La resignificación de las devociones populares y la banalización del Folklore

Margarita E. Gentile, Irma C. Sousa, Marcos A. Faletti

Introducción

Al presentar en el marco del eje temático "Ética, religión y cultura", -con énfasis en la polifonía cultural y religiosa-, un tema como el de la resignificación de las devociones populares desde el Arte y su consecuencia en la banalización del Folklore, nos proponemos compartir con ustedes nuestras reflexiones.

La pertinencia del tema se basa en que las imágenes, conceptos y creencias son algunos tipos de vehículos semánticos que, como tales, pueden ser incluídos en las indagaciones de la Filosofía.

Nuestro interés en este asunto surgió de la observación directa del tratamiento que se les dá en los medios masivos de comunicación, los cuales presuponen que las devociones populares se presentan sólo de determinada manera, limitándose a una descripción graficada abundante y coloridamente, en un todo de acuerdo con pautas generalizadas.

Se viene afirmando, además, que aunque se explota la credulidad de "la gente", sin embargo las consecuencias no van más allá de la frustración que dicha "gente" seguramente sufrirá cuando compruebe que ha puesto su Fe en "algo" que no puede ayudarle, pero sin negar la posibilidad de que la fe mueva montañas y que la migración de una devoción a otra sea la actitud adecuada, lógica.

En los últimos años, algunos sitios de culto tanto como la devoción en sí se transformaron en fuente de inspiración para artistas plásticos quienes aplicaron mecánicamente al tema conceptos en materia de Arte surgidos a principios del siglo XX en contextos diversos de los actuales. En lo que sigue veremos estos asuntos por separado para luego reunirlos en una propuesta de reflexión.

Consideraciones previas

Las llamadas "devociones populares" fueron, en nuestro país, objetos de estudio del Folklore bajo nombres como "creencias", "mitos", "leyendas", "leyendas de creencia", "contar milagroso", en tanto que los milagros del santo eran "sucedidos", "relatos", "historias", etcétera.

Uno de nosotros clasificó en familiares y grupales a aquellas devociones de las que se obtuvieron datos fehacientes acerca de su origen y desarrollo (Gentile, 2005ep); en esos casos la devoción tomaba forma mediante la actividad decidida y constante de familiares, vecinos y/o amigos del futuro santo; tras una etapa de elaboración de la historia y tipos de milagros, podía expandirse e incorporar a personas lejanas (Cioce, 2003; Faletti, 2003; 2003-2004; Gentile, Muñiz & Cioce, 2005; Muñiz, 2005).

Como dijimos, el mercadeo de objetos relacionados ya estaba pautado cuando Chertudi & Newbery publicaron su largo artículo sobre Difunta Correa (1966; 1978). Hoy día se agregaron jarros, llaveros, gorros, cintas impresas, imágenes de plástico, aromas, piedras de colores, etcétera. Esta característica -generar un espacio comercial- la comparten los santos populares con los canonizados por la Iglesia; y tiene antecedentes lejanos en las ferias junto a los santuarios y la venta de reliquias a los peregrinos.

Además, la voz "santo" denominó, y sigue denominando, en el habla popular latinoamericana a cualquier advocación mariana, cualquier Cristo (crucificado o no) y, por supuesto, a los Santos. Asimismo, el "ser popular" lo comparten San Cayetano, Santa Rita de Casia y San Antonio de Padua, por ejemplo, con Difunta Correa y Gauchito Gil. La lista comparativa es extensa, pero en América algunos santos son, además de mediadores ante Dios, manifestaciones de ciertos poderes telúricos tras los cuales se esconden mal las remanentes divinidades prehispánicas.

El tema

Anclaremos el asunto convocante de esta reunión en los tres santos populares cuya presencia es constante en la preferencia de los artistas actuales, aunque por razones de espacio no los reseñaremos a todos.

Dos de dichos santos, Difunta Correa y Gauchito Gil, son muy conocidos a través de su visibilidad en los espacios públicos que bordean las rutas de nuestro país; en tanto que la tercera devoción, dedicada al Venerable Ceferino Namuncurá, circunscribe sus ermitas junto a las rutas de la zona montañosa de las actuales provincias argentinas de La Pampa, Neuquén y Río Negro; en ésta última se encuentra Chimpay, lugar donde nació en 1886; hasta tanto se alcance su beatificación, la mayoría de sus devotos le rinde culto privado, o en su tumba en Luro (Fortín Mercedes, provincia de Buenos Aires).

Las formas exteriores de estas devociones, temas también del Folklore científico, vienen siendo "materia" y "objeto de arte" para algunos artistas plásticos. Nuestra reflexión se centra en dichas acciones y nos preguntamos si estamos frente al traslado de un asunto propio de la Estética al campo de la Ética mediante la captura de formas culturales correlativas a un determinado sistema de valores y creencias.

