Gobierno de los otros y Gobierno de sí: la estética de la existencia como resistencia al bio-poder.
Luis F. Blengino
En esta ponencia me propongo analizar, a partir de la noción de resistencia, la relación entre la ética entendida como estética de la existencia y el bio-poder.
En este sentido, se pretende que el pasaje de la problemática biopolítica a la ética en la obra de Foucault debe comprenderse a la luz de la categoría de ‘resistencia’. Así, la gubernamentalidad, a través de las diferentes articulaciones entre el gobierno de los otros (la esfera política) y el gobierno de sí (la esfera ética) permitiría explicar de qué modo el viraje foucaulteano hacia la problemática ética como una nueva dimensión de su obra es sólo aparente pues correspondería a la articulación de estrategias de resistencia al poder político.
Con este objetivo, en primer lugar será preciso señalar en términos generales en qué consiste la concepción focuaulteana del poder en el último período de su pensamiento. En segundo lugar, se hará referencia al concepto foucaulteano de ética y por último, se intentará comprender la indagación de las diferentes maneras de relación entre el poder político y los modos de subjetivación a partir de postular el carácter fundamental del concepto de resistencia.
I. El Gobierno de los otros.
Foucault plantea su análisis del poder sobre el eje Poder-libertad-dominio. El poder no es del orden de la represión sino que tiene un carácter formador, productor: el poder crea a los sujetos. Y esto en los dos sentidos de la palabra sujeto tal como la entiende Foucault: a) como sujeto sujetado al control y dependencia del otro; b) como sujeto a la propia identidad por las diferentes prácticas de sí (Castro, 2004: 262). En efecto las relaciones de poder deben entenderse a la luz del concepto de gobierno en tanto que conducta a través de la que uno intenta dirigir la conducta del otro. Ejercer un poder es actuar sobre la conducta de otro en tanto que ese otro a su vez es un sujeto actuante. Por lo tanto las relaciones de poder son relaciones móviles, es decir que pueden modificarse, que son reversibles y que sólo existen en la medida en que hay un sujeto que es libre. En el momento en que el sujeto deja de ser libre la relación pasa a ser una relación de dominación. De esta manera, en las relaciones de poder existen necesariamente, como su condición, las posibilidades de resistencia a ese poder, de ejercer la propia libertad. "La libertad puede aparecer como la condición para el ejercicio del poder (y al mismo tiempo como su precondición, dado que la libertad debe existir para que se ejerza, y también como su soporte permanente, dado que sin la posibilidad de la resistencia, el poder sería equivalente a la determinación física)" (Foucault, 2001b: 254)
El poder en términos de gobierno puede ejercerse sobre los otros y sobre sí mismo y "los modos de objetivación-subjetivación se sitúan en el cruce de estos dos ejes" (Castro, 2004: 151). Asimismo las estrategias de resistencia. En este sentido, en Las técnicas de sí Foucault define la gubernamentalidad como "la confluencia entre las técnicas de dominación ejercidas sobre los otros y las técnicas de sí mismo" (Foucault, 1999: 445)
Por otro lado, respecto de la configuración que han adoptado en occidente las relaciones de poder Foucault señala el nacimiento de un modo de poder que se organiza en torno a la vida, no sólo para su conservación sino sobre todo para su gobierno, su disposición, su reproducción controlada, etc. con el objetivo de fortalecer las fuerzas del Estado. Éste es el bio-poder cuya finalidad es el hacer vivir y el cómo hacer vivir: la vida y su configuración útil. Este bio-poder se ha organizado en dos formas complementarias: Disciplina y Biopolítica. La disciplina tiene como objetivo el cuerpo de los individuos, toma en consideración fenómenos individuales y sirviéndose de mecanismos de enderezamiento de los cuerpos se propone modelar cuerpos dóciles (políticamente) y útiles (económicamente) grabando la norma en ellos. Por el contrario el objetivo de la biopolítica es el cuerpo múltiple, la población, el hombre en tanto que pertenece a una especie, y para esto toma en consideración fenómenos colectivos y, a través de mecanismos de previsión y de estadística, busca el equilibrio de la población, su regulación y normalización. (Castro, 2004: 45) De este modo "una sociedad normalizadora fue el efecto histórico de una tecnología de poder centrada en la vida" (Foucault, 2000b: 175). La disciplina tiende a normalizar a los individuos a través de una práctica de normación de sus conductas. La biopolítica, a partir de la regulación de los procesos biológicos, persigue como finalidad la normalización de la población (Foucault, 2006: 83-84).
