PROGRAMA ALFA III. PROYECTO EL GATE

 

Dra. Mirta Barreiro

 

Agradezco al Señor Vicerrector la ocasión de compartir con Uds. estos minutos. Entiendo que todos los aquí presentes estamos  involucrados o en la gestión de la cooperación internacional o, en la educación a distancia. Ambos temas son comprensivos de problemáticas actuales de la educación superior y creo que el valor de esta reunión, que convoca a instituciones de América Latina y Europa es justamente que propone pensar y actuar la cooperación internacional universitaria valiéndonos del recurso que la educación a distancia nos ofrece.         

En todo caso, uno de los desafíos que le cabe a este programa ALFA es hacer un aporte en la capacitación de recursos humanos en este campo lo que contribuirá a  sostener y consolidar las políticas y los resultados de la acciones que, muchos de Uds. ya están llevando a cabo desde sus instituciones.

 

El área de Cooperación Internacional en la educación superior es uno de los instrumentos de los que se valen las Universidades para llevar a cabo el conocido fenómeno de la internacionalización. No incursionaré en los diferentes significados del término “internacionalización”, pero cualquiera sea la definición que consideremos, lo cierto es que no estaríamos hoy pensando en la gestión de la cooperacion internacional, si no hubiera aparecido  la internacionalización como una estrategia de cambio generalizada en el ámbito universitario.

Este nuevo fenómeno, (o no tan nuevo para algunos) que irrumpió con fuerza generalizada hace casi 10 años, se  nutre de lo que Jane Knight da en llamar “approaches”. Ella describe cuatro aproximaciones básicas  a la internacionalización que son útiles para comprender mejor cuál es o debería ser la función propia del área de Cooperación aludida.

La autora remarca la existencia de: a) actividades, b) competencias, c) valores y d) procesos.

Las actividades son todas las propuestas académicas que se relacionan y  giran en torno a lo internacional: becas, intercambios, programas conjuntos de investigación, programas de titulación conjuntas, entre otros. Las competencias, enfocan a las prácticas que permiten el desarrollo de nuevas habilidades en los individuos, leáse estudiantes, staff o profesores.

El “ethos”, es la esencia, los valores, lo que da substancia al proceso que es el cuarto elemento de aproximación a la internacionalización. Estas dos últimas - ethos y proceso - son las que  miran a lo más profundo del sistema de la universidad y los que comprometen a toda la institución.

Si bien es cierto que las dos primeras (actividades y prácticas promovidas)  son funciones propia del área de gestión internacional, también las dos últimas son nuestra responsabilidad. La internacionalización como proceso,  que lleva un mensaje explícito al interior de las universidades es una política de mediano y largo plazo, propuesta al más alto nivel institucional que se retoalimento permanentemente con la fijaciòn de pautas nuevas, las demandas internas y las propuestas externas a las instituciones.  A su vez, esa decisión institucional y que nosotros resguardamos como gestores de lo internacional, se complementa con políticas públicas fijadas a través de los  Ministerio Nacionales que deberían  actuar como facilitadores de la cooperación académica.

 

El contar con un área específica de Cooperación o Relaciones Internacionales dentro de la Universidad condición necesaria pero no suficiente para garantizar buenas prácticas,  y mejores resultados. Como expresé, el contexto externo e interno favorables son presupuestos de la creación y puesta en marcha  del área de gestión.

 

Y aquí dejo planteadas algunas preguntas a modo de ejercicio individual: a) Siempre la creación de Oficinas Internacionales fue consecuencia de una estrategia estructural? Los países en vías de desarrollo como el nuestro, siguen sus propios lineamientos al momento de definir estrategias institucionales de cooperación académica? Se puede sostener en el largo plazo una cooperación internacional Sur-Norte, por ejemplo, madura, adulta,  sin que esto signifique profundizar las asimetrías que naturalmente existen entre ambas regiones?

Es cierto que estas preguntas responden al ethos, de la internacionalización y no precisamente a la gestión de lo internacional pero vuelvo a mi manifestación anterior, en el sentido de que también es nuestra función asesorar y contribuir a la reafirmación de la decisión política institucional.

