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GRAMMA
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Consulta al psicoanalista
María Laura Perez Gras
Mención especial del Cuarto Concurso Literario Gramma
Entrevista a la madre de la paciente:
Mire, doctor, estoy tan preocupada. Mi hija está enferma: no deja de mentir. Nos mintió todo el año. Nos decía que le iba bien en la facultad y resulta que perdió el año por haberse llevado cinco materias. Y no fue capaz de decirlo hasta que realmente se dio cuenta de que no iba a pasar a segundo año, cuando ya no había nada que nosotros pudiéramos hacer. No entiendo por qué no nos dijo lo que estaba pasando. Es más, tuvo el tiempo suficiente para preparar las materias y salvar la situación a fin de año. Pero vaya usted a saber qué hacía en lugar de estudiar mientras los demás nos descosíamos trabajando. Seguramente se rascaba la panza y miraba televisión, o quizá se iba con ese novio que tiene ahora, otro atorrante. Si por lo menos se rodeara de gente como uno. Pero no, no; y él tampoco nos dijo la verdad. Yo no entiendo qué le pasa a mi hija, doctor, con el sacrificio que hemos hecho toda la vida mi marido y yo, no lo entiendo, doctor. Nunca le negamos nada, siempre le dimos todo lo que pudimos. A ella y a la hermana por igual. No la dejábamos salir con cualquiera para que no tuviera malas influencias. Siempre nos preocupábamos de que volviera temprano, de saber con quién estaba y dónde. Pero nos mentía, doctor, nos mentía siempre [Solloza.] Se puede imaginar que ahora que nos dijo la verdad se lo tuvimos que contar al resto de la familia. Es una vergüenza para nosotros. Me la paso llorando, doctor, y mi marido está hecho trizas. ¿Sabe lo que significa para él llegar a casa después de meses de trabajo y ausencia y encontrar semejante desastre? Él, que se preocupa tanto por nosotras y se mata trabajando lejos de casa para que podamos vivir decentemente. Pero por suerte estaba él, porque yo sola no hubiera sabido manejar la situación. Y mi otra hija, la mayor, también está muy triste, pobre cielo. No puede entender cómo pudo habernos mentido así, tan descaradamente. Es que mi hija siempre tuvo celos de su hermana mayor, por compararse, doctor, pero sin fundamento. Si siempre le dimos a una lo que le dimos a la otra: la mayor iba a ballet, la menor también; si una recibía un regalo, la otra igual. Nunca hicimos diferencias. Y ahora está tan susceptible que si le damos un consejo, le manejamos la vida; y si no le decimos nada, nunca le damos importancia. Doctor, uno no sabe cómo tratarla. El clima familiar está tenso todo el tiempo. Y yo lloro por los rincones: no sé qué hacer. Mi hija está enferma, doctor, necesito que me ayude. Nos está destrozando la familia. [Se enjuga las lágrimas.]
Entrevista al padre de la paciente:
Buenos días, doctor. Mire, yo en realidad no sé qué decirle. A mí todo esto me tomó muy por sorpresa. Yo creía que mi hija era un violín en la facultad. Es una chica inteligente, despierta. Pero bueno, un buen día volví de uno de mis viajes de trabajo (yo señalizo rutas, vio) y mi hija menor vino llorando y me dijo que me tenía que hablar. Bueno, yo en ese momento lamenté que no estuviesen en casa mi mujer ni mi hija mayor, porque entre mujeres se entienden mejor, vio. Pero bueno, yo la vi tan mal que dejé de mirar televisión y me senté con ella. ¡Cómo lloraba! Y fue entonces que me dijo que no había pasado de año y que nos había estado mintiendo y que no sabía por qué. El único que todo el tiempo supo la verdad es el muchacho con el que sale. Bueno, yo no sabía qué decirle porque yo no conozco mucho sus actividades y le dije que le iba a contar a la mamá para solucionar el problema. Y esa misma noche hablé con mi mujer y mi hija mayor. Y las dos se sintieron muy mal. Mi mujer no podía creerlo. Lloraba desconsolada. Y mi hija mayor estaba indignada. Y empezó a decir que su hermana estaba enferma de la cabeza y que tenía que ver a un psicólogo. Y bueno, doctor, acá estamos. Esperamos que nos diga qué hacer para solucionar el problema. Igual, yo mañana salgo de viaje, así que mejor si lo habla con mi mujer, vio.
