La filosofía política y el deseo

Beatriz Gercman

En el corazón de lo que se llama civilización tenemos razón de la necesidad de hablar de o a un Dios cuyo atributo dominante ha sido su ausencia o su nada. Las palabras nos hicieron falta y les hemos hecho falta. Una dialéctica de defección recíproca o, en su defecto, una entrega a la facticidad del discurso sin alcanzar sus posibilidades esenciales.

Steiner lo concibe como la salida de Dios del lenguaje, es decir, la salida de Dios de los límites de la experiencia humana. Pero cercano a un concepto de historia y de acontecimiento que pone en juego la potencia de la subjetividad y la palabra.

Heidegger le dirá a K. Löwith que es su concepto de historicidad, la manera en que elabora la termporalidad del Dasein, es decir la manera en que entiende en SuZ el sentido temporal de la existencia, el que ha sido el fundamento de su compromiso con el nacionalsocialismo y de su abandono de una posición demasiado subjetivista.

Heidegger habría perdido ‘una dimensión vital’ de su propia filosofía.

En la última sección de SuZ se fuerza el tema de la comunidad, llevándola a historización destinal. El pensamiento de la comunidad se aleja de lo que la comunidad tiene de impolíticidad

La constitución temporal de la existencia, su historicidad, el modo histórico propio de existir del Dasein. Si éste en la resolución precursora asume su facticidad, se coloca en la decisión por posibilidades que no se toman de la muerte sino las que estarán pretrazadas en la explicación pública media que el Dasein se da a sí mismo. Se produce el encuentro con posibilidades ya dadas, no producidas libremente, sino abiertas a partir de una herencia asumida a partir de una libertad, es decir de una herencia que se ha elegido asumir.

De este modo el análisis de la historicidad pone en juego una conjunción cara a Heidegger: sólo la asignación impotente del Dasein a la predonación del ente le otorga la asignación superpotente a la comprensión del ser. Esta conjunción se denominará Destino. Pues el Dasein auténtico es en ese sentido histórico, como destinado. En esta historia el centro quedará puesto en el advenir y no en el pasado ni en el presente.

Dasein es posibilidad lo es en tanto ésta viene de los otros, destino que recibe su dirección de la comunidad de destino que lo une a aquellos con los cuales es.

Es esta noción Destino como advenir auténtico pleno es lo que hará decir a R. Espósito que el más consciente pensamiento de la comunidad cae en su negación más desvastadora. Sostiene que, a despecho de la analítica de Dasein, Heidegger llegará a darle a la comunidad de destino, las marcas nacionales de una supuestamente verdadera comunidad alemana.

Le reprocha que aunque el lenguaje sea heterogéneo al de la sangre y el suelo, no haya terminado de rechazarlo por haber estado inmerso en el cortocircuito ideológico del defendido particularismo de una comunidad nacional frente al rechazado ‘cosmopolitismo del espíritu’, que no conlleva los principios de particularización y distinción que no pueden alcanzarse en ninguna democrática igualdad de derechos ante la ley.

Espósito ve, más allá de esta mera oposición ideológica, un mecanismo de negación que hace necesario preguntarse cuáles son las vías conceptuales por las cuales un pensamiento de la comunidad cae en su negación, haciéndose cargo de esa dialéctica de defección recíproca señalada por Steiner y que invita a pensar teniendo in mente todo aquello de la realidad histórica que da cuenta del horror efectivamente producido.

"Pero si el ‘ser-ahí’ que es en forma de ‘destino individual’ existe, en cuanto ‘ser en el mundo’, esencialmente en el ‘ser con’ otros, es su gestarse histórico un ‘gestarse con’ y constituido como ‘destino colectivo.’ Con esta expresión designamos el gestarse histórico de una comunidad, del pueblo."

Espósito señala la deriva de un discurso -el heideggeriano- que habría ido traduciendo la semántica comunitaria al modo histórico-político, abandonando el pensamiento de la comunidad, con su fuerza de genitivo.

En realidad, para Espósito, dos marcas pondrían en juego esta deriva del discurso: el juego entre propio-impropio que produce la analítica del Dasein, por un lado, pero por otro lado, y más importante para nuestro tema, la referencia vertical a la unicidad absoluta de la muerte más y más propia que luego ser verá coronada con la idea de historicidad. En está idea Heidegger disminuye la horizontalidad del "ser con" acorde con su noción devaluda del espacio público.

La comunidad, será presupuesta como algo que precede a la condición subjetiva, y puesta como lo que debe ser reencontrado. En este caso como destino y, luego además, proyectada según su esencia originaria.

El pensamiento de la comunidad transformará el en-común de todos sin ninguna comunidad sustancial por una comunidad. De ahí que luego pueda llegarse al elogio de una comunidad particular.

En la analítica del Dasein, el cuidado era modalidad suficiente para dejar aparecer el carácter opaco de la comunidad. Una comunidad en cuya base no se ubica el interés individual: reciprocidad de una comunidad que se determina por el cuidado tanto como el cuidado quedaba determinado por la comunidad. Una comunidad que no libera del cuidado como la exclusiva democracia griega sino lo que libera hacia él, en tanto el cuidado es lo que la hace posible. La comunidad y el cuidado en una dialéctica recíproca que responde a un ser en común.

Al corresponder a nuestro ser en común, quedaba más allá de una efectuación histórica o empírica, como si fuera una sustancia. Una impoliticidad que hace a la constitución de una subjetividad en la forma de alteración y la absoluta desposesión de sí.

Pero al introducir tardíamente en la analítica de la existencia el tema de la comunidad, por fuera de los análisis del ser-con, Heidegger habría ‘cedido en su deseo’. Y ceder en el deseo es, en la acepción psicoanalítica, aquello de lo único que se puede ser culpable.

¿De qué es culpable? De borrar el potencial vital de su pensamiento, haciendo de la comunidad lo que debe ser reconocido en nuestro destino –cuasi more hegeliano- y proyectado según una esencia originaria hacia el futuro.

"Existiendo bajo la forma de destino individual", en el estado de resuelto" que hace tradición" de si mismo. Es el ‘ser ahí’, en cuanto ser en el mundo’, abierto para dar la bienvenida a las circunstancias felices’ y para la crueldad de los accidentes. Pero la comunidad también aparece determinada por su estado de yecto en una situación contingente en la cual debe elegir y asumir su destino. La repetición de una posibilidad de existencia que ha sido –posibilidad de que el Dasein elija su héroe- se basa en una resolución anticipatoria. El pueblo también repite una posibilidad pasada, modo auténtico y antitético del pueblo que asume su destino diferente a la sociedad moderna del das Man." (SuZ.)

Cedió en su deseo, no se atuvo al enfoque trascendental subjetivista también presente en SuZ, cedió y huyó, pero huir es estar en relación consigo mismo. Un intento, no desesperado, pero inevitable de dejar atrás el potencial de la subjetividad moderna. Luego llegó a pensar al mortal que vive el malestar de la ausencia de dios como un modo del mundo de mundanizarse, ya más lejos de lo que en SuZ, cuando el mundo tenga una estructura diferente a la planteada en SuZ.

¿Los términos tienen resonancias ominosas e intimidantes? En todo caso, también aquí estos mortales tienen resonancias particularistas de una experiencia personal, demasiado personal.