecho, Política y Economía, tomando al sujeto que desea conocerlos, analizando el pensamiento como cognoscitivo y adoptando una actitud intelectual para que mediante el método de conocimiento se pueda acceder al objeto.
De esta manera se desarrolló la Segunda Jornada de Reflexión, la que contó con un público muy interesado por los temas en cuestión.
BERNIS, Marcela Eugenia: Alumna de 2º Año de Abogacía.
TERCERA JORNADA DE REFLEXIÓN sobre
"DERECHO, POLÍTICA Y ECONOMÍA"
El día 21 de Agosto, nos honraron con su visita los Dres. Ancarola y Cisneros, con motivo de la Tercera Jornada de Reflexión sobre Derecho, Política y Economía, con la moderación del Dr. Pandiani.
El Dr. Ancarola expuso sobre la diferencia entre la política y el civismo. Inició su exposición afirmando que el futuro no se puede predecir, pero una de las maneras de preparar un futuro democrático es crear instituciones que enseñen a la juventud a vivir en democracia, teniendo en cuenta los factores necesarios para que una sociedad sea democrática:
1º La existencia de una ley fundamental, escrita o no, que sirva de fundamento a su sistema.
2º La existencia de una división de poderes.
3º Independencia del poder judicial.
4º La existencia de partidos políticos que tengan la posibilidad abierta de acceder al poder.
5º El cumplimiento y la observancia estrictos de los derechos humanos, aclarando que éstos son muchos, no solamente la vida, sino también la propiedad, entre otros.
6º La posibilidad de acceso a los medios de comunicación
7º La necesidad de crear una sociedad en la que haya estricto cumplimiento de las normas por parte de los funcionarios y de la sociedad misma. Porque la corrupción, en el mundo entero, es un problema grave, pero el verdadero problema no es la corrupción, sino la impunidad.
8° La necesidad de jerarquizar la política. No hay sociedad sin política al igual que no hay sociedad sin derecho.
Joseph Folliet, en su libro “Introducción al civismo”, diferenciaba lo siguiente: El civismo es el conjunto de ideas, hábitos y actitudes que le corresponden al buen ciudadano en una sociedad. El concepto de ideas abarca la lealtad a las instituciones, respeto por las ideas ajenas, es decir, espíritu democrático, espíritu crítico. Las actitudes consisten en la obediencia a las leyes, generosidad en el tiempo, en obras y en dinero, pero para los que tienen dinero. En cuanto a los hábitos, comprenden una serie de comportamientos en el plano personal. No hay una sociedad democrática si no hay comportamientos éticos.
La política y el civismo son cuestiones distintas: Uno no puede obligar a nadie a que se dedique a la política, pero tiene la obligación moral de exigir a la sociedad a que cumpla mínimos deberes cívicos; no se puede obligar a nadie a que integre un partido político. No hay que "meterse" en la vida política hay pero sí hay que involucrarse en la vida cívica. Se debe exigir una buena política para los que tengan una vocación política, a fin de evitar que sea el trampolín para enriquecer y lograr que sea la manera de servir a la sociedad.
Es necesario atenerse a los principios de la educación cívica, que son los siguientes:
1º Luchar contra la corrupción.
2º Oponerse a los abusos de las autoridades.
3º Evitar el sectorialismo que campean algunos partidos políticos y algunas actividades sociales.
4º Impedir el acoso de los intereses sectoriales, que han sido causales de muchos de los problemas económicos que en estos momentos estamos viviendo.
5º Democratizar las organizaciones sindicales.
6° Bregar por la independencia del poder judicial y por una justicia rápida.
7° Elevar y jerarquizar la educación en todos los niveles.
8° Impedir que los medios audiovisuales se transformen en un factor de contracultura.
9° Inculcar el conocimiento de la historia, porque sin la memoria del pasado no puede entenderse la historia y proyectar el presente.
Sin la educación es imposible. Al analizar cuales son los países más desarrollados del mundo, observamos que son los que más invierten en educación.
Para concluir en la distinción enrte la política y el civismo, no exijamos que la sociedad argentina se vuelque a la política, pero sí que la sociedad cree las bases de un civismo real, que les sea exigido a los ciudadanos. Al mismo tiempo, hagamos de la educación esta palanca de una formación, porque es la única manera a través de la que podemos hacer de esta Argentina invertebrada una Argentina mejor.
Por su parte, el Dr. Cisneros se refirió a la Soberanía y su estado actual. Sostuvo que a lo largo del tiempo, el Derecho Internacional Público ha evolucionado enormemente, y, sin embargo, el Derecho Internacional Privado lo ha superado enormemente.
Las relaciones internacionales entre particulares han crecido mucho más que entre cancillerías. Hoy en día, la mayoría de las relaciones internacionales no pasan por los Estados.
Actualmente hay muchos Estados que no son exactamente naciones, y muchas de éstas que no tienen estados. Además se dio la aparición de protagonistas públicos que cada día pesan más en las relaciones internacionales, a pesar de que no son estados, como por ejemplo, la ONU, el MERCOSUR, la OEA. Pero sin embargo, sus miembros tienen que ser Estados, de manera que estos participan en los poderes.
Además de este grave defasaje entre el poder internacional y el derecho internacional, hay una característica nueva en el mundo jurídico que no estuvo nunca en la historia de la humanidad y llegó para permanecer por siglos: es el papel de las “civilizaciones”. Todos nosotros pertenecemos a una generación. En generaciones antiguas, cada uno creía vivir en el mismo mundo que el otro. Hubo entonces, una gran desconexión entre las civilizaciones con respecto a los elementos que se inventaban, ya que, por ejemplo, lo vemos con la pólvora, que tardó 500 años en llegar de oriente a occidente.