Dicho de otra manera, el acercamiento a su "materia" por parte de algunos artistas se produjo andando por la angostura que separa el arte del no-arte, tema muy caro al sentimiento de las vanguardias del siglo pasado.

Última aclaración: esta aproximación al tema la efectuamos desde nuestras respectivas disciplinas; es decir, éste no es para nosotros un asunto religioso. Con esto esperamos contestar a las manifestaciones de fe adquirida repentinamente -otro tema de estudio del Folklore (Colatarci, 2000, inter alia)-, que hacen muchos de quienes se relacionan con devociones populares aprovechando la cobertura mediática de las mismas para hacerse conocer a través de ellas.

Continuidades y cambios

Para acotar las continuidades y cambios, repasaremos la dinámica de estas tres devociones. Difunta Correa era conocida desde, por lo menos, fines del siglo XIX como un alma buena que ayudaba a encontrar el ganado perdido a los arrieros que transitaban las rutas cuyanas (Encuesta al magisterio, 1921); su culto trascendió la región a partir del terremoto que asoló San Juan (1944), y se expandió por el país gracias a los camioneros, versión moderna de los arrieros decimonónicos.

En el litoral, Curuzú Gil también ayudaba a encontrar animales perdidos; a fines del siglo XX se incorporó a su historia la curación del hijo de quien lo mató, se lo asoció al color rojo y comenzó a llamárselo "Gauchito Gil".

El ámbito católico en el que se desenvolvió la vida y la publicidad póstuma de Ceferino Namuncurá no lo marginó de protagonizar creencias populares, aunque sin mayor trascendencia; por ejemplo, en los años ´60 del siglo XX algunos mecánicos de las escuderías que concurrían a las carreras de autos en el sur de provincia de Buenos Aires decían que si se detenían en Luro la camioneta en que la que iban no volvería a arrancar.

En la actualidad los sitios dedicados a Difunta Correa, excepto tal vez su santuario en Vallecito, vienen siendo invadidos por imágenes de Gauchito Gil y Iemanjá, y pilas de fotocopias con cadenas. Gauchito Gil, por su parte, comparte su espacio con otra advocación que, al igual que Iemanjá procede de la umbanda: se trata de "Señor, La Muerte", (personaje esquelético, parado, vestido, de gesto amenazante) a quien se insiste en identificar con el San La Muerte guaraní (un esqueleto sentado, desnudo, pensativo), ambas devociones populares pero de orígenes harto diversos (Gentile, 2006ep).

Recientemente, en el espiritismo también se vinculó a Gauchito Gil con el culto a Pancho Sierra y la Hermanita Irma, en tanto que la Madre María fue desplazada dada su avanzada edad; este nuevo "triángulo espiritual" preside hoy el culto cristiano liderado por el hermano Miguel Duval (Gentile, 2005ep).

Veamos, entonces, la transformación de tres devociones populares -Gauchito Gil, Difunta Correa y Ceferino Namuncurá- en instalaciones artísticas, su resignificación y su impacto en el Folklore.

Arte y vida

El interés de los artistas en la cultura popular surgió en América, especialmente en la literatura y la plástica, a principios del siglo XX bajo la influencia europea y como parte de los movimientos indigenistas.

En Europa, agotadas las vanguardias del siglo XX, la posmodernidad dio lugar a nuevas formas artísticas que articulaban propuestas híbridas originadas en cruces como Arte y Política, Arte y Ciencia, Arte y Religión, etcétera.

En ese momento, las devociones populares se constituyeron en un nuevo campo a ser explorado mediante técnicas como el instalacionismo, la performance y la multimedia; su atractivo residía en que implicaban construcciones simbólicas, detentaban imaginería y conferían al espacio un carácter especial y complejo. Se los consideró como nuevos "ready made".

La tendencia artística de operar sobre formas ya registradas surge de los ámbitos del cine, la televisión y el video, donde se la denomina técnicamente pstproducción. Así, muchos artistas se apropiaron de objetos culturales previos, incluyendo las manifestaciones exteriores de las devociones populares, como "materia de arte" a resemantizar (Bourriaud, 2004).

Como influencia de la época, se agregaron elementos de la New Age: los citados aromas, piedras de colores, etcétera.

Esta reprogramación de una cosmovisión ajena tiene antecedentes formales, aunque no de concepto, en la obra y el pensamiento de Marcel Duchamp (1887-1968), artista al que no le interesó la creación en sí sino usar las imágenes ya existentes (ready made) como un repertorio de formas a insertar en nuevos circuitos sociales, dos de cuyos continuadores conceptuales más conspícuos fueron Andy Warhol (1931-1987) y Roy Lichtenstein (1923-1997).