II. El gobierno de sí mismo.
El giro de Foucault hacia la ética greco-romana debe entenderse no sólo en términos de una genealogía de la relación entre sujeto y verdad sino también como el intento de comprender cómo era una época en que no existía un poder normalizador. La ética antigua estaba planteada como una estética cuyo telos era el gobierno de sí, el dominio de sí mismo.
Como ya he señalado las relaciones de poder suponen la libertad de los sujetos que se encuentran inmersos en las mismas. Y en efecto el poder produce sujetos a partir de la constitución de determinados modos de subjetivación que permiten la sujeción a una determinada identidad y a través de ella a los demás. De este modo, el poder no es del orden de la represión y la opresión de un sujeto previamente constituido sino que consiste en determinar el campo de la acción posible de los sujetos en tanto que constituidos en tales sujetos. De esta manera si las relaciones de poder encuentran su primer anclaje en la relación que uno establece consigo mismo, es decir en el modo de subjetivación, entonces deberá ser en esa relación que habrá que buscar los modos de resistencia a ese poder. En este punto debe señalarse la relación establecida por Foucault entre ética (la relación de uno consigo mismo) y libertad: "la libertad es la condición ontológica de la ética; pero la ética es la forma reflexiva que adopta la libertad" (Foucault, 1996: 98). En esta definición la categoría ‘reflexiva’ debe ser entendida en su doble sentido: a) es el modo en que el sujeto vuelve sobre sí mismo y ejerce un tipo de poder sobre el sí mismo; b) implica una relación de conocimiento, de crítica respecto de lo que dio lugar a la formación de esa determinada subjetividad que vuelve sobre sí en ese acto reflexivo. De esta manera, la ética aparece ligada íntimamente por un lado a la política en la medida en que esta ejerce su poder a través de aquella, es decir, de la configuración de determinados modos de objetivación-subjetivación de los individuos y por otro lado a las nociones de ‘cuidado de sí’, ‘conocimiento de sí’ y ‘gobierno de sí’ tal como son analizadas en el pensamiento y las prácticas de la antigüedad greco-romana.
III. Resistencia.
Como señala Foucault en La voluntad de saber "donde hay poder hay resistencia, y no obstante (o mejor, por lo mismo), ésta nunca está en posición de exterioridad respecto del poder. […] Por definición [las resistencias] no pueden existir sino en el campo estratégico de las relaciones de poder. Pero ello no significa que sólo sean su contrapartida, la marca en hueco de un vaciado del poder, formando respecto de la esencial dominación un revés finalmente siempre pasivo, destinado a la indefinida derrota" (Foucault, 2000b: 116-117) Es decir, que la categoría ‘resistencia’ no debe entenderse sólo en su aspecto negativo sino que posee una positividad, que hace posible revertir y configurar nuevas relaciones de poder. En este mismo sentido Foucault se refiere a las resistencias a un poder cuyo objetivo es la determinación de las conductas como rebeliones de conducta o ‘contraconductas’ en tanto que movimientos que tienen a su vez como objetivo otra conducta, no simplemente el rechazo de la que se les pretende imponer: "son además movimientos que procuran […] escapar a la conducta de los otros y definir para cada uno la manera de conducirse" (Foucault, 2006: 225) Es en este punto en el que debe explicarse el vínculo entre las técnicas de sujeción y las prácticas de subjetivación a partir del concepto de ‘resistencia’. Pues estas resistencias son luchas que cuestionan el estatus del individuo: "no son exactamente a favor o en contra del ‘individuo’, sino que más bien se trata de luchas contra el ‘gobierno de la individualización’", cuestionan el régimen de saber y giran en torno a la cuestión ¿quiénes somos? Son luchas "contra lo que liga al individuo a sí mismo y lo somete a otros en esta forma (lucha contra la sujeción, contra las formas de subjetividad y de sumisión)" (Foucault, 2001b: 244-245). Por lo tanto se comprende que el viraje hacia la ética no es más que un modo de responder a la cuestión de la sujeción política. En este sentido Foucault afirma que "no hay otro punto, primero y último, de resistencia al poder político que en la relación de sí consigo" (Foucault, 2002: 246).
