IV JORNADAS DE EDUCACIÓN A DISTANCIA MERCOSUR/SUL 2000
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EDUCACIÓN A DISTANCIA: CALIDAD, EQUIDAD Y DESARROLLO"
BUENOS AIRES, 21, 22, 23 Y 24 DE JUNIO DE 2000

 

LA EDUCACIÓN A COMIENZOS DEL SIGLO XXI - APORTES SOBRE EL FUTURO DE LA EDUCACIÓN A DISTANCIA

Renée Isabel Mengo
Universidad Nacional de Córdoba-Argentina

"El nuevo presidente de Chile ve con precisión que el desarrollo económico en el siglo XXI se basará en la información y que la información se basará en la educación. Educar no es ni un lema, ni un privilegio, ni un lujo. Es una necesidad para ser socios efectivos y paritarios de los procesos de mundialización. Lagos es consciente de que el desarrollo económico de Chile ha sido veloz pero desigual. Corregir esas desigualdades es tarea de la política. Por ello, Lagos distingue los bienes y servicios que no pueden ser satisfechos por el mercado y que deben ser atendidos por la sociedad y por el Estado".

(Saludos a Ricardo Lagos por Carlos Fuentes. El País, 12-III-2000)

 

La educación debe responder a una nueva sociedad caracterizada por ser más abierta y competitiva, por incorporar múltiples culturas, por su mayor exigencia en la formación de las nuevas generaciones de alumnos, por estar envuelta en sistemas y redes globales de comunicación y por avanzar hacia formas de trabajo más flexibles e inestables.

¿Cómo puede el sistema educativo enfrentarse a esta situación con garantías de éxito? Dos premisas son fundamentales. La primera, desconfiar de las opciones conservadoras que añoran la educación del pasado, sin recordar que aquella situación social a la que respondía, por otra parte más desigual e injusta, ya no existe.

La segunda, ser conscientes de que los problemas escolares no se resuelven solamente desde las reformas educativas, sino que, simultáneamente, son imprescindibles iniciativas económicas, sociales, culturales y familiares.

La globalización, las nuevas tecnologías, la emigración, la movilidad y la formación continua marcarán el sistema educativo.

La palanca de los monumentales cambios que le esperan a la educación en el siglo XXI, unas transformaciones cuyo alcance apenas puede ser atisbado, tendrá tres grandes puntos de apoyo: las múltiples aplicaciones de las nuevas tecnologías que empiezan a introducirse en las aulas, la ruptura de las fronteras culturales y lingüísticas, y las variadas posibilidades de movilidad real y virtual de los estudiantes. A ello se añade la globalización y un sustancial cambio del entorno educativo y de las etapas y edades del aprendizaje, que se convertirá definitivamente en continuo. El sencillo, barato y multitudinario acceso a la información a través de Internet será determinante y obligará en breve a cambiar el concepto de escuela y de universidad. Será una heterogénea escuela de ciudadanía, y los debates sobre cada uno de los aspectos que cambiarán empezarán a multiplicarse en breve. Educadores e historiadores de la educación esbozan el siguiente panorama:

Contenidos: La escuela se acercará al mundo laboral, los contenidos serán más prácticos e interrelacionados, y en ocasiones serán impartidos por profesionales externos. Primará el conocimiento sobre la información y cobrarán relevancia la creatividad, la interpretación de la información; la capacidad de trabajo en grupo, de acuerdo y cooperación, y la tolerancia, siempre en convivencia con las habilidades clásicas. Las técnicas de mera reproducción mecánica de conceptos irán perdiendo importancia.

Desde este planteamiento, es necesario proponer nuevas ideas para resolver los problemas existentes. Las cuatro siguientes, formuladas de forma concisa, son algunas de las más relevantes.(1)

1. Una sociedad comprometida con la educación.

Uno de los mecanismos capaces de garantizar que este compromiso se lleva a la práctica puede concretarse en la necesidad de un estudio previo sobre el impacto educativo de determinados proyectos e iniciativas. Así como la evaluación del impacto medioambiental ha tenido el acierto no sólo de preservar el medio ambiente, sino de llevar a la conciencia de los ciudadanos la necesidad de cuidarlo y defenderlo, habría que hacer algo similar en la educación. Sería necesario que se estableciera el requisito de un estudio de impacto educativo en un gran número de potenciales iniciativas: diseño de nuevos barrios, medios de comunicación audiovisual, centros de ocio, centros de salud, determinados tipos de industrias o de servicios relacionados con el turismo y las actividades culturales para conseguir que todos ellos incorporen una dimensión educadora: información, debates, juegos, exposiciones, aulas de cultura, etc.

