Ética y Religión en el pensamiento kantiano

Susana Otero

 

Kant nos dice, en la Crítica de la Razón Pura, "el conocimiento humano comienza con intuiciones, pasa a los concepto y concluye con las ideas" (B730). La unidad sistemática del saber no es una unidad dada, sino proyectada (B 675). La noción de una inteligencia extramundana tiene un carácter obligado para dar sentido objetivo final e integrado al conocimiento de la razón teórica y hace concebir la naturaleza como dotada de una unidad y un orden por obra de aquél (B725).

En el marco del uso teórico de la razón, Dios nos es dado, según el pensamiento kantiano, como un ideal trascendental, es decir, como un concepto de la razón pura teórico-especulativa, como un polo o principio regulativo hacia el cual avanza el conocimiento humano. La Idea (Idee) por contener lo incondicionado (la totalidad de las condiciones de lo condicionado dado) sobrepasa el ámbito de toda experiencia posible, por lo que nunca podremos encontrar en la experiencia algo que le corresponda (lo perfecto o lo completo de una clase de cosa). En la Idea de Dios esta perfección puede ser tomada en dos sentidos, es decir, en un sentido teórico como ens summum, Dios (modelo de todo ente en cuanto tal), y en un sentido práctico como perfectio moralis (a lo que debería tender todo ente por obra de la libertad). Si bien, por medio de los conceptos trascendentales, según Kant, no se puede determinar ningún objeto, sin embargo, puede ser considerado imperceptiblemente, como el canon y la guía en el uso del entendimiento (KrV A 329 B 385).

En Kant la teología es concebida como el sistema de nuestros conocimientos acerca del Ser Supremo. El conocimiento de todo lo que tiene lugar en Dios es lo que Kant llama theologia archetypa, y éste solo tiene lugar en Él, mientras que el sistema de los conocimientos de aquello que de Dios reside en la naturaleza humana se llama theologia ectypa, y puede ser muy deficiente. La totalidad de todo conocimiento posible acerca de Dios no es posible para el hombre. Sin embargo es la consideración más digna del hombre el ver hasta donde puede llegar nuestra razón en el conocimiento de Dios.

Para Kant no hay más teología que la de la razón o la de la revelación. La teología de la razón es o bien especulativa, basada en un saber teorético, o bien moral, que tiene el conocimiento práctico como objeto; pero para ser precisos, dice Kant, dividimos la teología racional en a) trascendentalis, b) naturalis y c) moralis. La primera consiste en pensar a Dios sólo por conceptos trascendentales, es decir, se piensa a Dios como ens originarium, como ens summum, lo cual supone que el Ser Originario no proviene de otro ser y es raíz de toda posibilidad. En la segunda se piensa a Dios por medio de conceptos físicos, como Autor de todos los seres posibles, es decir, como ens origunarium, como summa intelligentia, o también Dios como ser vivo quien debe haber empleado su entendimiento y voluntad libre para la producción del mundo. En tercer lugar se piensa a Dios como ens originarium, como summum bonum, es decir, como el Sumo Bien o supremo fundamento del conocimiento como un sistema de todos los fines.

En la teología trascendental nos representamos a Dios como Causa del mundo, en la teología natural, como Autor del mundo, y por último en la teología moral, como Soberano y Legislador.

En el theismus moralis, se piensa a Dios como autor de nuestras leyes morales, y ésta, según Kant, es la auténtica teología que sirve de fundamento de la religión. Kant distingue entre moral teológica, donde las obligaciones morales presuponen el concepto de Dios que determina todos los deberes, y teísmo moral que concibe a Dios no como primer principio de la Naturaleza sino como principio del Reino de los Fines; la creencia de que Dios existe se infiere a priori de los principios morales, y con esto se deja libre el paso para las pruebas prácticas como principio de todas las religiones.

El teísmo moral kantiano es crítico, declara insuficientes a las pruebas especulativas de la existencia de Dios, pues considera imposible demostrar la existencia de modo apodícticamente cierto, pero está convencido de la existencia de Dios y tiene una fe libre de toda duda en el fundamento práctico que nunca podrá ser derribado, pues los hombres se desbaratan al chocar con ello. Tal fundamento tiene el carácter de una demostración matemática, pues la moral o sistema de los deberes es conocido a priori de un modo apodícticamente cierto, por la razón pura (independientemente de la religiosidad). Esta moralidad absolutamente necesaria de las acciones emana de la idea de un ser racional que obra libremente y de la naturaleza de sus propias acciones no hay nada más cierto ni más firme que la obligación de actuar moralmente bien. Las acciones se rigen todas y están determinadas por su naturaleza para el hombre (quien es tal cuando pone en ellas sus propios fines). El hombre cuando es consciente de cumplirlas se sabe como un eslabón en la cadena de todos los fines, digno de felicidad con la esperanza de constituir con los otros un todo en el Reino de la moralidad.

Del planteo kantiano se desprende que el hombre tiene en la moralidad el fundamento seguro sobre el cual poder edificar su fe en (el) Dios (cristiano), porque siente en sí el impulso a esperar la felicidad duradera, cuando actúa conforme a deberes fundados en su propia naturaleza. Por eso (por su propia razón) estará obligado a pensar un Ser cuya Voluntad son los mandamientos que el hombre conoce dados a priori por sí y de un modo apodícticamente ciertos. Tendrá que pensar en un tal ser como Perfecto (con respecto a todo), como Omnisciente (con respecto a los motivos y propósitos), Omnipotente (con respecto al orden de la naturaleza), Santo y Justo.

El teísmo moral se hace un concepto determinado de Dios conforme a la moralidad es decir, a las leyes fundadas en su propia naturaleza racional. Así se deduce la teología de la moral, según una evidencia práctica, no por el saber, sino por la fe. Por ello, la existencia de un sabio gobernante del mundo es un postulado necesario de la razón práctica.

El concepto de Dios es posible cuando no contradice las leyes del entendimiento. Tal es el requisito mínimo posible de una religión. La posibilidad de este conocimiento de Dios está basada en la moralidad. Esto es suficiente para generar la religión en el hombre pero no es el máximo de la teología. Lo mejor es que además sepa que un ser tal efectivamente (wirklich) existe. Para Kant todo conocimiento tiene dignidad en tanto guarde relación con la religión; pues la religión no es más que la aplicación de la teología a la vida práctica, esto es, a las buenas intenciones y a un comportamiento grato al Ser Supremo. La religión natural es el substrato de toda religión, el sostén y la firmeza de todo principio moral, y la teología natural, especie de teología racional, que intenta determinar la existencia y la naturaleza de un Autor del mundo sobre la base de una "analogía con la Naturaleza" ya sea según la naturaleza de nuestra alma o la del mundo (KrV, A 631-632/ B659-660), posee un valor que la eleva por encima de toda especulación, en tanto es hipótesis de toda religión y le proporciona el peso a todo concepto de virtud y honradez.

La "Religión es el reconocimiento de todos nuestros deberes como mandatos divinos" (Rel. VI, 153). A partir de una posible unidad de la teología filosófica y la teología revelada, en virtud de una supuesta coincidencia entre la revelación y la razón pura, Kant nos proporciona una interpretación moral de las afirmaciones bíblicas que refieren a la naturaleza humana dotada de disposiciones buenas y malas. La religión cristiana es, según Kant, una religión natural en cuanto Moral (en relación a la libertad del sujeto) ligada a un fin último (Dios como autor moral del mundo) referida a la duración del hombre de acuerdo a ese fin (inmortalidad) a la que "los hombres pueden y deben llegar por medio de la razón práctica pura" (Rel. VI, 153) . Pero la religión cristiana también es una religión erudita, según su contenido y los principios que se encuentran dentro de ella, y, en cuanto tal, expone tesis de fe que no pueden ser reconocidas por la razón, pero que, sin embargo, deben ser comunicadas sin adulteración a todos los hombres en todos los tiempos venideros, considerado como un bien santo confiado a los eruditos. En la aceptación de sus principios la fe cristiana (fides sacra) es por un lado pura fe racional libremente aceptada por cada uno de nosotros (fides elícita), y por otro lado fe de revelación (fides statutaria). La religión cristiana edificada sobre hechos (y no sobre meros conceptos racionales), es una fe religiosa puesta a la base de una iglesia consagrada a su fe cristiana con dos caras, por un lado, la de aquella que responde según una fe histórica, y, por el otro, la de aquella que responde según una fe racional práctica y moral (Rel. VI, 160).

En la primera parte de La Religión dentro de los límites de la razón, Kant considera, la coexistencia del bien y el mal en el mal radical de la naturaleza humana, donde aborda el pecado original de todo el género humano que es atribuido a la libertad. La originalidad de Kant está en la fundamentación filosófica de la libertad y de la religión orientada hacia la esperanza. Pues en la segunda parte, se explicita que el origen del mal está en la libertad pero también en ésta misma se da la posibilidad de superarlo. Aquí se ve cómo tiene lugar la "lucha entre el principio bueno con el malo por el dominio del hombre", de donde se desprende una "Cristología filosófica" que gira en torno a la concepción de Cristo como modelo del triunfo del bien sobre el mal. Cristo el "hijo de Dios" es "la humanidad (el ser mundano racional en general) en toda su perfección moral". Si bien el hombre es radicalmente malo, y el mal desde su raíz no es posible de ser eliminado, al menos cabe la posibilidad de quebrantar su poder.