En nuestro país, hasta donde sabemos, el primer artista que formalizó lo que hoy se llama instalación inspirada en la forma exterior de un sitio de culto popular fue Antonio Berni con "La Difunta Correa" (1971-1976), recreando al unísono la historia, la creencia y sus manifestaciones.

Lo siguieron, tras un lapso, otros artistas. Giancarlo Puppo realizó en 1987 una caja-retablo, "Ceferino, la Señora y la Difunta Correa", dividida en tres partes; la central ocupada por una advocación mariana flanqueada por las otras devociones.

Luis Benedit tiene también obras referidas a Ceferino Namuncurá que forman parte de su Informe del fin del mundo donde, aludiendo a la acción evangelizadora en la Patagonia, la figura del Venerable se convierte en núcleo aglutinador.

Juan Batalla y Daniel Barreto (en arte, BA-BA) produjeron, a partir de 2001, instalaciones, intervenciones urbanas, etcétera; en 2003 realizaron un libro, "Salvavidas", inaugural de una colección sobre gráfica de tradiciones populares, magia y brujería, acompañado con la reedición de textos de autores conocidos. Barreto también trabajó la imagen de Gauchito Gil en sus altares, a los que concibió como instalaciones artísticas. Con relación a la fe rápidamente adquirida, BA-BA participan primero de una experiencia espiritual que luego traducen en obra.

En uno de los campus del IUNA, entre 2003 y 2004, Damián Cioce hizo copias a escala de unas ermitas estudiadas por él. También en 2003 Blanca Machuca realizó "Vestidos de promesantes", instalación inspirada en dichos ex-votos (www.fundacionavon.org.ar). Al año siguiente, Sergio Gravier y Joaquín Molina presentaron en el Centro Cultural Recoleta obras concebidas a partir de devociones populares; el primero hizo altares bajo el lema "Perlas a los santos"; Molina destacó en sus reinterpretaciones a los laberintos pero en su obra sobre un imaginado santinto popular, Cosme del Abasto, además expuso videos testimoniales sobre sus apariciones y "ex-votos".

Gravier continuó trabajando las devociones populares como intervenciones urbanas, queriendo generar un espacio de religiosidad popular a partir del concepto de que la materialización del objeto de devoción automáticamente reproducía devoción en cualquiera que se le acercase. Emplazó pequeñas ermitas en veredas de Palermo Soho e invitó a los paseantes a intervenir su obra con velas, flores y cartitas con pedidos a Difunta Correa, Gauchito Gil y Ceferino. Llamó al todo "Circuito Pagano", iniciado en el año 2004 y terminado en julio de 2006.

También a fines de 2004, Gravier participó en un bar de Recoleta de una exposición colectiva: "Altares populares: el Gauchito Gil"; una de las artistas aseguró que "El Gauchito Gil es el Dios que siempre quisimos tener" (Karina El Hazem), todos hablaron de su rápida conversión en devotos a partir de favores conseguidos; y una de las obras (de Eleonora Filippi) se basó en las cartitas con ruegos y agradecimientos halladas en los altares, las que fueron reproducidas "desde una perspectiva humorística" (Clarín, 8-1-2005; Página 12, 8-11-2004).

Reflexiones

A partir del "Primer Manifiesto Surrealista" (1924), algunos artistas expresaron en términos urticantes su mensaje para difundirlo mejor mediante el debate; pero el nombre de Circuito Pagano proyectó una mirada devaluadora sobre el objeto plástico resignificado (referente) al tiempo que el artista se contradecía conceptualmente olvidando que las devociones populares concentran y contienen la fe de sus devotos, y su anclaje en las formas exteriores de la liturgia católica muestran, sin duda, que no pretenden ser paganas.

Nos preguntamos si el devoto acostumbrado a los altares privados y los pequeños sitios junto a las rutas, dejaría su ofrenda o pedido en Palermo Soho o en Recoleta; si así fuera, su acción quedaría sumida en la mezcolanza donde algunos objetos sí corresponden con la realidad de altares y ermitas. Pero, hasta donde sabemos, el perfil de la mayoría de los devotos de estos santos populares no da para que transiten por allí.