2. El acuerdo de la Administración educativa con cada centro escolar.

La apertura, el dinamismo, la confianza, la responsabilidad, la cooperación y la exigencia son los rasgos que definen a las organizaciones más competentes y con mayor capacidad de enfrentarse a los retos actuales. Estas características no suelen estar presentes en las instituciones escolares. Hace falta un nuevo marco organizativo que abra perspectivas a los centros docentes y que les ofrezca capacidad de decisión, posibilidades para colaborar con asociaciones e instituciones externas, apertura al exterior y flexibilidad organizativa. Lo que debe asegurar la Administración educativa es que todos los centros sostenidos con fondos públicos se responsabilicen por igual de los alumnos con mayores problemas y que aquellos centros situados en zonas socioeconómicas más desfavorecidas reciban más recursos personales y económicos que el resto. En este marco, la Administración educativa debe de ser capaz de negociar y acordar un programa específico con cada uno de los centros, de tal manera que puedan desarrollarlo en el periodo de tiempo que se pacte. La contrapartida tiene que ser una evaluación rigurosa del funcionamiento del centro con ánimo de conocer y mejorar y no de comparar y seleccionar.

3. La actualización permanente de los objetivos y de los métodos de enseñanza.

Se están modificando los lugares y los tiempos de aprender, pero también es necesario transformar los estilos y los métodos de enseñanza. Enseñar se convierte en el arte de diseñar situaciones que susciten el interés y comprometan la actividad mental de los alumnos. El profesor es el profesional capaz de vertebrar y dar significado a las múltiples y dispersas experiencias que el alumno vive. Una de sus tareas principales es conseguir que los alumnos quieran saber más y comprueben en su propia experiencia que el conocimiento progresa con el esfuerzo, pero también con la curiosidad y el descubrimiento. Este objetivo se facilita con la presencia de materiales de consulta en el aula y con la utilización del ordenador de forma habitual. Pero, además, enseñar es también velar por el desarrollo afectivo, social y moral de los alumnos, lo que ennoblece aún más la acción educadora.

4. Una nueva regulación de la profesión docente.

El desajuste creciente entre las demandas hacia los profesores y sus posibilidades reales de enfrentarse a ellas constituye uno de los núcleos centrales del problema educativo. Hace falta una nueva regulación de la profesión docente que asegure la formación y el desarrollo profesional, que incentive la dedicación, el trabajo en equipo y el esfuerzo y que desarrolle también una ética profesional que sea respetada por todos y exigida por los propios representantes de los profesores. Con esta finalidad sería positivo que existiera un Consejo General de los Docentes, elegido por ellos, que estableciera unos principios éticos de la profesión y que se convirtiera, por su sistema de autocontrol y de exigencia interna y externa, en una institución defensora del prestigio de la profesión docente ante el conjunto de la sociedad.

El catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Barcelona, César Coll, considera que el acceso libre a los conocimientos a través de las nuevas tecnologías interferirá en la actual organización secuencial de los conocimientos en la que se basan los cursos escolares.

El problema será cómo lograr que los alumnos se construyan "coordenadas coherentes de conocimientos". Esta situación provocará una revolución en las teorías de la psicología del aprendizaje.

Los profesores dejarán de lado su faceta de "transmisores de conocimiento" para cumplir el papel de "conductores de alumnos": les enseñarán a seleccionar los contenidos relevantes del puro relleno, a asimilarlos, a interrelacionarlos y a ponerlos

en práctica. Esto hará que se coticen las habilidades cognitivas más refinadas y más parecidas a las que se necesitan fuera del mundo educativo. Se evaluará la capacidad expresiva, de análisis y de síntesis, así como de selección e interpretación de los contenidos para responder a cuestiones concretas. Hará falta al menos una generación de profesores (entre 20 y 30 años) para adaptarse a todos los cambios.(2)

El catedrático de Educación Comparada de la UNED, José Luis García Garrido, que en 1997-98 dirigió el informe del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE) sobre la secundaria, considera que habrá menos terremotos entre los profesores de los que se suele vaticinar, porque su función seguirá siendo provocar el aprendizaje y ser grandes comunicadores y conocedores de la materia para poder conducir el aprendizaje de sus alumnos. Este profesor insiste en que la clave de la labor docente seguirá estando en el ejemplo personal, porque "los niños aprenden por los ojos".

