Elementos para una ética ecológica crítica

Enrique Téllez Fabiani

0] Consideraciones previas

La reflexión sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza siempre ha sido ambigua: no se le consideró central porque la devastación de la Tierra nunca significó la devastación del ser humano mismo. Sólo hasta que la cercanía de los problemas llamados "ambientales" tocó los problemas económicos y políticos de occidente, es cuando empezó a llamar la atención de los especialistas. Este acontecimiento no tiene más de medio siglo; pero desde entonces, los acontecimientos rebasan a la reflexión teórica.

La reflexión que ahora nos convoca es un intento por explorar esta relación; pero en el fondo, debemos pensar que lo que está juego es en última instancia la vida humana. Una de las cuestiones centrales es advertir que la ecología pone límites absolutos a toda actividad humana para no interrumpir la trama de la vida. Nuestro esfuerzo por reflexionar sobre este tema tiende a poner en el centro de la discusión a la ecología; esto es, si antes ocupaba un lugar secundario, como sucapítulo, dentro de la economía o la política, se vuelve necesario subvertir el orden: la ecología reorienta los estudios económicos y políticos, y en suma, a todas las disciplinas académicas.

Sólo ahora que ya encontramos visos de devastación hasta en lo más cotidiano de nuestras vidas, es cuando vemos la exigencia de pensar estos temas con la mayor claridad posible y en los mejores términos del compromiso con los seres más vulnerables. Una ética ecológica trata la condición de posibilidad absoluta de los vivientes, pero una ética ecológica crítica centrará su atención especialmente en los más vulnerables y en las generaciones futuras. La vida es condición absoluta de la existencia humana. En última instancia lo que está en juego son las condiciones para que la vida humana se realice plenamente en la Tierra.

1] Historia material

La globalización es un término nacido en el seno del periodismo, ciertamente, no de las ciencias sociales; sin embargo, no debemos menospreciar que nos advierte una cierta novedad histórica: es una etiqueta fácil y rápida para nombrar el extremo de la modernidad. En el discurso filosófico evita en buena medida términos como la "posmodernidad", y en cuanto culminación histórica, nos permite ver a la distancia aspectos materiales inadvertidos en otro momento.

Uno de estos aspectos, es que aparentemente se define en términos de inventos que reproducen la vida de manera instantánea al menor costo de operación; pero en realidad, apunta a la instantaneidad de los modos de vida humana para la reproducción del capital de las empresas privadas. El sesgo negativo de la globalización le viene por el discurso ideológico que nos ofrece un estilo de vida al que no todos pueden llegar. Descubierto dicho sesgo negativo, se le ve como el aparato propagandístico a nivel mundial. Y es que por primera vez, un imperio puede tener empíricamente alcance mundial. Así el Internet, las telecomunicaciones, los viajes, entre otras cosas, cada vez son más baratos y menos costosos; pero la lógica que mueve a las corporaciones que los producen, nos es el bienestar de la gente; sino el crecimiento desmedido del capital que supone. Las empresas tienden a monopolizar sus actividades sin restricción alguna.

Otro aspecto, es que aparentemente esos modos de vida superan problemas cuyos momentos formales (la política, la pedagogía…) no pueden resolver; mientras que los momentos materiales (la tecnología, la economía…) lo pueden todo. A una política formal que no puede avanzar porque le es imposible ponerse de acuerdo, le sigue una política material que resuelve las diferencias, materializando todo deseo. A la política imperfecta que no puede legitimarse (dar validez ética), le sigue la política perfecta cuya dimensión económica se logra auto-legitimar porque satisface al individualismo. Las disciplinas se vuelven, entonces, autorreferenciales: no cruzan sus argumentos con otros campos, sólo se hablan así mismas y en su monológo tienden a abarcarlo todo. El economicismo, en términos del tecnologicismo, desplaza al politicismo. Surge, entonces, el mercado total que regula la vida cotidiana. Todo tecnología está construida para el capital, no para la reproducción de la vida.