En consonancia con esto, a lo largo de La hermenéutica del sujeto puede rastrearse el vínculo esencial entre el gobierno de sí y el ejercicio de una resistencia a los modos impuestos de sujeción. Por ejemplo, Foucault señala que
Salvarse [en la filosofía helenística y romana] no tiene simplemente valor negativo […] Salvarse tiene significaciones positivas […] un alma se salva cuando está convenientemente armada […] Quien se salva es aquel que se encuentra en un estado de alerta, en un estado de resistencia, en un estado de dominio y soberanía de sí que le permite rechazar todos los ataques y todos los asaltos. Del mismo modo salvarse querrá decir escapar a una dominación o una esclavitud; escapar a una coacción que nos amenaza y recuperar nuestros derechos, nuestra libertad, nuestra independencia […] Digamos, en una palabra, que la salvación es la forma a la vez vigilante, continua y consumada de la relación consigo que se cierra sobre sí mismo. (Foucault, 2002: 183-184)
Si embargo no debe creerse que el viraje hacia la ética antigua fue realizado con el objetivo de encontrar allí una alternativa al modo específico de ejercicio del poder en la modernidad. Y respecto de esto Foucault es claro: "quiero hacer la historia de las soluciones y por esta razón no acepto el término alternativa; me gustaría hacer la genealogía de los problemas, de las problemáticas" (Foucault, 1996: 12). Este trabajo genealógico se enmarca en el horizonte de una ontología histórica del presente que por una parte permite llevar a cabo la ontología crítica de nosotros mismos en tanto que seres libres y que por otra debe ser entendida como una puesta a prueba de los límites que se pueden superar, transgredir. Como señala Foucault "entre las investigaciones culturales de la humanidad, existe un tesoro de artificios, técnicas, ideas, procedimientos y otras cosas más, que no puede ser exactamente reactivado, pero que al menos constituye o ayuda a constituir, cierto punto de vista de lo que puede ser más útil como instrumento para el análisis de aquello que está ocurriendo en este momento –y cambiarlo-" (Foucault, 2001b: 269, la itálica es nuestra) Es esta ontología del presente en la que se debe buscar el nexo entre ética y resistencia pues implica tanto la reflexión respecto de lo que hemos llegado a ser cuanto una acción transgresora respecto de los límites de eso que hemos llegado a ser. En esto reside el interés foucaulteano por la ética antigua en la que encuentra un instrumento que puede ayudar al cambio, es decir que puede ser útil a la configuración de modos de resistencia específicos a un poder también especifico. Pues si el poder político se ha organizado en torno de la vida para intentar gobernarla es en la práctica reflexiva de uno consigo mismo en la que uno adquirirá el gobierno de sí configurando su propia vida. En este mismo sentido frente al bio-poder entendido como el modo en que el poder hace vivir y configura modos de vida dóciles y útiles la ética en tanto que estética de la existencia se opone tomando a la propia vida como objeto de creación, como obra de arte. Puede interpretarse a la luz de esto la afirmación de Foucault en La voluntad de saber según la cual "contra este poder aún nuevo en el siglo XIX, las fuerzas que resisten se apoyaron en lo mismo que aquél invadía –es decir, en la vida del hombre en tanto que ser viviente […] Lo que se reivindica y sirve de objetivo, es la vida […] La vida como objeto político fue en cierto modo tomada al pie de la letra y vuelta contra el sistema que pretendía controlarla" (Foucault, 2000b: 175). Por lo tanto es a partir de la categoría de ‘resistencia’ que se debe entender la ética como estética de la existencia en su vínculo con la política como bio-poder. Así, se puede concluir afirmando el carácter fundamental del concepto de resistencia en la obra de Foucault, sobre todo para comprender el paso de la problemática del poder al de la ética.
Bibliografía: