Primeras Jornadas Internacionales de Ética  "No matarás"
Facultad de Filosofía, Historia y Letras - Universidad del Salvador
Buenos Aires, 17, 18 y 19 de mayo del 2000

 

SIMBOLISMO Y POSIBILIDAD DE COMUNICACIÓN
SEGÚN LA CRÍTICA DE LA FACULTAD DE JUZGAR

Daniel Leserre

            La expresión usual "Debes decir la verdad" puede servirnos para comenzar a identificar el tema de la presente comunicación. Esta trata del "deber decir", o sea, de una cuestión que puede ser enmarcada en lo que, en forma genérica, se puede entender por "ética de la comunicación". Con ello, no intento referirme a una orientación de la reflexión ética específica, sino, de manera muy general, a una consideración filosófica respecto de la acción de decir y sus implicaciones. Con la finalidad de sugerir qué se entiende o puede entenderse por "ética de la comunicación", señalaré lo siguiente.

                        Tomaré como una cuestión central de la "ética de la comunicación" el problema o, seguramente mejor, el conjunto de problemas indicados en la proposición siete del TractatusLogico-Philosophicus: "Sobre lo que no se puede hablar, se debe callar." (L. Wittgenstein Tractatus Logico-Philosophicus, London, Routledge & Kegan Paul, 1960, 7). Partiré, entonces, del supuesto de que esta afirmación puede valer como claro ejemplo de enunciado normativo de una "ética de la comunicación". La intención de la presente comunicación radica, entonces, en lo siguiente: a partir de haber identificado esta cuestión central de una"ética de la comunicación", la de que se debe callar acerca de lo que no se puede hablar,  analizar cómo ha sido considerada por la reflexión kantiana, tomando como guía su exposición en el § 59 de la Crítica de la facultad de juzgar  (Me referiré a la edición B, según I. Kant, Kritik der Urteilkscraft (KU),F. Meiner, Hamburgo, 1974),  cuyo título es "Acerca de la belleza como símbolo de la moralidad".  De acuerdo con ello, me propongo a continuación señalar la articulación de una argumentación que puede ser reconstruida como respuesta kantiana a la cuestión planteada por Wittgenstein; y, así, señalar un aspecto del aporte de la reflexión kantiana en la Crítica de la facultad de juzgar a una "ética de la comunicación".

            Debemos comenzar por recordar que dicha argumentación kantiana se construye sobre la base de la diferencia entre facultad de juzgar determinante y reflexionante. "Facultad de juzgar reflexionante estética" es el concepto teórico articulador de la primera parte de la Crítica de la facultad de juzgar. La consideración en el § 59 se ubica en el marco del análisis de la relación entre concepto e intuición; su inicio indica claramente el problema que nos va a ocupar: "Para exhibir la realidad de nuestros conceptos se exigen siempre intuiciones." Si los conceptos son empíricos, entonces, las intuiciones son llamadas ejemplos; si se trata de conceptos puros del entendimiento, estas son denominadas esquemas (KU, B254). Ahora bien, en el caso de que se quisiera exhibir la realidad objetiva de los conceptos de la razón, es decir, de las ideas,  sostiene Kant, "se desea algo imposible, porque no puede, de ningún modo, darse intuición alguna que les sea adecuada" (KU, B 254).

Concepto e intuición pueden relacionarse de diferentes modos, según el tipo de concepto del que se trate y de la forma acorde con la cual se le brinde intuición. Dejando de lado los casos de los conceptos empíricos y de los conceptos matemáticos, las formas de relación entre concepto e intuición son esquematismo y simbolismo. En el caso del esquematismo, al concepto originado en el entendimiento le es dada, a priori, una intuición correspondiente; mientras que en el simbolismo, el concepto originado en la razón no encuentra intuición sensible alguna que pueda corresponderle. Dada esta carencia de una intuición correspondiente que pueda ser subordinada al concepto por medio del esquema, la facultad de juicio procede, entonces, de una manera analógica. En el procedimiento analógico, un concepto es referido a su posible objeto, pero, en ausencia de una intuición correspondiente, esta referencia tiene lugar a través de otro concepto al cual, sí, le es dada una intuición. Este tipo de representación simbólica es intuitiva y no discursiva. Kant distingue  entre este sentido de "símbolo" y el usual en la lógica de su época, según el cual los símbolos son "meros caracteres, es decir, designaciones de los conceptos por medio de notas sensibles que los acompañan, y que no contienen nada que pertenezca a la intuición del objeto, sino que sólo sirven a aquellos de medio de reproducción, según la ley de la asociación de la imaginación" (KU, B 255). Ejemplos de símbolos en este sentido de caracteres son las palabras y los signos algebraicos. El símbolo, en sentido propio, es una exhibición intuitiva, es decir es una forma de presentación de un objeto, aun cuando de manera indirecta. Es decir, reiterando y sintetizando, esquematismo y simbolismo son las formas de procurarles significado a los conceptos.

            Correlativamente, las intuiciones que se ponen bajo conceptos a priori  son esquemas o símbolos; los primeros contienen exhibiciones directas del concepto, los segundos indirectas. Los primeros lo hacen demostrativamente; los segundos, por medio de una analogía.  El símbolo adquiere, de este modo, significado en relación con lo que puede, por así decir, "verse" en él [1]. De este modo, el símbolo tiene su "propio ser sensible" [2], es exhibición y no meramente designación. En este sentido, el simbolismo desempeña una función semejante al esquematismo. En el simbolismo, se produce también una relación entre entendimiento y sensibilidad por medio de la imaginación, pero aquí, por medio de la analogía. La representación analógica se funda en la función de la capacidad reflexionante de juzgar (mientras que el esquematismo se realiza en la función determinante). En ella, la capacidad de juzgar ejecuta una doble operación; en primer lugar, aplica el concepto al objeto de una intuición y, en segundo término, yendo más allá de esta, emplea la regla de la reflexión, aplicada en el primer caso, a otro objeto completamente distinto del cual el primer concepto es sólo un símbolo.

            La diferencia entre esquematismo y simbolismo como formas de otorgar significado a los conceptos indica, en primer lugar, el enfoque complementario de la Critica de la facultad de juzgar respecto de la Crítica de la razón pura. En la Deducción trascendental, en la Crítica de la razón pura, se plantea la posibilidad de que los conceptos lleguen a tener realidad objetiva, es decir, lleguen a tener significado. Aquí, en la Critica de la facultad de juzgar, se discute la posible objetividad del juicio estético. En este caso, en tanto el juicio estético pretende una universalidad y necesidad para todo sujeto, también requiere una deducción, es decir, una legitimación que descanse en un principio a priori. Pero aquí, el resultado no es, precisamente, la objetividad, puesto que "el juicio de gusto determina su objeto", no ya como objetivo, sino "como si fuese objetivo".(KU, B 136.) Aquí la "intuición" está dada por la imaginación que "esquematiza sin concepto" (KU, B 146). De esta manera, resulta posible establecer, desde el punto de vista de la reflexión acerca del lenguaje y el significado un paralelismo entre la deducción de los conceptos puros llevados a cabo en la Critica de la razón pura y la deducción de juicios estéticos puros en la Crítica de la facultad de juzgar; aquí, el concepto de comunicación se construye sobre el de significado, al que reemplaza.

            Pero la doctrina kantiana del simbolismo muestra, en segundo lugar, que el desarrollo de la diferencia entre las dos obras críticas mencionadas conduce, precisamente, al análisis de lo que no se puede decir. Tal, el caso de lo indicado por las ideas estéticas; éstas no pueden ser integralmente expresadas por "ningún lenguaje". Ellas son representaciones de la imaginación que pueden ser llamadas ideas, porque: a) tienden a algo que se halla sobre los límites de la experiencia, y, así, buscan aproximarse a una exhibición de los conceptos de la razón (de las ideas intelectuales), lo cual les da la apariencia de una realidad objetiva, y b)  porque "en cuanto intuiciones internas, ningún concepto puede serles enteramente adecuado." (KU, B 194).Ellas, en tanto representaciones de la imaginación, inducen al pensamiento, sin poder, sin embargo, ser determinadas y precisadas en un concepto. La idea estética se halla asociada a representaciones como resultado del libre uso de la imaginación, y, al no encontrar una expresión que indique un determinado concepto, hace que, "en un concepto pensemos muchas cosas innombrables, cuyo sentimiento vivifica las facultades de conocer, y se enlaza al lenguaje, en tanto mera letra."(KU, B 197). La idea estética comunica, da pie para pensar en "algo" más allá de lo que las palabras pueden expresar de su concepto, puesto que ella consiste en "atributos (estéticos) de un objeto cuyo concepto, como idea de la razón, no puede ser expuesto adecuadamente" (KU, B 195). Por ello, "ningún lenguaje puede alcanzar plenamente" la idea estética y "hacerla comprensible" (KU ', B 193). La reflexión kantiana sobre la idea estética señala el límite de una posibilidad de comunicación objetiva más allá del concepto y, con ello, los"límites" del lenguaje.

            Precisamente, el lenguaje, como tal, ilustra una forma por excelencia del simbolismo. Dice Kant: "Nuestra lengua está llena de semejantes exposiciones indirectas, según una analogía, en las cuales la expresión no encierra propiamente el esquema para el concepto, sino sólo un símbolo para la reflexión." (KU, B 257).  Kant ilustra este funcionamiento del lenguaje a través de ejemplos del léxico filosófico. Así, las palabras fundamento (apoyo, base), depender (ser tenido desde arriba), seguir de, sustancia (el portador de los accidentes) son representaciones simbólicas; son expresiones para conceptos, no por medio de una intuición directa, sino sólo según la analogía, es decir, según la translación de la reflexión, de un objeto de la intuición a otro concepto totalmente distinto, al cual, quizá, no pueda jamás corresponder una intuición. En la palabra "fundamento" se sugiere la imagen de apoyo, de base; en "depender", la de estar sostenido desde arriba. La palabra "sustancia" induce la imagen del portador de algo. El lenguaje entonces, en tanto simbolismo, cumple con la función de volver sensible al concepto; brinda, por medio de imágenes asociadas analógicamente, un acceso a los conceptos puros. En tanto exposición simbólica, el lenguaje brinda al concepto—que la razón sólo puede pensar—una integración específicamente estética ("estética" en el doble sentido del término) a través de la determinación analógica del concepto. El lenguaje, como tal, suministra imágenes en las cuales se manifiesta lo inteligible. De este modo, bajo el título de simbolismo, se indica una manera de expresar indirectamente lo que no se puede decir. 

            Volvamos a nuestro punto departida, la cuestión planteada en la proposición 7 del Tractatus, como ejemplo de enunciado típico de una "ética de la comunicación". Una lectura de la concepción kantiana del simbolismo permite sugerir las siguiente conclusión. Respecto de lo afirmado en la proposición, puede decirse que el simbolismo es la posibilidad de representar indirectamente aquello acerca de lo que no se puede hablar. A ello, se orienta el arte en general, pero, precisamente, también el lenguaje como tal. Desde este punto de vista, el lenguaje, en tanto símbolo da qué pensar. La reflexión filosófica de Kant acerca del lenguaje deja necesariamente abierta, entonces, la posibilidad de comprender el lenguaje como lo que va "más allá" del mundo como significado, es decir, deja abierta la posibilidad del símbolo, en tanto este testimonia lo inexpresable. Kant sostiene que se puede decir lo indecible, pero sólo simbólicamente. Pero, en segundo término, al considerar el lenguaje desde el punto de vista de la "belleza como símbolo de la moralidad, la reflexión filosófica de la comunicación, que se halla en el texto kantiano, es, de manera más acorde con su propio horizonte conceptual, antes que una "ética de la comunicación", una "estética de la comunicación". Ella se identifica no por prescribir, sino por proponer. Ella no prescribe que se debe callar acerca de lo que no se puede decir, sino que indica posibilidades de referirse indirectamente a ello. Paralelamente, de manera algo sorprendente, precisamente en el contexto del Tractactus sostiene Wittgenstein: "Etica y estética son una" (6.4. 2. 1.). La posición de Kant respecto de la cuestión planteada al comienzo puede ser descripta así: "sobre lo que no se puede hablar, se pueden identificar, construir  símbolos". Con ello, no se llega a establecer un significado objetivo, sino a proponer formas de ver y comprender en el libre juego de las perspectivas individuales. Pero, de este modo, no se hace sino poner en acto la humanidad, ya que, según él, "humanidad significa la capacidad de poder comunicarse  íntima y universalmente''(KU, B 262).

 


[1] El símbolo "no sólo pertenece a la esfera del logos" sino a la realidad sensible puesto que "no tiene su significado en la relación con otro significado, sino que su propio ser sensible tiene significado. Es, de un modo primordial aquello donde se puede conocer algo otro". H. Gadamer, Wahrhelt und Methode,Tubinga, 1960, p. 68. En él tiene lugar una "interconexión metafísica entre lo visible y lo invisible", H.Gadamer, op. cit., p. 69.

[2] H GADAMER, op. cil., p. 68. 31 Cfr H. GADAMER, op. cit., p. 71. 

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