Desde la perspectiva actual, la globalización nos permite ver que los modos de vida que se han configurado en los últimos años, nos advierten que existe un abuso en la extracción de algunos elementos de la naturaleza: hay un "exceso material" que se transforma en comodidad para los pocos; pero carencia para los muchos. Las asimetrías no sólo materiales, sino también las formales, son justamente el resultado de una larga historia, que llamamos por conveniencia, modernidad cuyo extremo es la globalización. Queda claro que la ecología toca estos problemas, antes inadvertidos; y bien enfocada, una teoría que se comprometa con su superación, debe transformarlos. Veamos la cuestión por partes y a nivel histórico.

El profundo aprendizaje que supone la experiencia humana es parte del drama que deseamos discernir. Si existe la reflexión sobre la evolución pre-humana, es porque ha sido posible la constitución de un ser capaz de reflexionar sobre sí mismo. La emergencia del sapiens se pudo dar como resultado de un lento proceso de evolución natural, pero el proceso evolutivo humano que inaugura da como resultado una nueva configuración: a partir de su emergencia, el metabolismo hace referencia a una serie de determinaciones que en última instancia deciden entre la continuidad y la ruptura; entre la vida y la muerte.

Los periodos temporales de la evolución natural tan largos hasta el homo sapiens, contrastan con los tiempos tan cortos de la evolución humana. La clave para entender este cambio y la progresión exponencial, se debe a la idea de adaptación ya como sapiens; ésta sugiere la trascendencia del medio físico, no sólo en los organismos vivos más básicos; sino en lo que después será el ser humano porque lograrla implica capacidad productiva, fabricativa: momento primero material; en tanto las cosas son sacadas de su contexto físico real para ser construidas como cumplimiento de la continuidad de la vida.

La paleontología humana actual acepta la coincidencia entre los cambios climáticos y los cambios adaptativos humanos. En un primer momento de evolución, podemos adoptar la hipótesis según la cual, los cambios evolutivos humanos están en términos de los cambios climáticos; o, en otras palabras: el medio determina al viviente. Pero en un segundo momento, el sapiens se im-pone su propia existencia; o, en otras palabras, el viviente determina al medio. La estrategia adaptativa es su capacidad de construir sus propios medios para superar su entorno.

Esquema 1. Articulación de evolución natural y evolución humana.

Explicación del esquema. Las dos líneas rectas externas representan la biosfera dentro de la cual el ser humano se va abriendo paso "cultural", mediante la tecnología (líneas curvas). Algunos momentos de la evolución natural: a) Origen del Planeta Tierra; b) vida en la tierra; c) cambio climático; d) considerable deterioro ambiental global. Algunos momentos de la evolución humana: 0) Homínidos; 1) homo habilis; 2) homo sapiens; 3) Colonización de continentes americano, africano y australiano; 4) revolución industrial; 5) Calentamiento Global, destrucción de la capa de ozono, … Los límites de la biosfera son los límites del viviente mismo: una vez rebasados aquellos, no hay posibilidad de vida.

La especie humana, como subjetividad corporal, re-conoce la utilidad de entes orgánicos, en tanto no-culturales aún, sin "mundo"; como subjetividad carnal, viviente, trasciende hacia la producción de lo que necesita, productos que, en tanto fabricados para realizar actividades cada vez más complejas, le permitien transformar el "medio físico" en "mundo cultural". La ruptura antropológica dentro de la evolución natural fue posible por el irse abriendo un camino "cultural" en términos de la preservación de la vida. La complejidad productiva irá creciendo en el paleolítico que llega a la culminación con la metalurgia. Con el proceso instrumental acumulado ya en neolítico las comunidades humanas producen culturas cada vez más sofisticadas haciendo más compleja la división social trabajo.

