UNIVERSIDAD DEL SALVADOR

REPUBLICA ARGENTINA


“Delegate from Venezuela, to what point do you raise?”

por Cristina Garcia Mérida y Mariana Penna

Durante la primer semana del mes de Abril del corriente año, un grupo de 8 estudiantes de diversas facultades de la Universidad del Salvador, participamos de una experiencia inolvidable, que enriquecería nuestro porvenir tanto académica como personalmente.  Tuvimos el honor de ser parte del XX Modelo Maya de la Organización de los Estados Americanos, dirigido exclusivamente a estudiantes universitarios, que se realiza anualmente en la ciudad de Washington D.C.

El Modelo Maya consiste en la representación de una sesión ordinaria de la Asamblea General de la Organización, donde cada universidad invitada representa a un país diferente al propio, defendiendo sus intereses y tomando posiciones en las resoluciones que se traen a debate. Las treinta y cuatro delegaciones participantes tienen al menos un  representante en cada uno de los cinco comités en que se divide el Modelo, a saber: Comité General, Comité de Asuntos Jurídico-Político, Comité de Asuntos Sociales y Económicos, Comité de Asuntos Educacionales y Comité de Asuntos Administrativos y Presupuestarios.

Nuestra capacitación personal y grupal comenzó en el mes de Octubre de 1999, cuando decidimos iniciar el curso instructivo previo al viaje. A partir de este momento y paulatinamente, nuevos intereses despertaron nuestra atención. Conceptos como cooperación internacional, desarrollo integral, libre comercio y solidaridad interamericana, se convirtieron en términos corrientes de nuestro vocabulario. Además de interiorizarnos sobre de la composición y el funcionamiento de un Organismo Internacional, también aprendimos a redactar resoluciones, debatir en idioma extranjero, fundamentar posiciones, preparar argumentos, defender y atacar.

Esta preparación académica exigió redoblar nuestros esfuerzos. Enriquecimos técnica y fonéticamente nuestro vocabulario y también desarrollamos habilidades de oratoria en idioma inglés, lenguaje oficial del Modelo OEA. El entrenamiento incluyó asimismo,  el estudio e investigación de la historia, realidad social, actualidad económica y política interna-externa de Venezuela, país asignado a la Universidad del Salvador para el Modelo del año 2000. Desde entonces, nuestro primer reto fue el de personalizamos como verdaderos diplomáticos venezolanos.

Habiendo estudiado los antecedentes políticos, históricos, culturales y sociales de Venezuela elegimos uno de los tópicos de agenda, en particular para ser investigado exhaustivamente. A partir de este momento la responsabilidad individual pasó a primer plano. No solamente debíamos tener conocimiento de las posiciones que Venezuela adoptaría en cada tema de agenda sino que también asumimos la tarea de redactar una resolución representativa de un aspecto de la realidad venezolana.

Un ejemplo de ello fue la resolución presentada en el Comité General por una de nuestras delegadas. El flamante gobierno del Presidente Hugo Chávez se enfrenta con una estructura gubernamental que se ha deteriorado crecientemente en las últimas décadas. La causa de ello fueron los históricos acuerdos entre los dos partidos políticos mayoritarios, en los que se pactaron concordadas alternancias en el poder dando como resultado una democracia meramente formal. La plataforma política durante la campaña presidencial tuvo como eje la lucha contra la corrupción. Teniendo en cuenta esta realidad político-social, la resolución proponía que los Estados Miembros de la Organización adoptaran legislación tendiente a penalizar ciertos actos de corrupción. 

Una vez identificada la materia sobre la que versaría la resolución, nos adentramos por completo a su escritura. Como todo organismo internacional sujeto en su actuación a determinadas normas, el Modelo también nos impuso una serie de reglas de redacción sin cuyos requisitos las resoluciones carecían de validez. A la hora de elaborar una norma jurídica, entre otros aspectos legales, reconocimos fácilmente la necesidad de introducir un preámbulo y concluir con cláusulas operativas.