Se destaca que el profesor tendrá que cambiar bastante para convertirse en guía del aprendizaje y habrá que poner en marcha iniciativas políticas de educación de profesores y de formación continua en conocimientos, metodologías y recursos didácticos, además de redefinir la formación inicial del profesorado.

Materiales. El peso de las mochilas escolares se aligerará alsustituir libros por disquetes, y diccionarios y por CD-ROM. Losprofesores proyectarán imágenes almacenadas en su ordenador engrandes pantallas, en las que, además de exponer los temas,corregirán los trabajos de cada alumno.

La videoconferencia permitirá que estudiantes de secundaria y universitarios asistan a charlas y exposiciones de cualquier parte del mundo sin moverse de la sala, o que intercambien experiencias y dialoguen en tiempo real con alumnos de otros países.

Pedagogía. La sociedad digital y su efecto en la vida cotidiana dará un vuelco a la pedagogía. La informática hará posible una enseñanza individualizada, pero reforzada con trabajos en grupo. Se hará hincapié en la selección de información y la articulación de una manera de pensar que sirva al alumno dentro y fuera de la escuela.

Se dará una dualidad básica, según el profesor de Didáctica y

Organización Escolar de la UNED Juan Manuel Moreno: el equilibrioentre innovación y tradición. Las nuevas tecnologías tendrán tambiénel efecto de reforzar la tradición porque resulta imprescindible la competencia en lectura y escritura de al menos dos idiomas paradesenvolverse en el entorno telemático.

Centros. Nacerá una nueva concepción de la escuela, más abierta,disponible más horas, en la que participarán los agentes sociales yen la que, sin menoscabo del papel de los profesores, tambiéncolaborarán profesionales, padres, ayuntamientos y organizaciones ciudadanas.

Dado que el principal factor de una escuela de calidad es el ambiente sociocultural de la familias, si no hay una participación de la ciudadanía, la escuela no podrá alcanzar por sí sola la excelencia.El catedrático de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad Pompeu Fabra, Francesc Pedró, añade que se recuperará en los centros el concepto de la educación para la ciudadanía.

El modelo de sociedad heterogénea hará necesario mantener un sistema público de calidad y tenderá a diluirse la contradicción entre escuela pública y privada. La descentralización y la autonomía de cada centro será cada vez más acusada, como resalta César Coll. Se tenderá a transferir más competencias de planificación y gestión a las administraciones locales y se evaluará la calidad de cada centro público basándose en su proyecto educativo propio. Los gobiernos autonómos y municipales garantizarán sus subvenciones y realizarán evaluaciones de los proyectos.

Francesc Pedró opina que se les dotará de medios de acuerdo con la calidad y complejidad de los proyecto educativos, no según la cantidad de alumnos que tengan, como se hace ahora. Habrá variados modelos de calidad, primará la capacidad de los centros para abrirse al mundo exterior y los habrá volcados en los aspectos sociales, mientras que otros buscarán la excelencia académica.

Alumnos. El aumento de los alumnos procedentes de distintas culturas, la multiculturalidad de las aulas del futuro, hará necesario replantear los objetivos de la educación. La adaptación a la nueva situación será uno de los grandes retos de la educación del futuro. Este aspecto llegará a ser más relevante incluso que la introducción de las nuevas tecnologías en la vida educativa.

Este profesor, especialista en violencia escolar, insiste en la necesidad de prepararse para las nuevas situaciones para evitar que se agraven los conflictos. Añade que, si no existe una adecuada atención a la diversidad, se correrá el peligro de que determinados grupos que se consideren "perdedores" busquen otras alternativas educativas más sectarias o individualizadas, huyendo incluso de la escolarización.

Política educativa. La apuesta por la educación cobrará fuerza. La política educativa estará bastante orientada hacia los problemas sociales. De ahí vienen las necesidades y ahí está la raíz de los cambios, más que en "modificaciones académicas" del sistema educativo. Destaca que la política educativa ya no podrá ser política escolar, sino una política de Estado que se ocupará de aspectos como la implicación de la comunidad y la familia en la educación, la organización educativa de la ciudad y la responsabilidad de los padres, algo a lo que ya están prestando atención países como el Reino Unido.