La gran ruptura histórica será la invención de la máquina; ya que supuso nuevas configuraciones materiales, debido a la extracción desmedida de combustibles fósiles. Sin embargo, la revolución industrial de la Inglaterra del siglo XVIII, no pudo advertir el agotamiento del petróleo del siglo XXI, que ahora padecemos. Del paradigma mecanicista de Newton al paradigma energético de las máquinas. El uso extendido (a lo largo y ancho del planeta) y el uso intensivo (llevado al extremo) de máquinas cada vez más complejas; pero también, de nuevas formas de organizar los centros de trabajo hasta llegar a las burocracias privadas en la oficinas de hoy en día, son el sofisticado resultado de toda esta historia tecnológica.

En lo cotidiano, experimentamos formas cada vez más sofisticadas de realizar operaciones que suponen relaciones sociales, económicas y políticas. En ella, reconocemos una diversidad de utensilios, herramientas, máquinas, aparatos; en suma, una serie de mediaciones para alcanzar los fines propuestos. Así planteado, no existe el conflicto, porque todo tendería a lograr el fin elegido, en términos de ciertos medios que lo permiten. Se trata de la racionalidad instrumental que decide la relación medio-fin. Pero todo sistema, institución, no es perfecto, porque las actividades humanas que le otorgan su razón de ser, tampoco lo son. Dejado a su propia suerte, en el largo plazo sufre un "desgaste" que si se descuida, puede subvertir la relación medio-fin, como empíricamente acontece. Es necesario, por tanto, reorientar las actividades humanas en términos de la continuidad de la vida humana.

El ser humano es parte de lo que produce; aunque no se reduzca a ello. En nuestra era, si hemos de conceder la etiqueta de globalización, lo producido presupone a un productor que lleva consigo todos los valores de su cultura: individualismo y privatización. Sólo con estos dos aspectos, aunque pueda haber más, podríamos advertir la tendencia suicida de la cultura que se impone como única, insustituible e inamovible. De hecho, la tendencia económica es la desaparición de la política. Se trata de que el sujeto no cuestione lo que se le ofrece como cultura de la desesperanza: se trata de imponer la resignación por el "fin de la historia", como máxima de acción. Justo el discurso que quisiéramos plantear debe subvertir esta clausura mística, para hacer con política una historia abierta a otros mundos posibles.

2] De lo ambiental a lo ecológico

La distinción entre lo "ecológico" y lo "ambiental" parece una tarea cada vez más importante, en la medida en que ambos términos aluden a problemas igualmente distintos. Por una parte, en la biología, el concepto clásico de Haeckel según el cual, la ecología es la economía de la naturaleza, se refiere más a las cuestiones materiales de las ciencias naturales. Por otra, en las ciencias sociales, el concepto de lo ambiental se refiere a un entramado de disciplinas ubicándola como subordinada a la economía. En la filosofía el tema aún es incipiente y desatinado, si juzgamos desde la perspectiva de los resultados empíricos y de la consistencia de su propio discurso. De la adopción de uno o de otro dependerá la fertilidad teórica para articularse con la práctica; en cuyo proceso tendría que reflejarse la superación de los magros estados en los que se encuentra tanto la naturaleza, no una parte del planeta Tierra sino todo su conjunto, y los seres humanos que la habitan; y que en última instancia son una unidad indisoluble.

Lo ambiental es un concepto que emerge del pensamiento moderno, pero que se consolida hasta la segunda mitad del siglo XX, dentro de las teorías económicas que validan a las grandes instituciones internacionales. Sus orígenes pueden hallarse justo en el largo proceso de la modernidad; los rasgos fundamentales que lo definen hoy en día, pueden encontrarse en el liberalismo de corte neocontractualista, y en las teorías económicas del crecimiento de corte desarrollista. A comienzos del siglo XXI parece ineludible una disciplina que cruce por la cuestión que nos convoca.