En la tercera parte el triunfo del principio bueno sobre el malo y la fundación de un reino de Dios en la tierra invita al hombre a abandonar el estado ético natural (que es un estado de "hostigamiento incesante del principio bueno que hay en todo hombre por el principio malo") y a buscar superarlo por la esperanza en un medio comunitario donde las leyes están exentas de coacción, con un legislador ético que, según Kant, presenta todos los auténticos deberes....como mandatos suyos". Este legislador es Dios entendido como "soberano del universo moral", pues sólo se puede concebir una comunidad ética "como un pueblo sometido a mandamientos divinos, es decir, como un pueblo regido por leyes morales".

La virtud pura es algo interior y por lo tanto no es objeto de experiencia posible, en este sentido tampoco la comunidad regida por leyes morales puede darse en forma empírica. El reino de Dios es una Iglesia invisible, la comunidad de todos los "hombres de buena voluntad". La Iglesia invisible como pueblo de Dios es universal, ya que es única, santa por ser una comunidad de pureza moral, apostólica porque su estatuto, que es la legislación moral, es inmutable. Para Kant éste es un reino ético y constituye la meta moral última como la paz perpetua de una comunidad jurídica planetaria, como la meta jurídica última de la humanidad. Aunque la comunidad regida por leyes morales sea una Iglesia invisible, Kant no rechaza todo tipo de organización visible, y atribuye a la Iglesia visible una misión pedagógica que consiste en representar en forma sensible la idea del reino de Dios. El primer fundamento de toda verdadera religión lo son las leyes puramente morales, y gracias a ellas "la voluntad de Dios está originariamente escrita en nuestro corazón". El Reino de Dios no se anuncia por el esplendor de la Iglesia visible sino por la transformación que sufre lentamente la mera fe en la iglesia hasta convertirse en una fe puramente racional, la fe de la religión moral. En efecto "las leyes puramente morales no son únicamente la condición insoslayable de toda verdadera religión, sino que son también aquello que constituye esta misma religión" (ibid) .

Finalmente pensando en el mensaje de Juan Pablo II en Fides et Ratio, donde exalta la necesidad de argumentar sobre la relación entre la fe y la filosofía...pues la fe y la razón se "ayudan mutuamente" (n 122, pag.133)....y la riqueza del encuentro de la filosofía y la teología para el progreso de la humanidad... en una reflexión común (el resaltado es nuestro)...sobre los problemas más urgentes de la humanidad actual --ecología, paz o convivencia de diferentes culturas--, vemos que la posible solución de estos depende de una clara y honesta colaboración entre todos.. los cristianos con fieles de otras religiones y aún con aquellos que no comparten una creencia religiosa pero buscan la renovación de la humanidad... Consideramos, la vigencia actual del pensamiento de Kant, pues, por un lado, el planteo kantiano a partir de la posibilidad de una unidad entre la teología filosófica y la teología revelada, en virtud de la coincidencia entre la revelación y la razón práctica pura, nos permite acceder al ámbito de entendimiento y diálogo común previo (e independiente de toda religiosidad) que es el de la moral, en el que "no se excluye a nadie, ni a aquellos que se oponen a la Iglesia y la persiguen de diferentes maneras ". Por otro lado, la originalidad kantiana de la fundamentación filosófica de la libertad (génesis de la religiosidad natural) y de la religión (cristiana) orientada hacia la esperanza (del Reino de Dios) con la consiguiente interpretación moral de las afirmaciones bíblicas referidas a la naturaleza humana (dotada de disposiciones buenas y malas), junto a la concepción de Cristo el "hijo de Dios" como "la humanidad en toda su perfección moral", responde al requerimiento de Juan Pablo II con respecto a la teología moral "....Ante los retos contemporáneos en el campo social, económico, político y científico, la conciencia ética del hombre está desorientada....la teología moral debe recurrir a una ética filosófica orientada a la verdad del bien (el resaltado es nuestro)....ética...que implica una antropología filosófica y una metafísica del bien. Gracias a esta visión unitaria, vinculada necesariamente a la santidad cristiana y al ejercicio de las virtudes humanas y sobrenaturales, la teología moral será capaz de afrontar los diversos problemas de su competencia --como la paz, la justicia social, la familia, la defensa de la vida y el ambiente natural-- del modo más adecuado y eficaz".