Movilidad. Se ampliarán las posibilidades de estudiar en otros países, tanto en secundaria como en la universidad, y de realizar cursos de especialización y carreras. A largo plazo, los títulos se universalizarán y desaparecerá la necesidad de convalidaciones ad hoc. En Estados Unidos ya se empieza a especular con la idea de establecer fecha de caducidad en los títulos universitarios (la llamada "teoría del yogur"), que deberían ser revalidados al cabo de unos años pasando otra vez por la universidad.

Los ciudadanos entrarán y saldrán del sistema educativo varias veces a lo largo de su vida profesional. César Coll opina que uno de los grandes cambios a corto plazo será la flexibilización del sistema para adaptarse a esas salidas y entradas. A ello contribuirán las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de estudiar carreras, másters o cursos de reciclaje o especialización desde cualquier parte del mundo.

Padres. El papel de los padres ganará importancia en casa y en la escuela. La desaparición del "tiempo educativo" concebido como "horario escolar" y el incremento de las posibilidades de realizar trabajos desde casa hará que los padres deban asumir el papel de conductores de sus hijos. El profesor Juan Manuel Moreno recuerda que el desencuentro entre padres y profesores debe resolverse para que cada cual pueda aportar el máximo a la escuela del futuro.

El desafío tecnológico

Estados Unidos se vuelca en solucionar el acceso al mundo digital de los alumnos de clases menos acomodadas.

La tecnología es la pista de despegue de todos los planes de enseñanza de Estados Unidos para el siglo XXI. La meta a corto plazo es ambiciosa: equipar a cada alumno con un ordenador. Con esa fórmula, quienes dictan la política educativa creen que se pueden superar los principales retos del sistema docente norteamericano, a

la cabeza de los cuales se encuentra el llamado Digital Divide, es decir, la creciente diferencia en la educación que reciben los estudiantes de familias acomodadas que pueden acceder a la tecnología y los que, por falta de medios, están perdiendo el tren del futuro.

La frontera divisoria está trazada prácticamente a lo largo de las líneas étnicas, con los negros e hispanos en el lado de los perdedores. "La tecnología puede ser una gran ayuda para un problema que no hemos podido resolver. Necesitamos sacar provecho del talento de todos", explica Pierce Hammond, director del Departamento de Reforma y Divulgación del Ministerio de Educación de EE UU.(3)

En los últimos tres años, la alfabetización tecnológica ha cobrado un gran impulso: un 85% de los centros cuentan con tecnología de la información y en las aulas hay un ordenador para cada cinco alumnos.

El foco de atención ahora es el contenido digital educativo. Hay miles de CD-Rom y sitios de Internet creados específicamente para usarse en las aulas, pero el problema no es la cantidad de posibilidades, sino la selección. En opinión de Brett Eynon, profesor de la Universidad de Nueva York, "hay una explosión de recursos digitales, pero nadie está seguro de cómo usarlos eficazmente".

Más personalizada

De ahí el énfasis que las autoridades docentes están poniendo en la formación de los profesores, tanto los que ya están en plantilla como los dos millones adicionales que tienen previsto contratar, según señala Hammond. El propósito es reducir el tamaño de las clases con vistas a una enseñanza cada vez más personalizada.

Pero la atención individualizada puede no tardar mucho en convertirse en "aislamiento". A medio plazo, Hammond predice que el edificio que alberga el colegio dejará de ser el convencional y los alumnos podrán aprender desde cualquier sitio comunicándose por su ordenador. El inconveniente del sistema es el aislamiento que puede crear y la dificultad de inculcarles disciplina, señala Hammond.

También podrán aprender a cualquier hora. Uno de los programas que ya están funcionando es Centros comunitarios de aprendizaje del siglo XXI. En él se puede estudiar fuera del horario habitual, ya sea temprano, tarde, los fines de semana o en el verano. Es un sistema que ayuda en gran parte a evitar que los estudiantes se metan en problemas, porque, según los estudios realizados por el Ministerio de Educación, la violencia entre escolares aumenta considerablemente al salir de clase.

Otra de las tendencias que más adeptos ha ganado en los últimos tiempos es la enseñanza en casa o Home Schooling. Una de las razones por las que los padres destinan su tiempo a enseñar a sus hijos, además de la calidad, es la seguridad.

El cuanto al uso de Internet en el aula, según una reciente encuesta del Ministerio de Educación, el 53% de los profesores usa software en las aulas, y el 61%, Internet. Además, sólo el 10% usa Internet como "primera fuente", y el 88%, como "recurso suplementario". El 48% de los educadores que buscan sitios de Internet para enseñar dice que es difícil encontrar los que cubran las necesidades específicas de la clase.