Como primera aproximación, lo ambiental hace referencia a la naturaleza. La tradición filosófica de occidente aborda este tema de manera ambigua; y por momentos, hasta lo desaparece. El sujeto de la filosofía moderna se constituye como objeto de su propia reflexión. Pero si el cuerpo es objeto pensado y en su ejercicio de pensar encuentra la libertad, su satisfacción lo desaparece del discurso que pronuncia; esto es, deja de ser "problema" de su reflexión en tanto domina hacia el interior no sólo sus inclinaciones y apetitos, sino también domina hacia el exterior, a su Otro situado fuera del festín ilustrado que se propone. Se trata de lo Otro, como naturaleza; y, es el Otro, también como naturaleza con ciertos atributos distintivos, situado geopolíticamente fuera de su espacio de acción. En este sentido, la naturaleza Otra es explotable más allá de su capacidad de carga, de su capacidad de regeneración; pero también, el sujeto Otro es esclavizado inclusive hasta su exterminio si se opone al proyecto moderno que lo constituye como tal.

2.1] Lo ambiental, como gestión y toma de conciencia

Las jerarquías sociales tienen que ver en buena medida con las capacidades gestoras de los actores. La modernidad es un cambio cultural que emerge desde el interior de Europa; su constitución como metrópolis que gestiona, constituye a su vez lo no-europeo como periferia que lleva a cabo lo gestionado. Mientras la naturaleza europea se constituye en un orden paisajístico; la naturaleza no-europea se constituye como "recurso natural", como "materia prima". La gestión de los elementos naturales no se realiza en los lugares mismos donde se encuentran; sino que determina su intervención en los centros gestores, que pueden ser academias, Estados, sistemas, corporaciones, etc. La naturaleza no sólo es la exterior al ser humano, sino también la interior; sabemos ahora que la secuencia genética puede ser conocida; y en tanto determinación del capital que produjo su investigación, es apropiable, privatizable. El Proyecto Genoma Humano, es un ejemplo, quizá de los más escandalosos, de la gestión de este tipo, porque el ser humano en tanto ser natural se constituye como objeto manipulable.

El ambientalismo como lo hemos trabajado aquí hace referencia a la toma de conciencia de la crisis que provocó tanto las bombas atómicas, como la generación de contaminantes industriales justo en los países donde se crea y consume la tecnología de punta. Esto aparece en los años 70’s del siglo XX, y desde esta visión tiene como principio orientador a la sociedad civil que incide en las instituciones académicas y políticas, que han acuñado términos como "desarrollo sustentable". En cambio, la ecología aparece como ciencia natural en el siglo XIX, producto de la revolución industrial, pero es inherente al viviente humano; y de hecho, lo define. La ecología nos parece un término más apropiado para centrarlo como objeto de los movimientos sociales como principio orientador. Una ética que se defina en estos términos está tratando de resolver problemas que pueden coincidir con los del ambientalismo, pero que postula su perspectiva desde otro ángulo; en este sentido, la "sustentabilidad" es un término insuficiente para describir otros problemas generados en contextos distintos. La ecología nace junto a la reflexión sobre la tecnología, y la energética. Los tres términos son producto de la revolución industrial; y como tal, son términos cruzados, se implican unos a otros, como lo veremos en la segunda parte.

Baste mencionar que la primera aportación filosófica sobre este tema se debe a Hans Jonas. Su propuesta gira en torno al imperativo categórico kantiano en términos de los problemas ambientales. El informe Brutlandt basará sus propuestas en Jonas; sobre en la cuestión de las generaciones futuras.

2.2] El ambientalismo y su superación

El ambientalismo lo utilizamos para designar justo lo contrario: una ideología hasta cierto punto ciega a un proceso transformador siempre necesario y posible, pero nunca suficiente. A menudo, el ambientalismo cae en un economicismo, tecnologismo, cientificismo, etc. El concepto que propone Haeckel identifica la ecología con la economía; lo mismo una definición contemporánea, según la cual, la ecología es una economía permanente. El concepto de lo ecológico como lo proponemos nosotros, lo ampliamos hasta abarcar la cuestión de la energética y lo tecnológico, lo cual supone mayor discernimiento. Podría haber otras determinaciones, pero al menos estas abarcan un amplio espectro del problema que nos ocupa.