Fue entonces cuando el modelo comenzó a sorprendernos. Las técnicas de redacción enriquecieron abundantemente nuestro vocabulario inglés. Aprendimos que, palabras que hasta entonces habíamos considerado como sinónimos, tenían una connotación a menudo opuesta. Supimos que “requerir” no es lo mismo que “urgir” y que esto no es lo mismo que “obligar”, ni “instruir”, ni “recomendar”.   Entendimos que la Asamblea General de la OEA “instruye” y “obliga” a los órganos que de ella dependen, “urge” a los Estados Miembros y “recomienda” a Organismos Internacionales.

Todo tipo de normas, hechos y estadísticas, podían ser utilizados en la fundamentación. Por ello, la exigencia de nuestro trabajo investigativo se agudizó aún más. Debimos corroborar la existencia de modelos de legislación, estudios realizados por organismos especializados, proyectos de investigación y todo tipo de compromisos gubernamentales emanados de Cumbres, Conferencias y Seminarios Internacionales a fin asegurarnos la originalidad de nuestra propuesta.

Asimismo comprobamos la existencia, firma y ratificación de convenciones, acuerdos y  tratados internacionales, no solo por Venezuela sino también por los demás Estados Miembros. La finalidad de este análisis fue garantizarnos la viabilidad de nuestros proyectos, la posibilidad de apoyo por los demás países y la utilización de esta información como instrumento idóneo de persuasión para el cabildeo, debate y posterior votación de la resolución.

Finalmente enfrentamos el momento más esperado: defender nuestras resoluciones en la mesa de debate ante treinta y tres países latinoamericanos. Las estrictas reglas de procedimiento nos concedían solo tres minutos para presentar ante el Comité nuestros proyectos. Este breve pero interminable lapso de tiempo era nuestra única oportunidad para abogar a favor de nuestras resoluciones. Debíamos explicar cada una de las razones que nos habían motivado a redactarlas, incluyendo también en el discurso las defensas a posibles argumentos opuestos que pudieran manifestarse en el debate. Las técnicas de oratoria fueron nuestro instrumento primordial.

 Acabados los tres minutos de la presentación, el presidente del Comité da la palabra a  los demás delegados concediéndoles el derecho de formular preguntas al proponente. Aunque las reglas de procedimiento así no lo asentían, el tiempo de preguntas era utilizado, en reiteradas ocasiones, como medio indirecto para demostrar los puntos débiles del proponente. Mostrarnos implacables ante cualquier oposición era la estrategia grupal. Luego de tan exhaustiva investigación sobre el tema a debatir, estábamos técnicas y psicológicamente preparados para responder cualquier interrogante que se nos pudiera plantear.

El conocimiento exhaustivo del tema a debatir era esencial a fin de improvisar respuestas a cualquier interrogante que se pudiera plantear. Por ejemplo, nuestra delegada en el Comité de Asuntos Jurídico-Político, asumió la difícil tarea de defender su resolución en la cual proponía la protección jurídica del embrión dentro o fuera del seno materno. La introducción a debate de un tema como el planteado impactó e inquietó a todos y cada uno de los delegados. La novedad del proyecto fue la causa de un extenso período de preguntas ya que los representantes americanos buscaban conocer los fundamentos jurídicos y filosóficos en los cuales se basaba la protección del no nacido, a fin de adoptar una posición acorde a la idiosincrasia de su país. La delegada expuso conocimientos sobre legislaciones comparadas tanto latinoamericanas como europeas. Se plantearon asimismo, temas tales como experimentación, comercialización y manipulación de sustancia embrionaria a los cuales la representante de Venezuela respondió sin mayor dificultad defendiendo su proyecto.

Luego de haber particidado del Modelo Maya, podemos afirmar que cuando nos propusieron participar de una mesa de debate en un idioma extranjero, cumpliendo el rol de diplomáticos, creíamos que nunca seríamos capaces de afrontar una situación semejante. Al llegar un día al edificio de la sede de la Organización de Estados Americanos en Washington D.C., y mientras los miembros del Consejo Permanente de la Organización decidían el futuro de sus países en la reunión que en esos momentos se llevaba a cabo, este grupo de estudiantes universitarios se veía ante la difícil tarea de debatir con la misma seriedad y responsabilidad que esos verdadero representantes. Pero poco a poco la utopía se convertía en realidad.