Entrevista a la hermana de la paciente:
Sí, sí, doc, así es. Mintió absolutamente sobre todo. Como si fuéramos a matarla. En vez de ponerse las pilas en aprobar las materias a fin de año se mataba ideando mentiras para engañarnos. Y mire que yo le decía que estudie, que el tarado del novio es mala influencia, que no tiene una amiga que valga la pena, que se junta con lo peor de lo peor, y encima eligió esa carrera: profesorado de educación física. Bien para no hacer nada, puro juego y pavada. Y ni le cuento de las joyitas que van al profesorado. No por nada tiene esa junta. Pero ella siempre me decía que yo no la dejo en paz y no acepto nada de lo de ella, que la trato como si fuera la oveja negra de la familia. Pero yo sólo quiero lo mejor para ella, doc. Y el único argumento que tiene para retrucarme es esa chiquilinada de siempre: «por lo menos yo tengo novio y vos estás más sola que un hongo». Es mentira, doc; yo si quisiera tendría novio. Pero es que nadie me interesa; y antes que estar con un tarado como su novio prefiero estar sola. Además está insoportable, molesta todo el tiempo como para llamar la atención. A veces pienso que todo lo hizo para llamar la atención. Siempre estuvo celosa de mí. Cuando peleamos me dice cada cosa que si me lo tengo que tomar al pie de la letra, no podría volver a llamarla hermana. Pero yo tengo mucha paciencia, doc, y hago oídos sordos, como si no hubiera escuchado nada. Pero yo nunca voy a dejar de marcarle lo que hace mal. Es mi obligación de hermana mayor. Lo hago por su bien, obvio. Y sabe lo que realmente me duele en el alma: ella no confió en nadie, ni siquiera en mí. Solamente le contó algunas cosas al tarado del novio y seguramente también adornadas en nuestra contra; porque ella es así, ya la va a oír, adorna todo según su conveniencia. Y manipula a la gente, sí, doc, pobre del que no la conoce. Pero yo ya estoy curada de espanto, conmigo no puede. Y mamá siempre tuvo razón en tenerla cortita. Aunque la pobre nunca se imaginó que esto pasaría. Pero quiere que le diga la verdad: yo sí, yo sabía que esto iba a pasar.
Entrevista a la paciente:
[Minutos de silencio.] Ya sé que le contaron todo, doctor. Pero, sabe una cosa: eso no es todo. Hay muchas cosas que seguro que no le dijeron. Como que mi vieja nunca me deja salir a ningún lado y no se banca a ninguno de mis amigos. Y que siempre me compara con mi hermana. Eso no lo soporto. Ella se saca diez en todo. Y eso que estudia medicina. A mí ni se me ocurre estudiar algo así, ni loca. El profesorado es bárbaro y me llevo re bien con todos. Ahí conocí a mi novio. Además mi vieja está siempre nerviosa y se la agarra conmigo: yo siempre tengo la culpa de todo. Y eso es porque mi hermana le llena la cabeza. Se mete para darle la razón y se la pasa hablando mal de mí hasta que la convence. Y a mí me revienta porque papá nunca está en casa. Yo sé que él me defendería. [Solloza.]. Yo me siento muy mal, ¿sabe? Y en verdad no hice nada. Me tratan como si hubiera matado a alguien y lo único que pasó es que me llevé cinco materias. Pero las puedo rendir en julio y seguir con el profesorado el año que viene. No podía decirles que me había ido mal; porque encima me iba a lo de mis amigos en vez de estudiar. Mi novio me decía que dijera la verdad pero yo tenía miedo. Y él respetaba mi decisión. Mil veces quise contarle a mi hermana de los chicos que me gustaban; pero ella desaprobaba a todos y terminé por no contarle y hasta mentirle para ocultarle si salía con alguno. Y mi vieja no me dejaba salir. Entonces le decía que me iba a dormir a la casa de una amiga, pero después salíamos con los chicos. Si no mentía no me dejaba. [Calma el llanto.] Y seguro que tampoco le dijeron que soy adoptada. Y que nunca me quisieron en realidad. Tampoco se lo dijeron, ¿verdad, doctor?
© María Laura Perez Gras, 2000