La categoría central de lo ambiental es la proxemia, como acercamiento cognitivo del ser humano hacia las cosas; mientras, la categoría central de lo ecológico es la proximidad, como acercamiento volitivo hacia otras comunidades humanas. El discurso ambiental comienza de las partes siempre separadas empíricamente que luego, mediante la razón, se juntan de manera forzada. El discurso ecológico halla su punto de partida en una sola unidad empírica que se escinde lógicamente para ser explicada.

La ecología como la entendemos aquí, no debe negar lo ganado en el ambientalismo, antes bien lo debe subsumir y superarlo; esto es, debe afirmarse desde sus propias determinaciones sin perder la referencia a la posible transformación futura que se propone. En su raíz etimológica, la ecología hace referencia al "hogar" como espacio transformado de la hostilidad originaria empírica (no ficticia). Nosotros quisiéramos intentar establecer su significado como una búsqueda perentoria de la plenitud. El tránsito del oikos, como "estar en la hostilidad", se transforma en eros, como "estar en comunidad". A pesar de que conservaremos este término a lo largo del trabajo, debe entenderse que será de esta manera porque es el más usado. Sin embargo, la distinción es fundamental.

3] Principio ecológico material positivo

Todo acto humano tiene como última instancia posibilitar la vida. Existe una voluntad de permanecer en la vida, pero también existe una voluntad de no hacerlo. Si la voluntad decide la permanencia, convendrá las estrategias de adaptación más eficaces; pero entonces, estarán en términos de la reproducción de la vida. La reproducción debe ser el fundamento del mero establecimiento medio-fin; y, como fundamento, debe orientar los medios hacia el logro de los fines establecidos. Pero la vida humana es más que su simple reproducción: hay crecimiento, un desenvolvimiento de las capacidades culturales. Dice Margalef:

Un sistema físico que ha resultado particularmente eficaz en recuperar en forma de información, una parte considerablemente de lo que permitiría el aumento de entropía experimentado en el organismo y en su entorno inmediato. Esta información se invierte en canales, códigos, y confiere cierta capacidad de anticipación. Generalmente acaba aumentando aún más la complejidad de la naturaleza, y hay que notar que este hecho fundamental, el aumento de complejidad, suele estar ausente en la mayor parte de las consideraciones en torno a la evolución biológica, tal vez porque, inconscientemente, se da por supuesto. La selección natural es importante, pero más importante es su fundamento: la existencia de sistemas dotados de la capacidad de copiar o reproducir sus propios subsistemas.

El viviente es reconfiguración metabólica que tendencialmente incorpora hacia el interior en términos de los posibles avances culturales hacia los Otros; se actualiza como verdad en tanto decide entre la vida y la muerte. Toda actividad humana está en términos de su afirmación; responde a un imperativo sintético aproximadamente como: "Permitirás vivir". El "cuidado" es un "deber" moral, a manera de imperativo categórico kantiano, que enuncia así: "Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra" . Jonas destaca la importancia de buscar normas morales a este tipo de cuestiones materiales. La responsabilidad no la ubica en el individualismo que suponen las teorías liberales; sino en la vida pública de las instituciones estatales. Una versión más completa de un posible principio lo establecemos como sigue:

Los que obran con pretensión de bondad, deben re-conocer y re-sponsabilizarse de:

a) la dignidad, como momento de lo creado (naturaleza y ser humano), en tanto proceso de la evolución natural;

b) la utilidad, como momento del valor de uso natural, en cuanto procede del trabajo creativo con respecto al valor ecológico en función de las necesidades básicas humanas;

c) la productualidad, como momento del valor de cambio, en cuanto procede del valor de uso producido en función de un posible intercambio en términos de una cierta equivalencia;

Esquema 2: Distintos niveles de valores

Dignidad

Utilidad

Productualidad

(Economía)

Valor Ecológico

Valor de Uso

Natural

Valor de Uso Producido

Valor de Cambio Económico

Nivel 1

Nivel

2

Nivel 3

N a t u r

a l e z a

Producto del

trabajo humano

Explicación del esquema: El valor ecológico es al valor de uso natural, en igual proporción analógica que el valor de uso producido lo es con respecto al valor de cambio.