La importancia de la Educación a Distancia

La formación continua, la educación no presencial y los intercambios entre universidades, claves del futuro. La universidad del futuro dejará de ser monopolizada por los jóvenes. Más bien será una institución educativa a la que acudir durante toda la vida en busca de conocimientos o de especialización.

El formato necesario para adquirir esos conocimientos serán las nuevas tecnologías, cuya participación resulta imprescindible en cualquier hipótesis sobre el porvenir.

Si se cumplen los vaticinios de los expertos, el siglo XXI depara a la universidad la siguiente paradoja: los estudiantes nunca abandonarán del todo sus facultades pero, al mismo tiempo, su presencia física en los centros de estudio disminuirá progresivamente, hasta puede ser que desaparezca, por innecesaria. El rector de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Puyol, pronostica que un profesional del siglo XXI no acabará su relación con la universidad en los años que permanezca en ella. "Tendrá que pasar por ella varias veces a lo largo de su vida activa", dice, y añade que adaptar la universidad al reto de la formación continua abrirá las facultades a estudiantes de todas las edades: "Dejarán de tener todos entre 18 y veintitantos años".(4)

Puyol cree que dentro de un par de décadas se estudiarán asignaturas y carreras hoy inimaginables, en respuesta a los retos tecnológicos de la era postindustrial. Pero, a su juicio, "siempre habrá estudiantes de derecho, medicina o empresariales". El objetivo no será la especialización absoluta, sino la versatilidad que permita adaptarse a las necesidades profesionales de un mundo en cambio constante.

Un fenómeno que empieza a notarse en toda Europa es que la caída de la natalidad afecta ya a generaciones en edad universitaria. Esto tiene un doble efecto. Por un lado, alivia a las facultades de uno de sus males tradicionales, la masificación.

Por otro, la carencia de estudiantes jóvenes obliga a los centros a apostar por otros usuarios. Cada vez son más numerosos los estudiantes de postgrado y másters, doctorados e investigadores, y a todos ellos se añadirán en los próximos años multitud de profesionales que volverán a la universidad para completar su formación, reciclar sus conocimientos o aprovechar la jubilación para estudiar aquello que siempre quisieron, pero no pudieron por su trabajo.

¿Qué se encontrarán estos profesionales y adultos en su vuelta a las aulas? Los más aventurados creen que, a largo plazo, ni siquiera encontrarán aulas, al menos no como se conciben hoy en día.

Puede que les baste con tener un ordenador, instalado en su casa o portátil, y acceder con él a aulas y campus virtuales, gracias a Internet, o seguir las clases por videoconferencia. Aunque lo más probable es que se alcance un punto de equilibrio entre enseñanza presencial y a distancia.

Hace 10 años nadie podía imaginar la existencia de una universidad no presencial. No obstante, augura un cambio progresivo: La enseñanza no presencial ganará terreno al concepto tradicional de universidad. No como opción exclusiva y avasalladora, pero unas veces será un complemento y otras un sustituto de actividades que no tendrá sentido hacer presencialmente.

El impacto tecnológico de las telecomunicaciones conducirá a virtualizar en sucesivas etapas, los campus, los materiales y, por último, los profesores, que no desaparecerán, sino que tendrán que ocuparse de labores más complejas.

Entre ellas, proponer a los alumnos materiales, ayudarles a seleccionar contenidos y, en definitiva, servirles más de tutor y guía que de transmisor de conocimientos. La docencia se delegará, en gran parte, en "tutores virtuales inteligentes", que permitirán adaptar las asignaturas, el ritmo y complejidad, a la capacidad y los conocimientos previos de cada alumno, que serán más protagonistas de su propia educación.

A Internet y las videoconferencias se irán añadiendo sucesivas generaciones de adelantos tecnológicos aplicados a la educación a distancia. Entre ellos, la tecnología WAP, que combina Internet con la telefonía móvil; la UMTS, la tercera generación de telefonía móvil, capaz de transmitir dos megabites de información por segundo; Internet 2, que incorporará un mayor ancho de banda; así como la incorporación en las redes móviles de los sistemas de inteligencia artificial.

La gran duda está en saber si estas tecnologías servirán para modernizar la universidad o para poner fin a sus nueve siglos de historia.

Aún pasará mucho tiempo hasta que la mayoría de los estudiantes se titulen sin haber pisado un aula, ayudados sólo por su ordenador, aunque se cree que en algún momento esto será posible.