Por otra parte, si bien es indiscutible que un sitio de devoción popular también puede apreciarse como una instalación artística, no es menos indiscutible que no todos los artistas tienen sensibilidad suficiente como para transformar la materia en arte y, hoy día, cuando tanto se habla de "hacer investigación", a veces tampoco parecen informados acerca de las características de su "objeto de estudio", ya que se observó que entre las ofrendas en los altares-objeto muchas no corresponden al culto y tampoco alcanzan para resignificarlos como objetos artísticos. Asimismo, se confunde ex-voto con reliquia, y se habla de "apariciones", siendo que los santos populares no suelen "aparecerse" sino que actúan "invisiblemente". El resultado no pasa de ser una mala copia porque el artista no hizo una lectura semántica del significante, no obstante decir que realizó un estudio del referente, es decir, de los altares originales, y asumió que los sitios de devoción popular se forman a partir de la acumulación indiscriminada de objetos, sin comprender que un altar dice a través de los objetos que lo forman, y que su discurso es claro y preciso en el contexto de cada devoción.

De todos modos la frontera entre el arte y la vida diaria es, por tramos, difusa y ante cualquier objeción siempre será posible escuchar a alguien parafraseando a André Breton diciendo que estas instalaciones "fueron elevadas a la dignidad de obra de arte por propia decisión del artista".

El otro tema de reflexión se relaciona con el Folklore ya que, de resultas del alcance de la publicidad de estas acciones o movidas, éste apareció frívolo y banal porque se asoció a los estudios de folklore con descripciones superficiales basadas en generalizaciones sin soporte científico.

Si bien alrededor de las devociones populares también hay mercadeo, aún una rápida observación evidencia que ambos aspectos, feria y devoción, comparten espacios sin que los actores principales, es decir, los "promeceros", confundan las acciones y gestos que corresponden a cada lugar.

El aumento del frenesí en la búsqueda de materiales para convertirlos en obra llevó a los artistas de fines del siglo XX y principios del XXI a volver a trabajar a partir de objetos ya hechos, o ensamblados por artesanos.

De esta manera el artista no necesita conocer las técnicas del dibujo, escultura, etcétera, pero su actitud carece hoy día del respaldo conceptual que tuvo la actitud de Duchamp a principios del siglo XX.

Si recorremos la historia del arte de dicho siglo y lo que llevamos del siglo XXI, tenemos que, disueltas muchas de las posibilidades de hacer arte extra-académico, se confunde arte con vida espiritual bajo la apariencia de una nueva forma de realismo cuyos alcances no es necesario imaginarlos porque ya los relatos y testimonios presentados en tono de documental acerca de temas "religiosos" en los medios masivos de comunicación son, ellos mismos, "objetos artísticos" que recrean y resignifican las devociones populares y, en sí mismos, son folklóricos.

En nuestra opinión, Arte y Vida Espiritual no deberían confundirse porque el arte es parte de la vida, estrechamente vinculado a sus aspectos sagrados, de manera que si un artista descontextualiza un altar con el fin de analizar el comportamiento de los paseantes, o que a partir de ese referente (el altar) realiza una obra con sentido religioso, dicha obra puede ser Arte.

Lo que mueve a reflexión es que con actitudes similares sólo se pretende crear un falso culto con ánimo de burla (por ejemplo, las cartas al santo leídas "desde una perspectiva humorística", o realizar instalaciones bajo el título "perlas a los santos"), es decir, confundiendo el aspecto lúdico del arte con un "burlarse y engañar a los demás".

Una obra de arte contiene una parte de realidad (no-arte), sin embargo como obra de arte no se la puede reducir a esa parte de realidad que contiene.

Finalmente, notemos que a esta mesa llegamos los expositores y, por nuestro intermedio, algunos artistas y sus obras. A todo esto, ¿qué hay de los devotos?, porque más allá de esta reunión, en Palermo Soho, la gente que vive en la calle junto a los depósitos ferroviarios tiene su altar que no es un objeto artístico visitado por quienes pasean por el barrio fashion, ni una fuente de recursos a través de las ofrendas. Es un altar a la vera de una calle de tránsito rápido (simil urbano de una ruta), donde sus devotos se nuclearon ¿como en la Edad Media se refugiaban algunos "en sagrado"?.

Nuestras reflexiones quedan, por ahora, aquí, frente a un paganismo que no es tal, un Arte que no debería ser confundido en su proyección y un Folklore que no merece ser devaluado porque, en sí, no es banal.

Para cerrar nuestra exposición, notemos que, de alguna manera, esto que venimos de decir ya había sido graficado en dos óleos del artista peruano José Sabogal (1888-1956). Uno de ellos, "Taitacha Temblores", fechado en 1927, muestra la procesión de este popular Cristo en el Cusco, con los alcaldes o varayocs en primer plano. El otro, fechado en 1953, titulado "El Anticuario", es un retrato del personaje en su tienda donde Taitacha Temblores es, apenas veintiseis años después, un objeto artístico.

Bibliografía sugerida

Sitios