Habíamos comentado que la escisión originaria es metodológica: el viviente humano se encuentra ya siempre actualizándose como verdad en la naturaleza; es, por tanto, una unidad que permanece empíricamente así siempre. El ser humano es subjetividad corporal, como algo que no tiene: es; y subjetividad carnal: viviente. En tanto es; y, es para la vida, constituye todo objeto para la vida, como medio con capacidad de posibilitar la vida y, desde cuyo contenido establece relación que en última instancia posibilita la permanencia en la vida.

El descubrimiento empírico del valor de uso es parte de la experiencia humana; y solo a partir de ella, surge una actividad exclusivamente humana: el trabajo creativo. El trabajo tiene al menos tres sentidos distintos: i) como asimilación de la materia natural para las necesidades humanas; ii) como actividad teleológica encaminada a la producción de valores de uso; y, iii) como condición universal del intercambio material. El trabajo, como momento de objetivación del sujeto, funda el ser de los entes producidos.

El ser humano es un organismo viviente, que constituye su cuerpo en el mundo, desde una comunidad de vida, que se actualiza como verdad; y en medio de la realidad como naturaleza, que se actualiza con valor de uso, descubierta como mediación para preservar el circuito de la vida humana.

4] Reorientación teórica a partir del a posteriori antropológico

Antes de continuar la exposición, leemos un texto clave, ahora célebre en el medio académico, del problema ecológico global:

[Ciertos compuestos químicos] han sido arrojados al ambiente en cantidades que se incrementan constantemente. Estos compuestos son químicamente inertes y pueden permanecer en la atmósfera de 40 a 150 años [segunda y primera revolución industrial, respectivamente], y cuyas concentraciones pueden alcanzar de 10 a 30 veces los niveles actuales. [Este proceso] conduce a la destrucción del ozono atmosférico.

Sabemos ahora que en estos años, ocurren varios fenómenos que están relacionados: el efecto invernadero en relación directa con el cambio climático global, la crisis del petróleo, reconfiguración parcial de la geopolítica en base a los energéticos, etc. Esta época resultó ser la antesala de la radicalización política de los dos grandes bloques económicos, en el siglo XX. Antes de este momento, nadie había advertido estos efectos negativos producidos por las actividades humanas. Tanto la degradación del viviente humano como la devastación de todos los demás seres vivientes incluyendo al planeta Tierra resultaron ser efectos negativos no-intencionales. Sin un elemento de la naturaleza, es imposible el otro.

Descubrir la causa de estos efectos negativos no-intencionales; esto es, descubrir aquello que ocasionó el surgimiento, antes inexistente pero siempre posible de ellos, es parte de un proceso que establece las posibilidades de su transformación. Por esta razón, metodológicamente el conocimiento de la totalidad se puede redefinir desde la perspectiva des-centrada de la necesidad. El aspecto de la vida humana que muestra su vulnerabilidad extrema, la necesidad, deviene un principio empírico negativo orientador del principio positivo teórico. A este nivel de discurso, y tratando el tema con la mayor radicalidad posible, el criterio de verdad es la vida o la muerte de todo viviente. A los juicios de valor que le subyace la explicación anterior en los tres niveles, ahora le sigue los juicios de hecho que evidencian la "no-reproducción" del viviente; en otras palabras, se trata de una ruptura del circuito de la vida en general. Ahora descubrimos que al efecto negativo no-intencional no le es posible vivir; por tanto, nos vemos obligados a subvertir los hechos que lo impiden.

El viviente humano no es un fin; es condición de posibilidad de los fines. En términos de éticos, el viviente establece fines, pero no puede realizar todos aquellos que concibe; debe, por tanto, descartar aquellos fines que atentan contra su propia existencia. El criterio de decisión medio-fin, no le garantiza la supervivencia; debe por tanto, establecer otros criterios para garantizarse su permanencia, con el fin de garantizar lo que llamamos "generaciones futuras". El viviente humano es un ser natural, y por lo mismo: mortal. Ya no se trata, como en la primera parte, de un viviente que vive su vitalidad; sino de un viviente necesitado que posterga su mortalidad: un ser necesitante que debe negar su negación perentoria. Se enfrenta a la muerte, evadiéndola mediante medios adecuados en términos de una tal racionalidad reproductiva que le permita orientar la racionalidad instrumental. En otras palabras, se trata de la continua transformación de los medios para vivir, o de la continua satisfacción de las necesidades.