Con alguna frecuencia observamos que   la creación del área de Cooperaciòn Internacional en nuestras universidades obedece  a la tendencia que marca la agenda internacional y  reproduce las modalidades y formas de trabajo que esas agendas señalan. Damos por sentado la utilidad de valerse de experiencias previas de regiones avanzadas del mundo. En el caso de nuestra institución, el trabajar con Europa, haber seguido de cerca los avances y retrocesos de la reforma de Bologna, haber participado de varios programas ALFA, haber concretado la puesta en marcha de programas conjuntos de Licenciatura y Master con universidades europeas nos permitió ganar una experiencia muy rica en el campo y, además, nos ayudó a reflexionar acerca de cómo las diferencias de  contexto: históricos, políticos, económicos; las condiciones de inequidad que registramos en nuestra región;  los niveles de desarrollo alcanzados en uno y otro espacio; la inversión hecha en educación superior; los recursos propios para generar y sostener políticas de largo plazo, son aspectos diferenciados que dan como resultado que el Sur y el Norte tienen  diferentes prioridades en cuanto a objetivos y formas de lograrlos.

Sin duda que el contar con espacios de colaboración como el que propicia este proyecto ALFA es importante porque justamente permite volcar experiencia acumulada en estos años y revalorizar el aporte que América latina puede tambièn hacer a Europa.

 

Desde América Latina, entiendo que el  espacio destinado a la Cooperación Internacional en la Universidad, debería repensarse para proponer líneas de cooperación horizontal asociativa que minimicen los riesgos de la cooperación entre socios asimétricos.  Si aceptamos como algunos autores lo sostienen (Sylvie Didou, por ejemplo), que desde los ´90  las universidades de la región, presionadas o voluntariamente han  tomado este desafío, podemos decir que estamos ya en camino de adquirir la mayoría de edad y ya podemos plantear nuestra propia agenda y proponer la colaboración y cooperación haciéndonos cargo de nuestra realidad e inventariando los beneficios y ventajas que otras regiones del mundo pueden tomar de nosotros.

Imagino a las Direcciones de Cooperación Internacional como puntos focales institucionales  que transmitan y velen porque la internacionalización deje de enunciarse,  para vivirse desde las Facultades, Secretarías Generales, Secretarías Académicas y Administrativas de las universidade. Si apostamos por una estrategia institucional integral, de mediano y largo plazo, todos, al interior de las instituciones debemos contribuir para facilitar este proceso. Lograr consensos perdurables, regionales,  en temas como la adecuación de planes de estudio; flexibilización del sistema de equivalencias o reconocimiento de créditos; estímulo para el aprendizaje de segundas lenguas; facilitación de los procesos de inscripción de alumnos extranjeros; capacitación en formulación de proyectos internacionales para fomento de la investigación, construcción de curriculum flexibles; interacción con agencias de acreditación de la región; entre tantos otros, será éste un paso vital para construir procesos duraderos que den cuenta del ethos propio    de nuestros países e instituciones de Educaciòn Superior.

Los programas ALFA justamente lo que han estimulado es la accion conjunta entre universidades de A.L. Nosotros  debemos consolidar en el tiempo esos vínculos que muchas veces se crean por necesidades coyunturales y luego se tornan erráticos.     

  Desde los gobiernos, es vital contar con políticas de educaciòn superior y migratorias razonables y equilibradas.

 

Referido al primer punto, los Ministerios de Educación muchas veces declaman en favor de la internacionalización, pero en la práctica no favorecen sus actividades. En nuestro país, por ejemplo, todavía subsiste cierta tendencia sectaria que restringe el financiamiento para participar de programas de investigación conjunta, a las universidades de gestión privada; asimismo, no hay fondos asignados de forma permanente a la movilidad: no existe una política de flexibilización para facilitar el reconocimiento automático de experiencias hechas en el exterior; tampoco hay un sistema de homologación de títulos y diploma ágil.

Respecto de las políticas migratorias, las mismas deberían ser más flexibles y coherentes al momento de regular ingreso y permanencia de personas relacionadas con  la actividad académica. En muchos casos, se trasladan las responsabilidades de control migratorio en las instituciones y se obstaculiza con exceso de trámites  y costos la regularización de ls actores o beneficiarios de cooperación.

Para finalizar: estamos ante escenarios cambiantes que ponen a prueba nuestra capacidad de reflexión crítica y de acción. La internacionalizacion de la Educaciòn Superior es un tema complejo   y como tal demanda un análisis y acciones complejas. En mi opinión, debemos producir aún más conocimiento respecto de esta temática porque a pesar de que mucho se ha escrito, también desde América Latina, no contamos aún con datos en cantidad y de calidad para extraer conclusiones sobre bases ciertas.

Proyectos como el que hoy nos convoca tienen una utilidad mu clara porque también sirven para relevar el estado del arte y ponernos  en tensión acerca de cómo trabajamos quienes gestionamos la Cooperación Internacional. Se nos da una oportunidad  de diálogo y mejora,  y como tal debe celebrarse.

    

Muchas gracias,