Hoy en día vivimos en un mundo donde las civilizaciones están forzosamente obligadas a convivir, como lo estamos nosotros, por ejemplo en el consorcio de nuestro departamento.
La globalización y la tecnología han hecho que lo que ocurre en alguna civilización no le sea ajeno a otra.
Las civilizaciones no se mezclan. Son como las personas: nacen y mueren, pero no cambian. A lo máximo que se puede llegar es a convivir con ellas, de manera que no tenemos ninguna esperanza de una colectividad planetaria en el corto plazo que surja de una uniformidad cultural que algún día llegará. Tampoco habrá una sola civilización que será la que predomine en todo el mundo y termine siendo la única. No tendremos una cultura armada como un rompecabezas ni una cultura que predomine sobre todas las demás.
A modo de conclusión, podemos señalar la disminución del papel de los Estados en las Relaciones Internacionales, que produce la perforación de las soberanías nacionales, porque los Estados se entrometen en cuestiones de otros Estados.
El mundo se divide en casi 200 Estados, y todos estos Estados y las civilizaciones a las que pertenecen sufren de un fenómeno llamado “globalización”, que los empuja a convivir. Cabe señalar que muy pocos Estados pueden sobrevivir sin asociarse a otros.
A raíz de este fenómeno tenemos tres clases de estados:
· los mas grandes, que tienen escenario individual;
· los Estados intermedios, que tienen alguna esperanza de poder estar solos; y
· los Estados mas pequeños que no tienen ninguna esperanza de estar solos y la idea se bifurca en asociarse con una potencia hegemónica o asociarse con países parecidos a ellos.
El problema pasa por aquellos Estados que no pueden defenderse solos, y en los que su soberanía se encuentra amenazada, por un lado, por la globalización; y en la medida en que éstos pasen a ser poco intensivos, no confíen en el mundo y éste se vuelve cada vez mas riesgoso, comienzan a ser corroídos por dentro por sus gobiernos
Desde un punto de vista jurídico estos Estados son soberanos, pero desde el punto de vista práctico no logran gobernar su territorio, como por ejemplo, Afganistán o Colombia.
Estos Estados pasan a convertirse objetivamente en un problema para la paz y la seguridad internacional, no solamente por su debilidad, sino porque ésta permite que operen fuerzas que atenten contra la seguridad mundial.
Entonces definimos a la globalización como un fenómeno que genera constantemente aumento de competitividad. Éste es, entonces, el nuevo nombre de la soberanía. Cuando estamos en retraso de la competitividad, se pierde mercado, se pierde inversiones y disminuye la capacidad económica. Por eso este fenómeno se llama "crisis de gobernabilidad”.
Esta crisis de gobernabilidad tiene 2 factores:
1. produce el colapso de la deuda interna y externa;
2. produce también una crisis institucional. es decir, la pérdida de la confianza en los gobernantes.
La nueva forma de adquirir poder en el mundo no es debilitando la soberanía de los países dominados, sino favoreciéndola. Se ayuda a los países dominados con la condición de que adopten ciertos comportamientos.
La única forma de prosperar es adaptarse a los mandatos de la red internacional, es decir, adaptarse a la globalización; lo que parece ser una pérdida de soberanía. Sin embargo lo que la globalización me obliga a ser es exactamente lo que yo necesito hacer.
Los países como los nuestros tienen dos opciones: conservar su soberanía tradicional, no aceptando disposiciones de nadie, no aceptando que me condicionen un préstamo o una deuda y hacer lo que me parece; o, por el otro lado, aceptar el intervencionismo voluntario, aceptar una conducta en el orden interno con ciertos comportamientos a cambio de algo.
Nosotros hemos sido educados bajo un concepto de "soberanía" que podrá ser usado en un futuro. No es verdad que la soberanía influya en que nadie me pueda condicionar, sino que reside en que yo pueda aceptar los condicionamientos que me convienen.
Por último, el Dr. Pandiani concluyó la conferencia con una reflexión acerca de las exposiciones de los Dres. Ancarola y Cisneros.
Los disertantes identificaron una coincidencia, es decir, un fenómeno común que tiene que ver con la destrucción o con el debilitamiento de una de las instituciones que ha regido en los últimos 400 años, que es el Estado Nacional. El Dr. Cisneros lo llamó soberanía y el Dr. Ancarola lo llamó Estado.
Hay una pequeña diferencia entre ambas exposiciones: en el caso del Dr. Ancarola, la perspectiva de futuro tiene que ver con un retorno al pasado en el sentido de retomar los valores que hicieron grande a la Argentina, es decir, que para solucionar la crisis de gobernabilidad, habría que retomar lo que hemos hecho bien en el pasado, para corregir lo que estamos haciendo mal en el presente y tener mejores perspectivas del futuro. Sin embargo, en el caso del Dr. Cisneros, las perspectivas no solo son hacia delante, sino que sostiene que es imposible no hacerlo de esa forma, porque los tiempos así lo condicionan. No solo es mejor la perspectiva hacia el futuro sino que es inevitable, es un hecho consumado y no se puede volver atrás como sí quizás se puede volver atrás en el orden interno.
Por: Natalia Pastorutti e Ignacio Taccone, Alumnos de 3er. Año de Abogacía.