Su permanencia en el circuito de la vida sólo es posible si establece fines que integren ambas racionalidades. La adecuada articulación de lo instrumental y lo reproductivo determina su permanencia en el circuito de la vida. Lo que está en juego es el hacer posible el metabolismo que mantenga la unidad entre el viviente y la naturaleza. Esto es, el sujeto establece sus fines desde su condición de sujeto que tiene voluntad de seguir viviendo y desde su condición de ser necesitado.

La necesidad es el estado de voluntad de insertarse en el circuito vital dentro toda la trama intersubjetiva y natural que le circunda. El simple cálculo medio-fin no le garantiza insertarse adecuadamente a esta trama; por eso es preciso que sea orientada la relación medio-fin, de tal manera que le permita continuar en el circuito vital. La necesidad es un aspecto de la vida, no el único. Dentro de la jerarquía de necesidades, las preferencias son el gusto subjetivo que hace agradable la vida; y, en el otro extremo, se encuentran las necesidades fundamentales como el comer, vestir, habitar, que hacen posible la vida. Sin ésta no existe aquella. De ahí su prioridad. La necesidad es negatividad: hambre (como falta de alimento), desnudez (como falta de vestido), intemperie (como falta de casa). Sin dejar de ser apertura hacia el Otro, ahora económica, es fundamento de afirmación perentoria. La afirmación del sujeto, que se constituye como la negación de la necesidad, es un momento del circuito de la preservación de la vida. Esta afirmación, tanto como la negación, son el contenido material de toda economía posible. La racionalidad reproductiva es fundamento de la racionalidad instrumental. De otra manera, aparece entonces la amenaza a la propia vida humana.

De toda la escala humana de vulnerabilidad, la víctima es el extremo desde el cual se debe orientar toda la producción teórica. La víctima es un efecto, y en tanto resultado inevitable de antemano es no-intencional, de un sistema que se encuentra incapacitado de hacerse responsable de ella. La víctima no es a priori teórico; sino, un descubrimiento empírico a posteriori. La víctima es imposible de determinar de antemano.

5] De la ecología a la ecología crítica

Lo ecológico, supone al menos dos instancias: lo económico y lo tecnológico; ambas coinciden en el ámbito de la energía, pero sin reducirse a ésta. Si una de ellas pierde su referencia con respecto a la otra, se totaliza: economicismo, o, tecnologicismo; y peor aún, para el tema que nos ocupa: el ambientalismo. Si aceptamos la acepción según la cual, la ecología es una economía permanente, debemos suponer que la economía está supeditada a la ecología. Suponemos también un ethos, como acceso metodológico, que advierte, desde la perspectiva del viviente necesitado, la racionalidad reproductiva como fundamento de la racionalidad instrumental; pero la capacidad de reproducción dentro del circuito de la vida debe plantearse desde los límites muy estrechos de la ecología. El punto culminante de esta reflexión es la especificación de las necesidades; a partir de entonces, el ambientalismo tradicional es claramente insuficiente, en tanto reduce la relación entre el ser humano y la naturaleza.

La praxis es la relación entre los seres humanos, es una actividad práctica; mientras que la poiesis es la relación ser humano y naturaleza, es una actividad productiva. Toda actividad humana supone ambas componentes; sin embargo, algunas actividades están más claramente definidas en la parte productiva, como preparar un alimento, o ingerirlo; y, otras, en la práctica, como conversar o pensar. La tarea de un ingeniero es eminentemente productiva, aunque suponga la deliberación en el diseño de un proyecto. La tarea del abogado es eminentemente práctica, aunque suponga la materialidad sobre la que está legislando.