Poco a poco se pasará de utilizar la tecnología dentro de las aulas a utilizarla como sustituto de las propias aulas.

El paso será progresivo. La tecnología se aplicará en primer lugar como complemento, para agilizar la búsqueda de información a través de Internet (otro uso de la red que empieza a aplicarse son las tutorías virtuales, nueva fórmula de interacción profesor-alumno). De ahí se pasará a las clases a distancia, a través de videoconferencia, de lo que también existen ya experiencias piloto. El siguiente paso será la consolidación de las aulas virtuales, que eliminarán la barrera geográfica a la movilidad de los estudiantes.

Primero serán asignaturas y luego carreras completas las que se puedan cursar a distancia. En principio, será posible matricularse al mismo tiempo en asignaturas o créditos de todas las universidades del mundo, es lo que se denomina el "metacampus", cuyo principal freno será que las universidades logren ponerse de acuerdo en organizar los intercambios virtuales. "El límite no será tecnológico, sino administrativo", "el reto será cómo organizar las titulaciones, las convalidaciones y homologaciones, los procesos de selección, y quién y cómo se evaluará. Los mismos problemas que se producen ahora cuando las universidades intercambian estudiantes".

Pese a la progresiva e inevitable debilitación de la educación presencial, los menos agoreros prometen que la interacción profesor-alumno nunca desaparecerá del todo. Ni tampoco los edificios que la hacen posible. "La universidad no es sólo transferencia de conocimientos. La formación integral del ser humano requiere de un espacio físico. Un espacio definido propicia la actividad formativa, sirve de símbolo de la institución, con el que la

población universitaria se identifica emocionalmente, y tiene efectos positivos en el entorno del centro. A pesar ello, los cambios serán necesarios. La universidad del futuro volverá de la periferia para integrarse en las ciudades, y contará con edificios que puedan adaptarse a enseñanzas diferentes, según el momento.

Gobierno-Universidad-Empresa

La globalización también afectará en los próximos años a la enseñanza superior. La sociedad del conocimiento exige contar con trabajadores cada vez más cualificados y la universidad será el lugar donde acudan a formarse. Por otro lado, la enseñanza superior deberá adaptarse a los requerimientos de una sociedad plural, en la que convivirán diferentes culturas, lenguas y religiones.

El primer problema que deberá resolver la universidad como institución al servicio de la sociedad es el "desempleo estructural". La solución será aumentar la conexión entre universidades y empresas.(5)

También se atribuye a la enseñanza superior la responsabilidad de "enseñar a los ciudadanos a convivir y respetarse por encima de sus diferencias".

La incógnita está en saber si la universidad pública será capaz de financiar la adaptación a las nuevas demandas sociales, sobre todo la inversión en nuevas tecnologías, o si el futuro de la enseñanza superior dependerá del desembarco de capital privado.

Los acuerdos entre universidades y empresas acapararán la oferta universitaria, y que los países en vías de desarrollo se convertirán en importadores de formación a distancia.

En Europa, la universidad tiene mucha historia y es más difícil que los gobiernos se desentiendan de la enseñanza superior.

Notas:

(1). Marchesi, Aldo: "Nuevas Ideas para el Futuro" en El País. 17 de Enero de 2000.
(2). Pérez de Pablos, Susana: "La Educación que viene" en El País. 18 de Enero de 2000.
(3). Townsend, Rosa: "El reto tecnológico" en El País. 17 de Enero de 2000.
(4). Gomez, Juan J: "A Distancia y para toda la vida" en El País. 17 de Enero de 2000.
(5). De La Plaza, Saturnino: "La Universidad del Cambio" en El País. 17 de Enero de 2000.

Bibliografía:

- Brunner, José Joaquín: Globalización Cultural y Posmodernidad. Breviarios. Fondo de Cultura Económica. Santiago de Chile, 1998.
- Ferraro, Ricardo: Educados para competir. Los argentinos frente a mitos y realidades del siglo XXI. Sudamericana. Buenos Aires, 1995.
- Garcia Canclini, Nestor: La Globalización Imaginada. Piados. México, 1999.
- Katz, Claudio: "Crisis y revolución tecnológica a fin de siglo". En: Realidad Económica. No 154. IADE. Buenos Aires, Febrero-Marzo de 1998.
- Martiniello, Marco: Salir de los guetos culturales. Bellaterra. Barcelona, 1998.
- Touraine, Alain:  ¿Podremos Vivir Juntos?. Fondo de Cultura Económica.

Buenos Aires, 1998.

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