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GRAMMA
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Poesías
Daniel Augusto Di Trana
Segundo premio del Cuarto Concurso Literario Gramma
La Luna y la Serpiente
En el principio fue la Luna, la excusa
Y silenciosa hundió su filo
en los inquietos velos de la existencia,
y fue la furia, la Serpiente desleal
su refugio.
En el principio fueron los vientos
que expiaron los pecados
más ingenuos de la carne
y los dejaron sin abrigo ni consuelo.
La Luna y la Serpiente coexistieron sin saberlo
en un mundo desigual de formas
transitaron los más errantes lugares sin miedo y sin descanso
evitando inhibir sus más íntimos instintos,
corrigiendo las penas con ausencias
y dejando caer en el silencio
las palabras hirientes que anidaban sus almas ateridas.
La Luna y la Serpiente unieron sus puntas
en un acto de austera soledad
y fue recíproco el gusto por sentirse parte de tus partes
y fueron testigos fríos
(plateados y fríos testigos)
de mis dientes hincándose en su regazo
de mi lengua hurgando en sus cavernas desiertas
de las voces susurrantes
y los gemidos tiernos que golpean
contra el lóbulo rosado que los aferra.
La Luna y la Serpiente mezclaron sus secretos
y no pudiendo hacerse dueñas de un alma que las una
juraron fusionarse con tu carne esclava
y desoír las voces, los gemidos, los lamentos
de quien no siendo parte de tus partes
mancille y desvanezca
las plateadas sinfonías de sus cuerpos.
Tus orillas
Todos los fuegos podrán
fecundar el fuego más helado de tu alma
serán las astillas de tu lengua las que desgarren
la carne,
y fluirá el embriagante perfume del hastío,
el amargo néctar de la calma
el dolor más leve amotinará a todos los secretos
y será ese instante de desolación y caos
cuando la magia se hará dueña sin saberlo
de todas las aguas que bañan tus orillas
Cielo yermo
Una más,
y la secreta razón que nos contiene
rayará las mejillas con sus filosas uñas
de sanguijuela hostil,
no me río más
de qué vale la risa en un labio
aterido por caminar por el delgado sendero del hastío
Comisura de plata
Cierra todas las puertas y deja que las aguas
se hagan presente por alguna rajadura
del alma que ya sabés, se está frunciendo
como un trapo viejo.
Uno, dos, tres
lustros, siglos, miedos, caras y
Otra más.
Y el cordón va a cortarse por el lado más gastado
(mordisqueado para hacerle honor a este
impulso)
© Daniel Augusto Di Trana