Lo ecológico, lo tecnológico, etc. supone un nivel material; mientras que lo político, lo pedagógico, lo erótico, etc. supone un nivel formal. Cualquiera de ellas está eminentemente en un nivel aunque se articule a otro; de hecho, puede ser determinación del otro nivel. La tecnología es determinación material de la política; mientras que la política es determinación formal de la tecnología; ambas están mediadas por la economía. Lo ecológico, como lo entendemos aquí, supone una doble relación: es praxis y poiesis; se trata de una actividad práctico-productiva. Además, es la base material, portadora, de la economía y, en última instancia, la cultura.

Desde el punto de vista de la necesidad, el viviente intenta insertarse al circuito de la preservación de la vida, haciéndose de todos los medios a su alcance, en la mayor simetría posible. No se trata de un antropocentrismo, ni fisiocentrismo; se trata, en todo caso, de la búsqueda de la plenitud presente y futura de todos los seres vivientes.

6] Principio material negativo

Para Hans Jonas, el cuidado que en un principio es responsabilidad, se vuelve, en su momento negativo, preocupación. Surge entonces, el miedo, la amenaza por la extinción de la especie. Se hace impostergable un imperativo negativo, dice: "Obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de esa vida". La destrucción, desde nuestra perspectiva, en este sentido es el socavamiento de la relación medio-fin; esto es, la racionalidad instrumental subvierte los medios por los fines; y viceversa. Cuando esto ocurre, no es difícil que se confunda la enfermedad con el enfermo.

Por otro lado, dicha racionalidad es insuficiente para explicar su propia inconsistencia: no cualquier elección de fines, posibilita la mejor elección de medios; y, viceversa. La especificación de la necesidad, especifica los fines en términos de los medios más apropiados para alcanzarlos. Por eso, no cualquier criterio tecnológico puede alcanzar los fines establecidos; en otras palabras, no todo lo que se puede, se debe. La exigencia que plantea un principio, impone marcos restrictivos a las acciones.

Un objeto primeramente, no es valorado; es reconocido, como digno, en tanto "posibilidad para vivir" desde la perspectiva del necesitante. Pero de toda la jerarquía de necesidades, las fundamentales son condiciones de posibilidad, no valor. El agua no es derecho ni mercancía; es condición de posibilidad, en tanto objeto satisfactor de necesidades fundamentales.

La dignidad es actualización, referencia primera a la verdad. No es atributo pasivo; sino activo, porque su reconocimiento nunca es simétrico. El objeto se constituye como digno o como útil; subsumiéndose cada uno en el otro. La expresión "hacerse digno" no quiere decir "crearse"; sino que al constituir como útil un objeto, solo se le reconstituye en su dignidad en tanto puede ser respetada su esencialidad; su propio proceso evolutivo. La manipulación genética es el mejor ejemplo de esto. Algunas las semillas están producidas para detener su propia reproducción; son las llamadas tecnología "terminator". El principio ecológico material negativo puede enunciarse aproximadamente como sigue,

El que obra críticamente con pretensión de bondad descubre la contradicción o no-cumplimiento del sistema; entonces lo invalida e intenta transformarlo; para ello, debe reconocer y responsabilizarse

  1. por el posible proyecto debe tener como fundamento la racionalidad reproductiva en términos de las necesidades fundamentales;
  2. por maximizar el valor ecológico y valor de uso producido; y minimizar el valor de uso natural y valor de cambio.
  3. por el circuito de la vida, teniendo como referencia los procesos de evolución natural y humana: tanto en el tiempo como en el espacio.

Kant establece el postulado de la paz perpetua, haciendo referencia a un estado de cosas donde la trama de la vida jamás se interrumpe; Por su parte, Marx propone un postulado que hace referencia a un estado de cosas donde existe la abundancia material con un tiempo de trabajo físico nulo. La paz es un estado agradable y preferible sobre cualquier otro; pero para que exista un mundo agradable, primero tiene que ser posible.

Referencias