            A partir de la “práctica” de la diplomacia diaria nos fuimos proveyendo de las técnicas adecuadas para presentar resoluciones de acuerdo a los intereses de nuestro representado, improvisar repuestas, refutar argumentos y sostener posiciones. Aprendimos el arte de la negociación como instrumento indispensable a la hora de relacionarnos en el ámbito internacional.             Esta práctica fue enriquecida por el trabajo en equipo con estudiantes de diferentes carreras. Ello hizo que nuestra perspectiva sobre los diferentes aspectos de los temas de agenda se ampliara considerablemente.

            Asimismo, la interrelación cultural con estudiantes extranjeros complementó aún más nuestra experiencia, especialmente teniendo en cuenta que la Universidad del Salvador era una de las únicas tres universidades latinoamericanas participantes. El natural intercambio de valores sociales y culturales entre los estudiantes universitarios,  hizo que el Modelo se asemejara aún más a la Asamblea original.

            Evidentemente, nuestro desafío como estudiantes latinos era aún mayor del de otras delegaciones, pues debíamos competir con 31 universidades estadounidenses en su idioma madre. No obstante, este hecho no constituyó un obstáculo para el grupo, ya que cada uno de los estudiantes estaba capacitado para debatir y argumentar en pie de igualdad con los estudiantes de habla inglesa.

           Todo este esfuerzo fue no solo reconocido por nuestros compañeros del Modelo que recibimos por parte de nuestros compañeros del Modelo, que nos eligieron como autoridades para el próximo simulacro de la Asamblea General 2001, sino también por la Misión Venezolana ante la OEA, que nos premió con las medallas que sus verdaderos delegados habían recibido en el 50º Aniversario de la OEA.

            Nuestra participación en el Modelo Maya 2000 no es un acontecimiento que haya pasado desapercibido en nuestras vidas. El aprendizaje para un estudiante universitario no termina en las páginas de un libro ni en un buen documental, y es por ello que esta experiencia académica nos dio la posibilidad de comprender la realidad desde un punto de vista mucho más pragmático.

            Nuestro agradecimiento a todos aquellos que nos incentivaron y apoyaron en los momentos en que nuestra responsabilidad se agudizaba y se hacía difícil continuar hacia la meta propuesta, así como a quienes nos instruyeron y prepararon para participar en el Modelo, es inconmensurable. Nuestras expectativas en torno a esta experiencia fueron ampliamente superadas.

            Hoy podemos afirmar que nuestra visión de los asuntos nacionales e internacionales de los países americanos ha variado profundamente. Nuestra comprensión de la política nacional es ahora mucho más completa e integral. Con respecto a nuestra perspectiva sobre los asuntos internacionales, ésta se ha expandido en gran medida. Las alianzas entre los diferentes países y las constituciones de distintos bloques políticos y económicos nos llevaron a entender que las naciones no son más que piezas individuales de un gran rompecabezas que buscan poder colocarse y formar una sola unidad.

            El nuevo mundo de la política internacional latinoamericana es un interés adquirido por todos nosotros, desde ahora y para siempre. El descubrimiento de nuevas estructuras nos permitió conocer diferentes fundamentos jurídicos, políticos, económicos y sociales brindándonos la posibilidad de compararlas reconociendo así tanto las falencias como los aciertos de los distintos sistemas. Es inevitable que a partir de lo adquirido formemos una opinión personal comulgando con las ideologías que nos atraen y rechazando con aquellas que no compartimos.

            Es sabido que cuanto uno más conoce algo, más lo aprecia. Estamos convencidos que, si por casualidad algún día algunos de los estudiantes participantes del Modelo  encontramos en el diario alguna noticia sobre Venezuela, o alguno de los países aliados o contrincantes, nos emocionaremos hasta las lágrimas, y seguramente, casi sin pensarlo recordaremos al presidente de cada comité de la Asamblea General 2000 diciéndonos: “Delegate from Venezuela, to what point do you raise?”